sábado, 8 de febrero de 2020

UN SATÉLITE SOBRE NUESTRAS CABEZAS


Ocurrió la tarde noche del pasado jueves. Llegaba a casa  escuchando la radio en el coche. La real Sociedad había hecho ya el segundo gol al Madrid en el Bernabeu. La jornada pintaba bien. En poco más de una hora, comenzaría el partido entre el Athletic y en Barcelona en San Mamés. Bilbao había estado  “petado” de gente y el espíritu rojiblanco  había invadido las calles. Comenzaba a refrescar  y en el cielo  se observaban pocas nubes. Era ya de noche. En una esquina  se apelotonaba un corrillo de gente. Algo extraordinario ocurría. Pero  nada advertía  de cual era el fenómeno que captaba aquel interés. Se palpaba  una cierta ansiedad  por vislumbrar lo que celosamente se aguardaba.  Había un puntito de tensión. Hasta que uno de los allí concentrados, al borde de la acera  señaló al cielo. “Está allí –señalando con el dedo índice  hacia el norte- “ ¿Allí?. ¿Qué aparición era aquella  que tan inusitadamente   era seguida? ¿Un pájaro? ¿Un avión? ¿Un ovni?.

Picado por la curiosidad me detuve  yo también.  El género humano tiende a replicar el comportamiento que observa en  los individuos de su alrededor.  Yo lo denomino, “efecto pingüino”.  Basta ver a un pingüino que se tira al agua desde  el borde de un islote de hielo para que, detrás de él  le imiten y se lancen al mar, uno tras otro, decenas de  palmípedos  que le acompañaban  en comunidad. Las personas  funcionamos de manera parecida.  Pongan ustedes el ejemplo práctico que quieran. Monten una fila de gente en la calle. El objeto de la hilera es lo de menos pero  la imagen social de espera  provocará que haya personas que , sin saber por qué, se sumará a la columna. Inconscientemente  ocurrirá.  Y más si se corre la voz de que, al final de la línea hay alguien que regala  algo.  Tampoco importa el qué.  Estoy convencido  de que si  publicitara en una concurrida calle  que se iban a regalar chupitos de lejía –gratis-, más de uno  aguardaría la cola y, luego,  cogería dos si pudiera.  Las ocasiones hay que aprovecharlas.

Hice el pingüino  y como los demás me quedé oteando el horizonte. La visibilidad era  magnífica. Entonces apareció. No era un avión. Sus luces no parpadeaban de modo intermitente. Tampoco era  un astro, una estrella, o Venus –el lucero del alba- .  Su reflejo tampoco titilaba.  Su brillo era especialmente luminoso y se movía. Iba a toda leche.  El pingüino mayor que había iniciado la concentración me sacó de dudas. “Es la estación espacial internacional”.  ¡Un satélite tripulado  por encima de nuestras cabezas!

Efectivamente,  la estación espacial internacional  se desplaza cada día sobre nuestros cielos a una altura de unos 400 kilómetros. Su capacidad para reflejar la luz del sol hace posible que la podamos contemplar fácilmente ya que su acerada superficie la convierte en el segundo objeto más brillante en la noche, después de la luna y por delante de Venus.

Por un ratito me quedé  siguiendo su trayectoria. Se fue  en un pis-pas ya que su velocidad de rotación es de 7,7 kilómetros por segundo, o lo que es lo mismo, 28.000 km/h.  Una centella que completa una vuelta alrededor de la tierra en poco más de 90 minutos, dando casi 16 vueltas diarias a una altura de 400 km de la superficie terrestre.

Me quedé con la boca abierta. Hoy sábado, las previsiones indican que el satélite podrá volverse a ver  sobre las siete y media de la tarde. Y el martes pasará por encima de nuestras cabezas  sobre las ocho y cuarto. Si puedo, no me lo pierdo.

Muchas veces vivimos abstraídos en nuestro mundo, agobiados por las preocupaciones, y no percibimos  que en nuestro rededor ocurren innumerables cosas  que apenas percibimos. Necesitamos olvidarnos  de que el mundo no empieza ni termina en nosotros mismos. La vanidad o la arrogancia  nos lleva a creernos nuestras propias fabulaciones y el adanismo  se convierte en un defecto  de grandes dimensiones. Sobre todo en política. 

En estos tiempos líquidos de comunicación fulgurante, en los que las ideas perduran  un instante, lo necesario para alcanzar un titular o un corte audiovisual, es preciso recuperar acciones o posicionamientos de larga perdurabilidad. Entre ellos, esta semana entrante, se cumple el trigésimo aniversario de un acuerdo adoptado por el Parlamento Vasco  que debemos atesorar   como base de un desarrollo futuro. Se cumplen treinta años desde que la Cámara de Gasteiz, con los votos favorables, 38,  de PNV, EA y EE, 23 en contra –PSE, PP , CDS y UA- y la no participación de Herri Batasuna, aprobara  una Proposición No de Ley en la que reconocía el derecho de autodeterminación del Pueblo Vasco.

En momentos  como los actuales donde se acentúan las acusaciones  severas, y en la que la nueva Izquierda Independentista trata de arrogarse  la genuina representación  del autogobierno denostando al nacionalismo vasco,  es obligado volver la vista atrás para conocer la literalidad de aquel acuerdo parlamentario, y , también –cómo no-  el papel de cada cual en su debate y aprobación en sede parlamentaria.

Aquel día (16 de febrero de 1990) los electos de la Izquierda abertzale  participaban por segunda vez en la historia en una sesión de la cámara de Gasteiz. HB había decidido  ausentarse de las instituciones  pues su dinámica de lucha  buscaba la ruptura, deslegitimando el armazón  de autogobierno construido  por el Estatuto de Gernika. Para ellos – HB- el Parlamento “vascongado” , no representaba a la voluntad de “Euskal Herria”  y de ahí  que en aquella circunstancia  sus 13 parlamentarios electos  solo asistieran al debate, abandonando  el hemiciclo cuando se produjera la votación.

El acuerdo adoptado entonces por el Parlamento Vasco, con la incomparecencia voluntaria  de la Izquierda Abertzale  es aún hoy un hito que, por su relevancia  es de justicia recuperar. Sobre todo  como antídoto  contra los desmemoriados de conveniencia o quienes no tienen empacho en acusar  a los demás de haber “traicionado” el derecho a decidir.

Aquella proclamación, efectuada,  sin la participación de los predecesores de Otegi y compañía dice   textualmente que “el Pueblo Vasco tiene derecho a la autodeterminación. Este derecho reside en la potestad de sus ciudadanos para decidir libre y democráticamente su estatus político, económico, social y cultural, bien dotándose de un marco propio o compartiendo, en todo o en parte, su soberanía con otros pueblos.”. Pero afirma más cosas; “que el ejercicio del derecho a la autodeterminación tiene como finalidad la construcción nacional de Euskadi”, un “proceso dinámico, gradual y democrático, integrado por el conjunto de decisiones, incluidas en su caso, las de carácter plebiscitario, que el Pueblo Vasco vaya adoptando a lo largo de su historia atendiendo a los condicionamientos internos o externos de la coyuntura histórica, sus posibilidades reales y de interés de los vascos”

Aquella proclamación solemne  a la que negó su apoyo HB decía igualmente que “ el Estatuto de Autonomía, resultado de un pacto refrendado libremente por la ciudadanía vasca, constituye un punto de encuentro de su voluntad mayoritaria y el marco jurídico del que la sociedad vasca se dota en un determinado momento histórico, para acceder al autogobierno y regular la convivencia pacífica, representando, en consecuencia, la expresión legítima de la propia voluntad del pueblo vasco”, siendo el “marco válido para la resolución progresiva de los problemas de la sociedad vasca, así como para avanzar en la construcción nacional de Euskadi”.

Finalmente, el texto aprobado hace treinta años afirmaba que “la legitimidad de todas las ideas políticas, expresadas democráticamente, tiene en el marco parlamentario la vía de defensa y, en su caso, de incorporación al ordenamiento jurídico de cualquier reivindicación”.

Traer hasta nuestros días un acuerdo parlamentario de esta  trascendencia nos debe hacer sentir orgullosos del bagaje y del pronunciamiento de nuestras instituciones. Y al mismo tiempo, no olvidar el comportamiento  que durante años algunos tuvieron  para con este país y su construcción nacional. Por eso cuando  leemos la última entrevista que el diario “Gara”  ha realizado al coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, y contemplamos el titular de portada; “Los valores del país hoy son los que hemos defendido 40 años”, no nos queda otra que sonreír, mirar al cielo y sonrojarnos ante tanta desvergüenza.  Y con un poco de fortuna veremos  a un satélite por encima de nuestras cabezas. Será más fácil esto que esperar una rectificación en toda regla.   

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