
Hace un frío que pela. El calentamiento global hace estragos. Desde China a Cornualles, la nieve y el hielo lo invade todo. La ola polar más intensa en tres décadas. Temperaturas extremas en Polonia, en Noruega, en Alemania. Aeropuertos cerrados. Cauces fluviales helados. Caos en las carreteras. Y, por fin, los activistas de Greenpece detenidos en Dinamarca han sido puestos en libertad. Han pagado su protesta en la cumbre del clima en Copenhague con veintiún días de prisión incomunicada. Que pasada.
Ha tenido que llegar el general invierno para poner un poco de orden en el sistema. ¿He dicho invierno?. ¿Será por eso que hace frío?.
Alguien me recordó meses atrás –sería cuando ZP comenzó a hablar de los brotes verdes- aquel dicho popular de “año de bellotas, nieve hasta las pelotas”. Lo cierto es que los bosques caducifolios rebosaban de frutos. Pero aquel efecto natural también fue interpretado en su favor por los próceres de la tendencia científica en boga, por quienes todo lo observan bajo el prisma del dichoso cambio climático. Que hay cambio, nadie lo duda (que se lo digan a López y Basagoiti), y que también existe una mudanza en el clima resulta incuestionable, sobre todo cuando los ciclos planetarios nos retrotraen a una glaciación como referencia próxima.
Decir que en invierno hace frío es vaticinar lo previsible.Es como advertir que pese a lo mucho jugado no nos tocará la lotería. Que pese al optimismo oficial, el paro seguirá creciendo o que , pese a los esfuerzos del lehendakari con el euskera , su alocución de fin de año en ETB 1 no la iba a ver ni Blanca Urgell o Joseba Arregi.
Hay cosas totalmente previsibles. No hay que ser seguidores de Nostradamus para adivinar que cualquier opinión privada de los dirigentes de la Izquierda Abertzale será negada y desmentida si sale a la luz pública.
No hace falta ser un lince para entender que publicitar la discrepancia entre ETA y la parte civil de su movimiento de apoyo sea interpretada como una “toma de partido de una estrategia política concreta” – la del “enemigo” se sobreentiende-. Nihil novum sub sole.
En estos últimos años he visto suficientes descalificaciones, acusaciones de manipulación, inculpaciones al mensajero o autoflagelaciones victimistas so pretexto de la persecución política que el nuevo “affaire” Otegi resulta un “déjà vu”.
Año nuevo, historias viejas. Batasuna, como Penélope, teje y desteje el ovillo de su destino. El “polo” sigue sin saber si es de fresa o de limón. El Constitucional a punto de poner patas arriba el Estado Autonómico. Y Hasta Felipe González, Jacques Delors o Solbes han editado un flash back con Zapatero.
La única novedad; Jose Antonio Pastor. Es como si tuviera el baile San vito o se hubiera propuesto capitanear una revolución post navideña. ¡Jesús que máquina discursiva!.
Tengo para su comportamiento también una razón científica.
Hace unos días, sin que muchos lo sepan, hemos superado el perihelio. El perihelio es el momento en el que la tierra, en su movimiento orbital está en el punto más cercano al Sol. Nuestro planeta se encuentra en este tiempo sólo 147,5 millones de kilómetros del Sol. Y esa “cercanía” provoca que el movimiento de traslación terrestre -empujado por la cercanía solar- se acelere notablemente.
Nada, que la tierra se acerca al sol y en su punto más próximo, sale escopetada a toda leche para continuar su órdita. Aunque la mayoría no notemos ese efecto, algunos –muy sensibles ellos- derrapan en cada curva por la velocidad planetaria. Y por la inercia.
Para evitar ese efecto me han regalado uno de esas pulseras milagrosas que , al parecer mejoran la capacidad de equilibrio y de elasticidad. Unos artilugios que están prohibidos en el ejercicio profesional del surf o del golf. Lástima, ahora que pretendía dedicarme a capturar olas, mi nueva pulsera me recorta expectativas.
Pastor necesita una pulsera o todo el juego de abalorios para recobrar el equilibrio. No es bueno que un candidato in pectore se pase de frenada.
Yo he conseguido andar a la pata coja …. Y me he caído. Pero como un profesional. De algo sirve , al menos, el brazalete mágico.
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