sábado, 18 de febrero de 2017

RELIQUIAS

Desde el principio de los tiempos, el ser humano, en tanto en cuanto poseedor de raciocinio, ha necesitado de respuestas que satisficieran su capacidad reflexiva.  Por eso, entendemos el conocimiento como la facultad para comprender por medio de la razón,  la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. A él –al conocimiento- llegamos a través de la información almacenada mediante la experiencia o el aprendizaje. Para Platón, el conocimiento es aquello necesariamente verdadero (episteme). Es decir, la relación que existe entre un sujeto y un objeto y que se produce  del tránsito de algo que reconocemos a través de la percepción sensorial y que, por así decirlo,  interpretamos y damos forma -el entendimiento- para poder desarrollarlo en nuestro comportamiento. 

Por el contrario, la opinión no necesita tener como base la realidad de las cosas pues parte simplemente del ámbito de lo probable y de lo aparente. Surge no de lo perceptible sino de la creencia.

Siempre hemos necesitado respuestas. Unas, dadas por la lógica, el conocimiento y la experimentación. Las que son imposibles de obtener por esta vía, las hemos buscado a través de la fe, del sentimiento animista, o lo que es lo mismo encontrar en el “más allá” la solución fácil al hueco de lo que racionalmente resulta ignoto. 

Los tiempos que vivimos se impulsan, afortunadamente, en la ciencia, la investigación y el contraste empírico de la realidad. No siempre ha sido así. Aún hoy perviven entre nosotros hábitos que desafían tal principio. Desde costumbres arraigadas de escasa repercusión como la observancia de las “témporas” climatológicas o los beneficios en salud del “cordón de San Blas” hasta las corrientes ideológicas desafiantes de la realidad.

 Los negacionistas de todo tipo perviven en el siglo XXI. Negacionaistas de la evolución de las especies, del cambio climático, del holocausto, del VIH, de las vacunas. Revisionistas históricos, capitalistas y anticapitalistas, sectarios, fanáticos nutricionistas, creacionistas…nos conducen, en el nuevo milenio a una especie de Edad Media en la que se siguen buscando respuestas a los males que nos aquejan en las soluciones mágicas, el esoterismo o del ocultismo. 

Antaño, buena parte de ese poder milagroso y sobrenatural recayó en  la exaltación de la fe a través de las reliquias religiosas. Las reliquias tuvieron un gran poder en el universo cristiano primigenio. Poder de convicción, de mente y, también de control. 

Para evitar la proliferación de templos, en su momento la iglesia católica solo permitió erigir uno nuevo allí donde hubiera una reliquia. Tampoco una iglesia se consideraba “prestigiosa” si no custodiaba alguna parte del cuerpo de un santo u otro objeto sagrado. Esto, en la Edad Media  propició una inflación de artículos sagrados y de culto. Tan es así, que Juan el Bautista, el santo decapitado por Herodes  proporcionó a  la adoración de los fieles dos cráneos y 63 dedos diseminados por oriente y occidente.

En ese afán de veneración, el portal de Belén o la última cena de Jesús aportaron al culto casi tanto  bienes como la Ikea de hoy.  Los pañales del niño  (San Marcello, Roma),  el heno o la paja del pesebre (Santa María la Mayor Roma), el cordón umbilical del Mesías –hasta tres-  (Santamaría de Popolo, San Martino  en Roma y otro en Chalons-en Champagne) fueron expuestos y adorados.. 

La oferta de vestigios sagrados hizo que más de 64 dientes de leche del Niño Jesús fueran venerados en toda Europa. De la última cena, previa al martirologio de Cristo, se venera la supuesta mesa del evento. Mesa por partida doble. Una se encuentra en una basílica romana pero en la catedral de Sevilla también aseguran poseerla. Habría que apuntar en este caso que los judíos no cenaban sobre una mesa sino en el suelo. De ahí la costumbre de lavarse los pies.

Fue Leonardo Da Vinci quien incorporó mesa y mantel, alterando la costumbre original. Pero el catálogo de  vestigios “sagrados” no se queda ahí. Un plato de la santa colación se conserva en la iglesia de Génova, la toalla con la que Jesús secó los pies a los apóstoles se ofrece a los fieles  en la catedral de Valencia y en el  Sancta Sanctorum de la ciudad capitalina, increíblemente, se guardan trece lentejas de la Última Cena, junto con el  pan sobrante de la misma. 

En la búsqueda del más allá espiritual,  se diseminaron miles de reliquias de santos y santas embalsamados, troceados, reconocibles, desconocidos, falsos o verdaderos. Cultos inverosímiles como el  que en Brandeburgo exhibía  su arzobispo por medio de dos plumas y un huevo del mismísimo Espíritu Santo o el que se reservaba en la iglesia francesa de Blois, donde en una frágil botella de cristal se guardaba el “suspiro de San José”.  Miles de artículos prodigiosos que iluminaban las conciencias de una sociedad atormentada por el pecado y por el poder supremo de la Iglesia. De esa “dominación” ideológica fueron víctimas pobres y ricos, plebeyos y cortesanos, reyes y súbditos.

La dependencia fue tal que hay ejemplos que conmueven. A San Isidro labrador se le atribuyeron múltiples milagros y hechos sobrenaturales. Devotos del santo madrileño fueron los reyes, ya fueran Trastámaras, de la Casa de Austria o Borbones. El fervor de los monarcas  fue tal que, en una visita de Isabel la Católica a la capilla en la que sus restos  eran expuestos, una de sus damas fue a besarle una extremidad y arrancó con sus dientes el dedo pulgar del pie derecho para llevárselo consigo. El dedo fue devuelto y colgado del cuello del santo en una bolsa. Hoy se encuentra en paradero desconocido.

Historias viejas de creencias argumentadas al calor de lo indemostrable. De un pensamiento moldeado durante tiempo por la ficción, el mito y la falta de información veraz y contrastada.
Esa sensación he sentido cuando he contemplado con asombro la inconcebible campaña desarrollada por SORTU contra la Ertzaintza. Dedos que acusaban a la policía autónoma vasca de practicar la tortura. Arkaitz Rodríguez, una  de las nuevas caras del partido de la Izquierda Abertzale acusó a la Ertzaintza de estar involucrada en 311 casos de malos tratos. Lo dijo sin prueba alguna. Sin investigación judicial que intermediara en su sentencia. 

El joven valor del partido “renacido” justificaba así las movilizaciones llevadas a cabo por su organización frente a las comisarías de la policía vasca. Unas manifestaciones que nos llevaron al pasado. Al ayer fanatizado que creíamos superado. 

Algunos vinculan este paso atrás como consecuencia de la pugna que en la Izquierda Abertzale parece librarse entre quienes se sienten nostálgicos de la historia político-militar del movimiento y la oficialidad política a la que acusan de “traición”.  Una vuelta a las “esencias”  para cerrar filas  frente a la denuncia de blandura. 

La Izquierda Abertzale tradicional siempre ha dirimido sus diferencias culpando de sus males a los demás. Interponiendo a sus problemas un “enemigo” exterior al que zurrar la badana y desviar su incomodidad. Responsabilizar a los demás de los problemas propios también es una de las principales características del comportamiento humano. Pero, hacerlo con injusticia y con odio resulta indecente. 

 Otegi, Rodríguez o Casanova han defraudado  las expectativas que sobre ellos teníamos puestas en este nuevo tiempo que todos decimos querer inaugurar. 

El pretexto de que  su acción se limita a “reconocer y reparar” a las víctimas de las torturas resulta inaceptable. Hasta sus socios de EA han tenido la gallardía de recriminarles su desacierto. El problema no es el “formato” de su acción. No es el “envoltorio” de la protesta. El problema es la porquería que encierra dentro.

Reconocimiento y reparación merecen todas las víctimas. Especialmente las que tributaron con sangre propia  la sinrazón de la violencia. Entre ellas quince mujeres y hombres, quince ertzainas asesinados por ETA. 

Si ésta es una de las “aportaciones” que la Izquierda Abertzale pretende  llevar a cabo en el camino a la paz y a la convivencia, mal vamos.  Mejor dicho, mal van. La Izquierda Abertzale sabe cual es su obligación en este tiempo. Examen de conciencia, rectificación y compromiso con los derechos humanos. Mientras eso no se produzca no podrá prosperar.  

Con su ataque  injustificable a la Ertzaintza, SORTU ha demostrado que pese a su novedad organizativa, su cuerpo político sigue nutriéndose de las reliquias del pasado. Reliquias que haría bien en desmitificar y descatalogar. De lo contrario, sus propuestas no tendrán recorrido. Ni credibilidad. Ni acompañamiento. Y perderán completamente la razón.

sábado, 11 de febrero de 2017

LA CARA TRISTE DE VISTA-ALEGRE

Fin de semana de congresos. El Partido Popular se reúne, plácidamente, para conocer las decisiones que Mariano Rajoy, dueño y señor del partido, se ha reservado hasta última hora. Designaciones a un lado, la cita congresual servirá para adivinar  la estrategia que los populares se reservan para afianzar su minoría en las Cortes Generales. 

Rajoy pretende una legislatura larga. Esa es su voluntad ya que, quienes le conocen –que no son tantos- están convencidos de que este mandato será el último para él y por ello necesita  tener recorrido para ordenar su salida  y establecer sucesiones. Un tránsito calmado y previsible. Sin sobresaltos. Para conseguirlo, necesita cerrar el vínculo con Ciudadanos –aunque a Rajoy le desagrade la alianza con Rivera- y, en paralelo, ir estableciendo acuerdos con los socialistas a quienes desea recuperados en el menor plazo de tiempo posible. 

Pero una cosa es querer y otra poder. Rajoy jugaba con la baza de que el PSOE cosería sus heridas de la mano de Susana Díaz. Sus contactos con los socialistas  orgánicos históricos así se lo habían hecho ver. Con ella en Ferraz, las alianzas puntuales deberían servir para ganar tiempo y refortalecer  las relaciones del bipartidismo tradicional, en un viaje al futuro que añoraba el pasado.  Así debía entenderse la voluntad del actual gobierno de no llevar al parlamento nada que supusiera una incomodidad para los regidores interinos socialistas. Toda iniciativa debía intentarse pactar por debajo. “Sotto voce”. Se hizo con la modificación impositiva, con el incremento del salario mínimo interprofesional, con el techo de gasto que permitía presupuestos en las comunidades autónomas con un nuevo déficit, y hasta con la adecuación legal de la sentencia europea sobre las cláusulas-suelo hipotecarias. Acuerdos entre bambalinas que permitían al gobierno español lavarse la cara ante Europa y que no comprometía la imagen socialista, muy dañada internamente tras el giro estratégico que permitiera la investidura del político gallego.

Esta confluencia de intereses, estabilidad y tiempo para la sanación del PSOE, había instalado la idea en el PP de que el actual ejercicio -2017- podría salvarse sin ser necesaria la aprobación de unos presupuestos específicos. El recorte del déficit, exigido desde Bruselas, podía gestionarse a través de una prórroga complementada  con decretos leyes que, a regañadientes y buscando su propia sanación, serían, cuando menos, no bloqueados, por los socialistas. 

De ahí que el tiempo transcurriese sin prisa alguna y sin mención relevante a la imperiosa necesidad de negociar los presupuestos de 2017.  ¿Para qué correr riesgo de una negociación si ya en junio habría que establecer unas nuevas previsiones de gasto para 2018?.

Pero Rajoy ha debido llegar a la conclusión de que los socialistas necesitarán mucho más tiempo para recuperarse de lo que él creyera en un principio. Las “primarias”  en el PSOE han vuelto a dibujar un panorama nada claro y hasta los analistas más avezados no descartan que el conflicto interno vuelva  a ser cruento, lo que lleve a pensar que el resultado final  del mismo sea imprevisible. Sí, según parece,  Pedro Sánchez, a quien algunos habían dado por muerto, puede tener algunas posibilidades de ganar en un pulso directo contra todo el aparato de la gestora y añadidos. La clave está en si, al final de todo el proceso, la militancia (terriblemente cabreada) se vuelca en la participación o si los estamentos orgánicos serán capaces de reconducir el malestar interno. Tal es la incertidumbre que ya nadie asegura rotundamente  que Susana Díaz termine por presentarse a las primarias.  Eso significa riesgo y en ese clima quizá la solución pase por la fabricación de una nueva candidatura. Un “tapado” que no genere la desconfianza que la presidenta andaluza ha creado en muchas federaciones socialistas. 

Todo este horizonte parece haber aconsejado a Rajoy a cambiar el chip y ahora sí, con prisas y con muchas incógnitas, buscará aprobar, en el corto plazo, un presupuesto para 2017.  ¿Con el apoyo de quien?. Adivina, adivinanza.  

Ese giro puede ser el aspecto más destacable del congreso popular del fin de semana. Un cónclave que parece calmado, sin grandes  sobresaltos ni disputas, más allá de las novedades que Rajoy tenga a bien desvelar.

Donde las aguas no están remansadas y el congreso apunta cataclismo es en Podemos. Nadie podía imaginar que en tan corto espacio de vida y con la expectativa generada por esta formación se consumara una crisis tan grave como la que su clase dirigente está protagonizando. “Vista alegre 2”   lleva camino de convertirse en la “mirada más triste” de Podemos. La fractura, emitida en directo, por los responsables de los “círculos” ha puesto en evidencia y en solfa la virtualidad de la “nueva política”.  Las ideas, las propuestas, o no han existido o han cedido todo protagonismo a una lucha fratricida en la que el cesarismo, la pugna por el poder y la destrucción del adversario, se ha convertido en la principal referencia.  

Resulta difícil entender las razones de la fractura pero es paradigmático contemplar el duelo de “Ok corral”  de quienes, con suma petulancia, se han permitido hasta ahora criticar y demonizar a todo el mundo por practicar una política alejada de la gente y sustentada en el interés propio. Ja, ja. Podemos y sus dirigentes han demostrado que son tan casta, o más, que los demás. Que lo que les interesa es mandar, dirigir, mantener su estatus de privilegio. Iglesias y sus fieles colaboradores han convertido “Vista Alegre 2” en un órdago permanente. “Yo o el caos”. Caudillismo trasnochado, prepotencia sin límites.  Vanidad desbordada que se ha fotografiado ante una sociedad atónita que ahora sabe, sin trampa ni cartón, qué existe al otro lado del espejo de quienes crecieron alimentando la esperanza de cambiar la política. Se acabó la poesía, el “adanismo”, la ingenuidad y la supremacía ética y moral.

Podemos ha dilapidado, a bofetadas, su imagen angelical de constituir una alternativa para “asaltar los cielos”.  Iglesias, Errejón y quienes se han enzarzado en la lucha por el poder han arrastrado a su organización por los infiernos de la política.  Y, sea cual fuere el resultado final de su congreso, la consecuencia de su ambición cainita será indudable.

Podemos ha perdido ya. Ha perdido confianza. Ha perdido verdad. Ha perdido credibilidad.

Pero, si decepcionante ha sido el devenir del proceso interno de Podemos, todavía hay algo más en el  comportamiento de parte de su  colectivo que consterna con mayor agudeza. Esta misma semana hemos conocido, a través de los medios de comunicación, que una senadora alavesa de esa formación se ha visto envuelta en un desahucio judicial por no pagar el alquiler social de la vivienda de protección oficial que disfrutaba. ¿Una senadora en una vivienda de protección oficial?. 

La senadora en cuestión, Elvira García, que obtuvo su acta en la Cámara alta en las elecciones de diciembre de 2015 y junio de 2016,  será desalojada de su vivienda por los  impagos continuados de la renta de alquiler –de 200 euros- y por otros incumplimientos graves en las condiciones de acceso a un piso protegido. La deuda total de la senadora supera los 3.000 euros, mientras que su salario mensual en la Cámara Alta  se acerca a los 5.000 euros. 

Son varios días ya desde que esta noticia se ha conocido y nadie la ha desmentido.  Días en los que por coherencia  y por vergüenza,  la senadora García debería haber dado la cara. No lo ha hecho. Tampoco ha dimitido. Y, lo que es peor, Podemos no ha pedido que lo haga.  ¿Dónde está la dignidad, la verdad, la autenticidad, la integridad de la política?. ¿En Vista-Alegre?. 

Primero fue Monedero y sus ingresos no declarados a Hacienda. Luego Echenique y el contrato de su asistente no cotizado a la Seguridad Social. Ahora una senadora que no paga el alquiler social del piso de protección oficial que disfruta. ¿Qué será lo siguiente?. Mejor no pensarlo.