La campaña avanza (no lo rápida que quisiéramos algunos. La nueva marca de la Izquierda Abertzale, pese a todas las previsiones, no ha “reventado” el BEC. No era previsible. Si hasta en los peores tiempos llenaban a rebosar el velódromo de Anoeta, lógico es que con el viento a favor hubieran ocupado el Bizkaia Arena hasta la bandera. 8.000 seguidores, que son muchos, pero no ha habido reventón. Mantener la tensión y el espíritu movilizador es una de los principales valores de la Izquierda Abertzale. Nadie duda de esta capacidad. Por eso ha sorprendido un tanto que el BEC no haya puesto el cartel de “sin entradas”.
La espuma de la gaseosa sigue arriba del todo. Puede que empiece ya a reposar y el volumen del nuevo proyecto vuelva a su ser. Sería bueno que así fuera,. No por nada sino por naturalizar los resultados del domingo.
En Elorrio –municipio gobernado hasta ahora por la Izquierda Abertzale- , el candidato a Diputado General de Bizkaia por el PNV, ha dejado una reflexión que, imagino, repetirá en los próximos días.
“Cuando volamos en avión –ha dicho Jose Luis Bilbao- queremos que el piloto sea el más cualificado y el más competente para que nos guíe con solvencia, con seguridad y profesionalidad. A nadie se le ocurre que los pasajeros elijamos al piloto más guapo, más simpático o más gracioso.
Pues si eso lo hacemos en un avión pensad en el gobierno de todos. De quien tiene que salvaguardar nuestros datos económicos, nuestra declaración de renta. De quien tendrá que hacerse responsable del dinero de todos. De quien deberá velar para que quienes lo necesiten reciban la renta básica.”. Por eso, ha concluido, “hay que votar con el corazón, sí. Pero también con la cabeza”.
Corazón y cabeza. Y pan, mucho pan, para hoy para mañana.
Este simple mensaje, capaz de reconocerlo cualquiera, contrasta con los discursos observados en las últimas horas por quienes han entrado en la “hora del nervio”.
Los socialistas, por ejemplo, han volcado su autobús electoral en la margen izquierda vizcaina. Las encuestas les han obligado a “hacer algo” y ese “algo” ha sido el rescate de Felipe González y la vuelta del lehendakari López al entarimado.
Felipe González, recién fotografiado en “Vanity fair” con puro humeante y titulares incendiarios, ha agitado el “miedo a la derecha” como gasolina de su electorado. Y lo ha hecho donde la derecha del PP, esa que demonizó González, es la que sostiene a su gobierno del “cambio” en Euskadi, y a su alcalde de Barakaldo. Piedras contra el tejado propio.
López por su parte recuperó un discurso antiguo. El discurso de Nicolás Redondo y Mayor Oreja; el miedo al “frente nacionalista”.
Patxi López, acompañado de Pastor, que ha retomado su papel de agitador, confrontó el papel del socialismo vasco con el del PNV, al que acusó de “llamar a la acumulación de fuerzas nacionalistas” para “volver a dividir y a enfrentar a los vascos entre sí”. Pero López, que había acudido a Barakaldo sin mirarse en su propio espejo en Ajuria Enea, tuvo para sí sólo palabras autocomplacientes; “los socialistas hemos desterrado la política de frentes y de trincheras”.
El piloto del avión que nos lleva a los vascos no quiso darse cuenta que en la butaca contigua a la suya, en la cabina de Ajuria Enea, se sienta, por mutuo acuerdo, Antonio Basagoiti. Una tripulación cuya sintonía “goza de buena salud” y cuya hermandad “no se romperá jamás”.
Mientras, la aeronave zozobra en el espacio aéreo y , cuando avanza, gracias al piloto automático.
Patxi López se ha puesto al frente de la “reconquista electoral” de los socialistas en Euskadi. Es su última esperanza. Si pierde en esta apuesta, que lo hará, su porvenir estará tocado. Tocado y casi hundido.
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