sábado, 30 de mayo de 2020

PONERSE EN PIE

El reiterativo espectáculo lamentable protagonizado por sus señorías en el Congreso de los diputados nos debe ilustrar para afianzar la convicción de que  tal comportamiento es, precisamente, lo que no debe hacerse en la acción política. La política es otra cosa. Es plantear, a través del diálogo,  mejoras que redunden en el bienestar y en la calidad de vida de la ciudadanía. Eso es la política. Pactar entre diferentes. Discrepar, intercambiar puntos de vista, aportar iniciativas. Respetar a las posiciones no coincidentes. Y, llegado el momento,  ser útiles de cara a solucionar los problemas  que afectan a la sociedad. Insultar, faltar a la verdad, tratar de derribar al adversario,  crispar intencionadamente, alimentar el odio será, si quiere, hacer  politiquería, pero no es hacer política.

Con ese principio asumido indeleblemente nos asomamos a un nuevo tiempo en el que la excepcionalidad provocada por la pandemia comienza a desaparecer. 

En el ámbito sanitario, afortunadamente , los nuevos contagios  decrecen y hay quien afirma que , según los estudios epidemiológicos, el próximo mes de junio podrá ser ya un tiempo sin nuevas infecciones propias (más allá de brotes exportados). En ese sentido no cabe sino reconocerse el acierto y el rigor de quienes  desde el Gobierno vasco han  hecho seguimiento científico a la pandemia, presentando  informes que posibilitaron, entre otras cosas,  la toma anticipada de medidas que evitaran el colapso hospitalario.

El rigor del equipo  sanitario vasco y la capacitación de sus decisiones, fueron puestas en entredicho por quienes entienden la acción política desde la irresponsabilidad del pim-pam-pum.  Es justo en este punto,  recordar hoy que el ministerio de sanidad ha hecho públicos sus informes evaluatorios de las comunidades autónomas, aquella infamia deslizada por la candidata de Podemos, Miren Gorrotxategi, señalando que Euskadi no estaba preparada para pasar a la “fase 1” de la  “desescalada” y apuntaba tendenciosamente que a aquella situación se había llegado mediante un “apaño” político dirigido por el PNV. 

Los informes  del Ministerio estatal no dejan duda  de la solvencia , la preparación  y la eficacia del sistema vasco de salud. Sin embargo no hemos visto que Gorrotxategi se haya disculpado o haya rectificado sus palabras. Tampoco lo han hecho los portavoces de  EH Bildu que en sus múltiples apariciones públicas cuestionaron la veracidad de los datos aportados por el Gobierno vasco , extendiendo la sospecha de que todo estaba peor de lo que oficialmente se nos decía. Pero a ese juego sucio de propagar un infundio  para alimentar la desconfianza hacia los poderes públicos estábamos  ya acostumbrados. 

Politiquerías  al margen,  si la caída de  los casos infecciosos continua y se cumplen las previsiones (si la actitud cívica continua y no se dan esperpentos peligrosos como el de las playas de os pasados dias) nos encontraremos a las puertas del verano con la desaparición del “estado de alarma” o su permanencia residual en zonas geográfica donde  la pandemia se mantenga resistente.

Previsiblemente,  Euskadi y sus instituciones recuperarán todo el poder competencial  perdido durante la crisis y el transito hacia la “normalidad” estaría en manos de las autoridades vascas.

La vuelta a la “normalidad”, seguramente, tendrá aún cautelas. Cortapisas lógicas ante el duro coste en vidas humanas que la enfermedad ha generado,  pero nos acercaremos a una recuperación casi plena  del sistema de vida que disfrutábamos con anterioridad a la llegada de la enfermedad.  Por lo tanto , “normalidad” convivencial,  económica, cultural y también política.

La celebración de las elecciones vascas el 12 de julio será, previsiblemente, un nuevo acierto de quienes diagnosticaron la evolución de la pandemia. Aunque tampoco obtengan el reconocimiento a posteriori de quienes se han opuesto a todo. 

Los comicios se desarrollarán extremando las medidas de seguridad y garantizando la libre participación de la ciudadanía vasca. La lógica indicaría que , tras las extraordinarias circunstancias vividas , la liturgia electoral se limitara en tiempo y coste, evitando una confrontación que nadie entendería . Sin embargo  y curiosamente, quienes más radicalmente se han expresado en contra de la cita con las urnas, son quienes piden mantener una campaña tradicional de quince días. 
Dicen que, limitar el plazo de campaña sería cercenar el principio de igualdad de oportunidades. Paradojas de la vida pero es que la contradicción es el hábitat natural de algunas candidatas.

Con los precedentes que hemos visto hasta ahora, es probable que vivamos un proceso de escalada verbal,  similar a la desagradable experiencia madrileña. Una desesperante secuencia de tensionamiento social que buscará el cuerpo a cuerpo con el PNV, el partido a batir por unos y otros.  

 El retorno a la realidad democrática nos va a traer un proceso bronco de confrontación en clave electoral. Salirse de ese guion  será fundamental para quien quiera liderar  el resurgimiento del país tras la hecatombe padecida. 

Y liderar el país significará afrontar con arrojo una situación económica  de emergencia. Afrontar las consecuencias de una crisis sin parangón  con una amenaza de paro  como hacía mucho tiempo que no conocíamos. Con una falta de certidumbre en el campo industrial que puede poner en riesgo a sectores productivos estratégicos del país.  Con un impacto brutal en el devenir de muchas pequeñas y medianas empresas, por no hablar de  iniciativas impulsadas por los autónomos.  El país, Euskadi, necesita recuperar el pulso, volver a ponerse en pie en una coyuntura que hoy es desoladora.

Según unas  primeras estimaciones , la caída en la recaudación de recursos públicos  motivada por el cese de la actividad económica puede dejar un agujero a nuestras instituciones superior a los dos mil millones de euros para el presente ejercicio. Una merma presupuestaria sin precedentes  que afectará a la capacidad del Gobierno, las diputaciones y los ayuntamientos para reaccionar eficazmente  frente a la crisis.  
Tanto en este ejercicio como en el siguiente. 

El grave problema podrá mitigarse  si las administraciones públicas, rompiendo moldes anteriores,  echan mano de nuevo endeudamiento. Hasta el momento, el control de la deuda  garantizaba la sostenibilidad  de nuestra economía. Pero  la gravedad de la  quiebra provocada por la pandemia del COVID 19 obligará a nuestras instituciones  a tirar del carro del consumo, de las prestaciones sociales, de las inversiones productivas para volver a poner en marcha el motor de nuestra economía. Y eso obligará a echar mano del endeudamiento como medida temporal de salvamento.

Es el momento de arriesgar. Y también de proteger el empleo encapsulado  en ceses temporales que no deben  transformarse en fórmulas de extinción definitiva porque se llevarían por delante la cohesión social de este país. Según datos de esta misma semana,  los trabajadores vascos afectados por los ERTES superaban los doscientos mil. Doscientas mil personas pendientes  de la continuidad de sus puestos de trabajo  y cuya estabilidad temporal solo está garantizada hasta el próximo mes de junio.  Y a estos hay que añadir quienes ya han ido directamente a engrosar la lista del paro.

Empleo, políticas anticíclicas,  inversoras,  fomentadoras del consumo, protectoras de la actividad. Eso es lo que necesita no solo el país. Lo necesita el Estado y el conjunto de Europa.  La Comisión Europea parece haberse puesto, por primera vez, la pilas para afrontar con rigor y osadía  una respuesta común a la crisis. La presidenta de la UE, Úrsula von del Leyen,  presentó  esta semana una propuesta de fondo comunitario por importe de 750.000 millones de euros destinados  a la reconstrucción económica de Europa.  La alternativa  apunta en la buena dirección. 

Aguas abajo, en Euskadi,  nuestro reto pasas por alimentar  la reactivación industrial como levadura que haga  volver  crecer el empleo y la riqueza comunitaria. 

Eso es lo que ahora toca. Parafraseando a Otegi, no es tiempo de broncas, ni de críticas, ni de confrontación. Es tiempo de forjar un gobierno fuerte que nos impulse a retomar la senda del crecimiento y del bienestar. Alejados de las politiquerías y del enfrentamiento discursivo que algunos empiezan a proponer. Necesitamos salirnos de la melé y dedicar todo nuestro empeño en recuperar la actividad  garantizando el empleo. Eso es lo que de nosotros reclaman miles de conciudadanos que aspiran a recobrar la normalidad en sus vidas.  Ahora toca, ponerse en pie y comenzar a  caminar.

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