Algo huele a podrido en Dinamarca. No lo digo yo. Lo dijo Shakespeare en “Hamlet”. Y eso que no sabía nada del fraude científico que ocultaban correos electrónicos cruzados entre climatólogos del CRU –unidad de investigación climática del Reino Unido-. Un “hacker” ha aflorado la contaminación de datos de cara a imputar a la “innegable” acción humana la responsabilidad del calentamiento global y el cambio climático.
Sin embargo, el papanatismo de la oficialidad, que se extiende por el planeta como una pandemia de ignorantes, ha tapado rápidamente la grieta abierta en una comunidad científica cada vez más proclive al alarmismo y a la propaganda.
Si tan crítica es la situación, ¿cómo no tomar medidas excepcionales ya y fiarnos reducción de emisiones mirando al 2020 o al 2050?. Nadie se atreve a decir, por ejemplo, que una de las mejores medidas para evitar la generación de Co2 sería dejar de respirar. O que para aligerar el efecto invernadero sería conveniente poner un corcho al culo de las vacas a fin de que sus flatulencias dejaran de incidir negativamente en los niveles de gas metano de la atmósfera. Si la emergencia es tan grave ¿por qué no prohibir de inmediato la utilización de carburantes fósiles en vehículos, calefacciones, etc?. Hace frío verdad?. También para los que se reúnen en Copenhague –máximas de 3º C.
Siempre que se profundiza en la preocupación de una casuística hasta hacer de ésta una amenaza mundial, la tela, el dinero, no andará muy lejos como combustible de la alarma propagada.
Dinero para la comunidad científica que nunca como ahora ha dispuesto de fondos para establecer sus estudios. Dinero para la preponderancia de una tecnología sobre otras – la nuclear o la de combustibles fósiles-. Dinero para la supremacía económica de occidente sobre China o los países en vías de desarrollo. Dinero para dominar la geoestrategia, en la pugna no cruenta por el continente africano que gana China con su colaboración de desarrollo a cambio de materias primas y recursos naturales. Dinero para premios nobel que profetizan sobre el cambio climático subidos a aviones privados que emiten toneladas de gases supuestamente contaminantes.
Dinero para la demagogia políticamente correcta. Para hacer la ola a tanto buenoide convertido en telepredicador verde.
Money, Money.
No soy ni el primo de Rajoy, ni el que escribe los discursos de Aznar. Admito mi ignorancia científica, pero me rebelo ante tanto borreguismo irreflexivo.
Recomiendo vivamente un blog (http://antonuriarte.blogspot.com). El del climatólogo donostiarra Anton Uriarte. Un científico escéptico que por defender sus teorías con libertad se ha ganado la enemistad y los ataques furibundos de múltiples neandertales escasamente evolucionados.
Esta semana de grandes citas mundiales me siento rural. Es tiempo de puerros, de coliflores, de berza. Arzalluz dijo, aunque hoy no lo recuerde, que no quería ser independiente para plantar berzas. A mi no me importaría. Siempre y cuando no fuera un monocultivo.
En Basauri, donde me crié, lo más rural que había era la llamada “campa de Santi”, un barrizal en días lluviosos donde pateábamos un balón entre la escarabilla de la Baskonia. También había pequeñas huertas, txabolas, junto a las vías, que ocupaban el dominio público del ferrocarril. También había animales. Bípedos y cuadrúpedos. Como en todas partes. Aunque los que se llevaban la palma eran aquellos de boina y pañuelo al cuello que salían del cuartel a repartir leña. Será por eso que les llamaban “la madera”?.
La leña se la llevaban, casi siempre, los pobres baserritarras. Basarritarras de fin de semana o de horas extra y de mono azul de relevo continuo en la Firestone, en Edesa, en los talleres y fábricas.
Hombres y mujeres de aquí y de allá. De Arratia, de Extremadura. De León y de Amorebieta.. De berza y de tocino.
Con todos esos recuerdos, con la bodeguilla de Nicolás, la frutería de Manolo, la zapatería de Juanita o la panadería Alberdi, hoy me siento rural.
Y, además, porque he escuchado a Pastor decir que el electorado devolverá al PNV "a sus orígenes, a la Euskadi rural de donde salió". Joder que subidón. Hacía tiempo que nadie motivaba tanto mi autoestima. No hay semana que no consuma tres declaraciones de gloria
Pastor está suelto, recalentado. Como el tiempo. Y la “Basauri rural” suspira por sus palabras.
Loli, cariño, prepárate que hay vuelta. Lo ha dicho Josean .
Sin embargo, el papanatismo de la oficialidad, que se extiende por el planeta como una pandemia de ignorantes, ha tapado rápidamente la grieta abierta en una comunidad científica cada vez más proclive al alarmismo y a la propaganda.
Si tan crítica es la situación, ¿cómo no tomar medidas excepcionales ya y fiarnos reducción de emisiones mirando al 2020 o al 2050?. Nadie se atreve a decir, por ejemplo, que una de las mejores medidas para evitar la generación de Co2 sería dejar de respirar. O que para aligerar el efecto invernadero sería conveniente poner un corcho al culo de las vacas a fin de que sus flatulencias dejaran de incidir negativamente en los niveles de gas metano de la atmósfera. Si la emergencia es tan grave ¿por qué no prohibir de inmediato la utilización de carburantes fósiles en vehículos, calefacciones, etc?. Hace frío verdad?. También para los que se reúnen en Copenhague –máximas de 3º C.
Siempre que se profundiza en la preocupación de una casuística hasta hacer de ésta una amenaza mundial, la tela, el dinero, no andará muy lejos como combustible de la alarma propagada.
Dinero para la comunidad científica que nunca como ahora ha dispuesto de fondos para establecer sus estudios. Dinero para la preponderancia de una tecnología sobre otras – la nuclear o la de combustibles fósiles-. Dinero para la supremacía económica de occidente sobre China o los países en vías de desarrollo. Dinero para dominar la geoestrategia, en la pugna no cruenta por el continente africano que gana China con su colaboración de desarrollo a cambio de materias primas y recursos naturales. Dinero para premios nobel que profetizan sobre el cambio climático subidos a aviones privados que emiten toneladas de gases supuestamente contaminantes.
Dinero para la demagogia políticamente correcta. Para hacer la ola a tanto buenoide convertido en telepredicador verde.
Money, Money.
No soy ni el primo de Rajoy, ni el que escribe los discursos de Aznar. Admito mi ignorancia científica, pero me rebelo ante tanto borreguismo irreflexivo.
Recomiendo vivamente un blog (http://antonuriarte.blogspot.com). El del climatólogo donostiarra Anton Uriarte. Un científico escéptico que por defender sus teorías con libertad se ha ganado la enemistad y los ataques furibundos de múltiples neandertales escasamente evolucionados.
Esta semana de grandes citas mundiales me siento rural. Es tiempo de puerros, de coliflores, de berza. Arzalluz dijo, aunque hoy no lo recuerde, que no quería ser independiente para plantar berzas. A mi no me importaría. Siempre y cuando no fuera un monocultivo.
En Basauri, donde me crié, lo más rural que había era la llamada “campa de Santi”, un barrizal en días lluviosos donde pateábamos un balón entre la escarabilla de la Baskonia. También había pequeñas huertas, txabolas, junto a las vías, que ocupaban el dominio público del ferrocarril. También había animales. Bípedos y cuadrúpedos. Como en todas partes. Aunque los que se llevaban la palma eran aquellos de boina y pañuelo al cuello que salían del cuartel a repartir leña. Será por eso que les llamaban “la madera”?.
La leña se la llevaban, casi siempre, los pobres baserritarras. Basarritarras de fin de semana o de horas extra y de mono azul de relevo continuo en la Firestone, en Edesa, en los talleres y fábricas.
Hombres y mujeres de aquí y de allá. De Arratia, de Extremadura. De León y de Amorebieta.. De berza y de tocino.
Con todos esos recuerdos, con la bodeguilla de Nicolás, la frutería de Manolo, la zapatería de Juanita o la panadería Alberdi, hoy me siento rural.
Y, además, porque he escuchado a Pastor decir que el electorado devolverá al PNV "a sus orígenes, a la Euskadi rural de donde salió". Joder que subidón. Hacía tiempo que nadie motivaba tanto mi autoestima. No hay semana que no consuma tres declaraciones de gloria
Pastor está suelto, recalentado. Como el tiempo. Y la “Basauri rural” suspira por sus palabras.
Loli, cariño, prepárate que hay vuelta. Lo ha dicho Josean .
Hoy me voy a extender, porque este tema me gusta…y me rebela. Poca gente ha oído hablar de un criador de plantas ruso, que no era científico, llamado Lysenko (1898-1976), quien durante una conferencia celebrada en la URSS en 1948, pronunció un encendido discurso denunciando al pensamiento Mendeliano como 'reaccionario y decadente' y declaró que esos pensadores eran 'enemigos del pueblo Soviético'. Bajo su influencia, la ciencia se practicó al servicio del Estado, o más precisamente, al servicio de la ideología oficial. Los resultados fueron demoledores para la biología soviética. Gracias a los esfuerzos de Lysenko muchos científicos de valía, especialmente en el campo de la genética, fueron enviados a Gulags o, en el mejor de los casos, emigraron. Los métodos de Lysenko no fueron condenados por la comunidad científica Soviética hasta 1965, más de una década después de la muerte de Stalin. Hoy vemos cómo se repite la historia con la UE y la ONU en plan estalinista. Tampoco hoy la gente conoce a uno de los mejores científicos rusos de la actualidad, experto en climatología, llamado Illarionov, quien afirma que la doctrina oficial del calentamiento global es puro Lysenkoísmo, que no se apoya en la ciencia, sino que se basa en una ideología totalitaria y utiliza todos los métodos disponibles para distorsionar la verdad científica: desinformación, falsificación, invención, mitología, propaganda… ¿nos hallamos ante la mayor estafa científica de la historia? Cada vez más científicos honestos así lo piensan y expresan, aunque el fundamentalismo carbónico ha hecho que lo “políticamente incorrecto” se haya convertido en “políticamente suicida” y, desgraciadamente, muy pocos de nuestros gobernantes tienen el coraje de denunciar el fraude que hay detrás del mito del calentamiento global antropogénico. Según el propio Illarionov: “Básicamente, ninguna de las afirmaciones hechas en el Protocolo de Kioto, ni la teoría 'científica' sobre la que se basa el protocolo tienen origen en datos reales. No estamos viendo ninguna alta frecuencia de eventos y situaciones de emergencia. No ha habido ningún aumento en la cantidad de inundaciones, como tampoco lo ha habido en la cantidad de sequías. … Si hay alguna subida insignificante de la temperatura no es debido a factores antropogénicos, sino a factores naturales relacionados con el planeta y la actividad solar. No hay evidencia alguna que confirme una relación entre el nivel del dióxido de carbono y los cambios de temperatura. Si existe tal relación, se trata de una naturaleza inversa. En otras palabras, no es el dióxido de carbono quien influencia la temperatura de la Tierra, sino exactamente lo opuesto: la fluctuación de la temperatura es causada por la actividad solar, que influencia la concentración de dióxido de carbono.” Sobran comentarios, si alguien quiere saber más (¿por qué será que de este tema hablan los que menos saben, economistas, abogados, periodistas, etc.?), me sumo a la invitación de Koldo a leer en el blog de otro buen climatólogo, esta vez vasco: Antón Uriarte. Termino, según los rusos, en pocos años entraremos en una fase de fuerte enfriamiento global que pondrá a cada uno en su sitio, incluidos los promotores de la trascendental Ley Vasca contra el Cambio Climático. Eso espero, por el bien de nuestro pueblo y el de toda la Humanidad.
ResponderEliminarKoldo: he buscado este artículo en su blog porque me hablaron de él a raíz de publicar yo otro sobre el mismo tema en Izaronews. Me alegra comprobar que no soy el único que nada contra la corriente principal.
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