viernes, 15 de enero de 2010

Pukinuki- Pukinuki



Una de las cosas que más me pone es recibir mensajitos en el móvil durante la celebración de las fiestas navideñas. Me motiva, me excita, me pone…de una mala gaita, que no hay pulsera mágica que equilibre los efectos del tintineo continuado de “mensaje recibido”.

Entiendo que en fechas tan señaladas afloren los buenos deseos y todo el mundo quiera reconciliarse con el listín guardado en su aparato telefónico. Es como si, de repente, hiciésemos borrón y cuenta nueva con los avatares vividos hasta el último minuto y las bajas pasiones dieran paso a la arcadia feliz de una sociedad de ángeles y querubines.

En el pasado, en el boom de “hola soy edu , feliz navidad”, quien esto escribe también ha participado en el colapso radioeléctrico. Como un pazguato común he contribuido al gozo y al negocio de las empresas operadoras de telefonía. Pero son ya dos años los que me declarado “objetor del sms” en Navidad.

Quizá yo también tenga “problemas de comunicación”. No lo dudo. Para evitarlo, me di de alta en “facebook” pero cuando vi que era una lata contestar a tanto amiguito de última hora me rilé. Entre otras cosas porque en la red había tanto pelma, con tanto rollo, que terminé con agujetas en las meninges.

“Las redes sociales –me decían mis asesores- son para asociarte con amigos”. Y yo, cada vez que recibía una petición de amistad, la rechazaba. Así, cuando me di cuenta de que era el único usuario de Faceebock sin amigos y sin intención de tenerlos, me borré del sistema. El “rara avis” se esfumó, sin que nadie se enterara (ni falta que hacía).

Mirarse a si mismo es un síntoma de narcisismo (conocí a un personaje que se llamaba Casimiro Amiano al que todos llamaban el “contorsionista”) y entre narciso o globero, perdón, bloguero, opté por esto último.

Volviendo a lo de los mensajes telefónicos, los he visto de todas las clases. De plantilla (los que ya vienen hechos). Los sosos (“Zorionak eta urte berri on”). Los ocurrentes (“Txori onak eta urte gorrión”). Los imaginativos (“házme una perdida…semental”) y los graciosos (“Nik ere lehenkariaren mesua ikusi nuen etb-1ean. Firmado: Ci-Cerón”).

En este campo, como en todos los generados por la actividad humana, la moda o las costumbres tribales condicionan comportamientos. Así, los frikis constituyen un colectivo que sobresale de la media. Lo culto y lo trivial conviven en un único plano. Lo casposo y el glamour, el sintasol y la cristalería de bohemia, el caviar de beluga y el bocadillo de calamares son combinaciones modernas de un paisanaje de vanguardia que cada día gana más adeptos y más espacio público.

Cualquiera puede ser un friki. Agamenón o su porquero. Todo depende del revestimiento de la impostura o del nivel de protección que sobre su condición personal o pública exista.

Vaya por delante que a mí los frikis me parecen respetabilísimos. Y que admiro ese don que con tanta naturalidad expresan, capaz de esbozar sonrisas contagiosas aún en las condiciones más adversas de severidad y crisis.

Digo todo esto porque he leído un mensaje navideño en un teléfono móvil que me ha despertado de la monotonía. Este año será una caja de sorpresas – Forrest Gump hablaba de las sorpresas de las cajas de bombones-. Una caja, como la de Pandora en la que, cuando menos lo esperemos, insospechados protagonistas se prodigarán en intervenciones insólitas capaces de convertir el drama en comedia.

Veremos entonces que sus problemas no se sustentan en la mala comunicación (problemas de comunicación con el 95% de los medios a favor?) ni en el escaso eco que sus palabras y obras.

El sms en cuestión que ha motivado este comentario, enviado por un conocido y reconocido personaje público, pretendía ser un christma navideño tradicional. Pero su parte final es todo un monumento a la innovación comunicativa: “Felicidades. PUKINUKI- PUKINUKI”.

Toma, toma y toma, que diría el Borja de “Que vida más triste”. ¡Qué nivel Maribel!, que diría yo.

Post: El Obispo Munilla, con báculo y mitra, se apunta “primer” si hacemos un “hit parade” de ocurrencias. Sus declaraciones en relación a la tragedia de Haití prometen emociones fuertes. La normalización no nos va a aburrir. Pukinuki-Pukinuki

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