
Me cuesta coger ritmo. Por las mañanas, necesito algo más de una hora. Como diría mi madre, “no soy persona”. Dos cafés y una buena dosis de nicotina sirven para arrancar.
Pero, si además del efecto diesel del biorritmo empiezas la jornada oyendo hablar de que “la roja” podrá jugar en San Mamés a petición popular –del PP, pero también de otros- o de que la Vuelta a España (que el próximo año comienza en Roterdam quizá en homenaje al Duque de Alba), pisará las calles de Euskadi nuevamente (que gran canción la original de Pablo Milanés), la modorra se convierte en cefalea prematura.
Sólo me faltaba leer en el primer vistazo a los periódicos, que tras la desaparición de la “E” gótica y la ikurriña de los uniformes policiales, el Gobierno de la “normalización democrática” pretende eliminar la txapela en los ertzainas. El acabose.
Siniestro total en otra mañana de viento sur. Mudo, como siempre, me he dirigido a Bilbao por la carretera de la ría. Xabier Lapitz me hablaba desde Bermeo en Onda Vasca. Jornada 47 en el secuestro del Alakrana. Y los micrófonos de la emisora del Grupo Noticias llevaban a cabo un programa especial para acercar a las familias del atunero la solidaridad y apoyo de sus oyentes.
A la altura de la dársena de Lamiako los he visto zabulléndose en la ría. Estilizados, fotogénicos. Verdaderamente un espectáculo naturalístico. Lástima que quienes conservamos el gen depredador del pescador veamos también a los cormoranes como un competidor aventajado y devastador.
Sí. Habían vuelto. Hace años, cuando todas nuestras miserias iban a parar al río, se olvidaron de nosotros. Tomaron otras rutas. Y nos dejaron huérfanos de su presencia.
Hoy , llegadas estas fechas, pueblan nuestras costas, nuestros cauces fluviales remontándolos kilómetros y kilómetros, hasta convertirse en una amenaza, cuando los ejemplares abundan , para los ecosistemas de nuestros ríos y arroyos.
Los cormoranes de la mañana eran toda una señal. Pasado el mediodía, la agencia de noticias Reuters anunciaba el fin del cautiverio del Alakrana. Los piratas comenzaban a desalojar en barco y pocas horas después se confirmaba que el atunero vasco, con sus tripulantes sanos y salvos, navegaba , al fin libre , rumbo a las islas Seychelles.
He escrito una primera entrada en mi blog de felicitación. De alegría, de alivio. Pero también de cabreo contenido
El pasado sábado decía en otro artículo que terminado este episodio, muchos debieran, por responsabilidad, colgar la chapa. Desde los militares perejileros que llegaron tarde, y mal al buque secuestrado a los exhibidores mediáticos de los piratas detenidos y llevados a Madrid.
Desde la Ministra que, en plena conflicto, valoró la alternativa de una acción militar como una posibilidad para acabar con la crisis , hasta la vicepresidenta que gobernó la misma por teleconferencia desde Argentina.
Desde quienes nos mentían, y mentían a las familias diciendo que todo estaba bien, que la tripulación tenía comida y agua y que nada pasaba a bordo del barco, hasta quienes antepusieron su estrategia de imagen, de firmeza, para ganar la batalla de la opinión pública frente a la necesaria seguridad de la treintena larga de personas que veían sus vidas amenazadas por tanta incompetencia.
Lo reitero hoy. Con más fuerza si cabe. A casa!. Todos a casa!.
Es de noche. En la radio se emite “Working on a Dream” de Bruce Sprinsgteen. Trabajamos un sueño. Gure arrantzaleak, etxera!.
Pero, si además del efecto diesel del biorritmo empiezas la jornada oyendo hablar de que “la roja” podrá jugar en San Mamés a petición popular –del PP, pero también de otros- o de que la Vuelta a España (que el próximo año comienza en Roterdam quizá en homenaje al Duque de Alba), pisará las calles de Euskadi nuevamente (que gran canción la original de Pablo Milanés), la modorra se convierte en cefalea prematura.
Sólo me faltaba leer en el primer vistazo a los periódicos, que tras la desaparición de la “E” gótica y la ikurriña de los uniformes policiales, el Gobierno de la “normalización democrática” pretende eliminar la txapela en los ertzainas. El acabose.
Siniestro total en otra mañana de viento sur. Mudo, como siempre, me he dirigido a Bilbao por la carretera de la ría. Xabier Lapitz me hablaba desde Bermeo en Onda Vasca. Jornada 47 en el secuestro del Alakrana. Y los micrófonos de la emisora del Grupo Noticias llevaban a cabo un programa especial para acercar a las familias del atunero la solidaridad y apoyo de sus oyentes.
A la altura de la dársena de Lamiako los he visto zabulléndose en la ría. Estilizados, fotogénicos. Verdaderamente un espectáculo naturalístico. Lástima que quienes conservamos el gen depredador del pescador veamos también a los cormoranes como un competidor aventajado y devastador.
Sí. Habían vuelto. Hace años, cuando todas nuestras miserias iban a parar al río, se olvidaron de nosotros. Tomaron otras rutas. Y nos dejaron huérfanos de su presencia.
Hoy , llegadas estas fechas, pueblan nuestras costas, nuestros cauces fluviales remontándolos kilómetros y kilómetros, hasta convertirse en una amenaza, cuando los ejemplares abundan , para los ecosistemas de nuestros ríos y arroyos.
Los cormoranes de la mañana eran toda una señal. Pasado el mediodía, la agencia de noticias Reuters anunciaba el fin del cautiverio del Alakrana. Los piratas comenzaban a desalojar en barco y pocas horas después se confirmaba que el atunero vasco, con sus tripulantes sanos y salvos, navegaba , al fin libre , rumbo a las islas Seychelles.
He escrito una primera entrada en mi blog de felicitación. De alegría, de alivio. Pero también de cabreo contenido
El pasado sábado decía en otro artículo que terminado este episodio, muchos debieran, por responsabilidad, colgar la chapa. Desde los militares perejileros que llegaron tarde, y mal al buque secuestrado a los exhibidores mediáticos de los piratas detenidos y llevados a Madrid.
Desde la Ministra que, en plena conflicto, valoró la alternativa de una acción militar como una posibilidad para acabar con la crisis , hasta la vicepresidenta que gobernó la misma por teleconferencia desde Argentina.
Desde quienes nos mentían, y mentían a las familias diciendo que todo estaba bien, que la tripulación tenía comida y agua y que nada pasaba a bordo del barco, hasta quienes antepusieron su estrategia de imagen, de firmeza, para ganar la batalla de la opinión pública frente a la necesaria seguridad de la treintena larga de personas que veían sus vidas amenazadas por tanta incompetencia.
Lo reitero hoy. Con más fuerza si cabe. A casa!. Todos a casa!.
Es de noche. En la radio se emite “Working on a Dream” de Bruce Sprinsgteen. Trabajamos un sueño. Gure arrantzaleak, etxera!.
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