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miércoles, 25 de abril de 2012

CARLOS URQUIJO EL TORTICERO.

El delegado del Gobierno español en Euskadi, Carlos Urquijo, ha expresado su respaldo a las Fuerzas Armadas y ha denunciado "la manipulación torticera" realizada por "algunos destacados dirigentes nacionalistas" sobre las maniobras realizadas en Elgeta. "Se ha utilizado políticamente algo que los vascos no sienten mayoritariamente como una preocupación", ha asegurado.



El delegado de Rajoy en la Comunidad Autónoma Vasca ha precisado que las maniobras del Ejército "se han realizado sin entorpecer la actividad normal de los ciudadanos y su quehacer diario". Urquijo ha apuntado que "resulta sospechosa la manipulación torticera que se ha hecho de las mismas por parte de algunos destacados dirigentes nacionalistas".


"Sólo políticos obsesionados con nuestra historia –ha recalcado Urquijo- pueden pensar que el Ejército prepara el calendario de formación de sus soldados en función de las vicisitudes históricas de España. Es sencillamente ridículo", ha asegurado.


¿Obsesionados por la historia? ¿Manipulación torticera?. Urquijo ha resucitado el peor discurso falangista que recordábamos en años. Se ha enfundado la chaquetilla blanca del “glorioso movimiento” para recordarnos, en el peor estilo del antiguo régimen que la memoria de nuestros muertos en Intxorta sólo cabe entenderse en ámbito de derrota, que las tropas militares tienen todo el derecho a pisotear su recuerdo y que , en el nombre de España, todo está permitido. Desde el mal gusto a la simple provocación.

Estoy seguro de que a Urquijo no le importaría que mañana –aniversario del bombardeo de Gernika- una escuadrilla de aviones F-18 sobrevolara el cielo de Urdaibai en maniobra de adiestramiento.

No sé de qué me extraño. Lo de Carlos Urquijo se veía venir. El problema es de quien determinó que en el siglo XXI se nombrara como delegado del Gobierno en Euskadi a un facha de tomo y lomo. Simpático, sí. Pero facha al fin y a la postre.




A algunos, la mayoría absoluta se les ha subido a la cabeza y sus tonterías faltan al respeto e insultan a nuestra inteligencia. Solo les queda cantar el “Cara al sol”. Y eso, sí que preocupa vivamente a mayoría de la sociedad vasca.

lunes, 9 de enero de 2012

CARLOS URQUIJO, EL "POCO DESEADO"

 
Carlos Urquijo es, desde la mañana de hoy, nuevo Delegado del Gobierno español en Euskadi. Urquijo ya ostentó en el pasado – aunque muy brevemente- dicho cargo durante la égida de Aznar.

El ex parlamentario alavés es un hombre controvertido. Le he conocido en el ámbito del Consejo de Administración de EITB y dejando lo personal a un lado – las relaciones humanas deben estar siempre al margen de las consideraciones políticas- , su perfil visceral y su escaso rigor a la hora de plantear su crítica, me hacen desconfiar del papel que pueda representar en la administración de “Los olivos”.

En la experiencia compartida –otros, en el parlamento habrán tenido mayor proximidad a su gestión- me queda  una nefasta  percepción. Lo digo porque  he visto cómo el hoy Delegado llegó a utilizar la falsedad  (acusó a los informativos de ETB de no proporcionar información  de un atentado terrorista cuando la televisión vasca sí emitió dicha crónica)  para menoscabar la credibilidad de los medios de comunicación públicos y de sus profesionales. Aquella alteración de la verdad era constatable. Tan sencillo como acudir a la videoteca y visionar nuevamente el teleberri o la pieza editada de los mismos que salió a antena. Pero Urquijo, por más que se le recriminó su actitud, fue incapaz de  alterar su discurso, tendente a criminalizar a los nacionalistas, entonces gobernantes.

La instrumentalización del terrorismo y sus consecuencias fue, en buena parte, su bandera política. Bien lo sabe Javier Balza, ex consejero de Interior, quien tuvo que soportar la desmedida locuacidad de Urquijo. Hasta el punto de utilizar datos “sensibles”  y de relevancia  de seguridad en inverosímiles discursos de agitación antinacionalista. Y, todo ello, sin pestañear, sin el menor gesto de responsabilidad o de enmienda.

Eran tiempos de criminalización absoluta. Todo era ETA y quienes no bailaban el agua al pensamiento único de Mayor Oreja éramos satélites, cuando no colaboradores del terrorismo.

No he olvidado aquella época en la que se nos ofendía hasta en los funerales a los que por desgracia, y por convicción democrática y humana,  estuvimos obligados a participar. Fue una angustia extrema. Sacudidos por el terror, jodidos moralmente y linchados, además, por una derecha gobernante que desplegaba toda su influencia mediática y opinativa con saña y sed de venganza.

Carlos Urquijo fue un peón de esa estrategia y pese a que sus excesos remitieran considerablemente tiempo después, sus “méritos” merecen ser recordados también en este nuevo tiempo. Porque tenemos memoria y dignidad. Pese a todo, mi felicitación por el cargo y suerte en su desempeño que , espero sea equilibrado.

Carlos Urquijo ha sido nombrado, en el último minuto, Delegado del Gobierno español en Euskadi. Digo esto porque  se aguardaba la llegada a dicho puesto de  otro Carlos, Olazabal. El liberal fuerista vizcaino, digno  descendiente del jurista Jose María Estecha, autor de la importante obra “Régimen político y administrativo de las Provincias Vasco Navarras”, tenía, según todos los indicios, los parabienes del Partido Popular Vasco para ser el representante del ejecutivo de Rajoy en la Comunidad Autónoma Vasca.
Olazabal, que durante 17 largos años había representado a los vizcainos y vizcainas  en las Juntas Generales  dimitió recientemente de su cargo en la Mesa de esa institución, al tiempo que renunciaba a su acta de apoderado. Su carácter dialogante y defensor de la foralidad le hacían un magnífico candidato para el puesto de “Delegado” o “Corregidor”, máxime en la nueva etapa que los populares pretendían abrir en Euskadi, de cara a afianzar un nuevo perfil vasquista del partido conservador.  Pero ni las promesas, ni la oportunidad política cumplieron sus expectativas. Una vez más, los equilibrios “familiares” partidarios, los arreglos de “conveniencia”  se impusieron frente a la lógica. Y Mayor Oreja y su séquito, que aún  pesa e influye en la madrileña calle de Génova, obtuvieron una recompensa (quizá escasa para ellos) en el nuevo tablero de influencia del PP gobernante en Moncloa. Así fue nombrado  y entronizado Carlos Urquijo, antes  conocido con el sobrenombre de “el breve” y ahora bautizado, en los entornos de Basagoiti como “el poco deseado”. Mis condolencias para el PP de Euskadi.

Y mi afecto para Carlos Olazabal. Frente a la galerna inesperada y al desengaño, siempre habrá tiempo para nuevas singladuras. Cuando el temporal amaine.