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viernes, 4 de mayo de 2012

REGURGITAR

Son muy pocos los niños que pasan la lactancia sin sacar nunca alguna que otra pequeña bocanada de leche, es decir, regurgitándola. Para referirse a este hecho, los progenitores no empleamos la incómoda palabra "regurgitación", pero tampoco asimilamos el incómodo episodio con el “vómito”, sino que aseguramos que la criatura “ha devuelto”. Son expresiones de matiz que diferencian sutilmente el hecho en cuestión. En el caso de los lactantes, el vómito es la expulsión activa, brusca y molesta del contenido gástrico, habitualmente en una sola tanda, casi siempre precedida de nauseas; mientras que al regurgitar se van devolviendo repetidamente y con poca fuerza pequeñas cantidades de leche, sin aviso ni incomodidad.



Las regurgitaciones son normales en los bebés, debido a una conjunción de factores tales como la inmadurez del mecanismo valvular de cierre de la entrada del estómago, la continuidad de la postura horizontal y la alimentación líquida que en exclusiva se les proporciona.

Es, por tanto, normal que los bebés regurgiten. Si eso no les impide ganar peso ni hay ningún síntoma sospechoso, basta con esperar el paso del tiempo, la alimentación de sólidos, mayor verticalidad postural y el eficiente cierre de la vávula de la boca del estómago, para que los episodios remitan satisfactoriamente.


Hace ya muchos años que como padre de criatura padecí –padecimos- los efectos del reflujo gástrico de nuestra hija. Toda ella era una preciosidad de niña. Pelona –rubia-, blanquita, risueña, dormilona... Tenía todos los condicionantes habidos y por haber para que un padre se sienta orgulloso de su retoño. Atontado por tener un querubín tan hermoso y precioso me convertí en un aitatxu con babero. El babero, inicialmente era para mí, pero cuando comenzaron las “devoluciones” gástricas, bien pudiera haber servido también para la chiquilla en cuestión.

Aquello era imprevisible. Reluciente como una patena, con su trajecito de perlé, sus bordaditos y lazos en el coche capota. Entre “ajjo” y “ajjo”, aquel pequeño angelito sonreía inocentemente para alegría de quien la contemplaba y , de repente y sin aviso alguno, bocanada al canto. ¡Qué olor!. ¡Que peste! ¡qué asco!. Ni el nenuco era capaz de enmascarar aquellos efluvios agrios de leche fermentada. Bastaba con tomarla en brazos para que la criatura regurgitara nuevamente y te fueras con su oloroso regalo a cuestas en el jersey o la camisa.

El pediatra nos aconsejó bien. Nada de movimientos bruscos y colocar la cuna en desnivel, favoreciendo la verticalidad corporal. Así lo intentamos. Contribuyó a aquel cambio de posición, disponer de una buena biblioteca. La incidencia de los libros –que no de su literatura- en la corta edad de aquella chiquilla comenzó por calzar la cuna en el extremo en el que reposaba la cabeza para propiciar el efecto de plano inclinado. Tres fueron las publicaciones que trastocaron las primeras semanas de vida de mi hija. La primera era una edición facsimil de “El Fuero nuevo”. El segundo libro era una “Historia de la Teoría Política” de G. Sabine y el tercer volumen en discordia correspondía a la actualización de las páginas amarillas del listin telefónico. Fuero, historia, pensamiento y márketing telefónico al servicio de un estómago inmaduro.

Pero ni con la influencia del conocimiento bajo el lecho infantil (el libro de Sabine tenía casi 700 páginas), aquello mejoró. Lo cierto es que una vez acostumbrado al espasmo improvisado de líquidos malolientes, supe encontra a quel efecto, su vertiente positiva. Sí, lo confieso. Utilicé, en ocasiones, a mi heredera, como arma de selectiva de defensa.

Cuando paseas con un bebé por la calle, siempre hay simpáticas personas que se te acercan a hacer monerías a la niña. “Ay que potxola. ¿Me dejas cogerla en brazos?. Será solo un momentito”. Y yo decía: “Sí mujer, cómo no. Es un angelito”. Y con el “angelito” en brazos ocurría lo inevitable. Como el surtidor del “Manneken Pis”, pero por la boca. Derivado lácteo de olor indefinible a la chaqueta de la fugaz admiradora de la niña . “Ay!. Ha sido sin querer. Ya lo siento, le ha manchado la blusa”. “No , no pasa nada, son cosas de chiquillos”.


Y así, en poco tiempo, los moscardones sólo curiosearon a distancia.
Con los primeros purés y las frutas trituradas con galleta, el reflujo y las regurgitaciones desaparecieron. La criatura, según las predicciones médicas, creció sana y la lavadora y la pituitaria del núcleo familiar lo agradeció.

Antonio Basagoiti no tiene la edad de un niño de cuna, aunque , a veces, lo aparente. Sonríe, ronronea y , cuando menos te lo esperas, regurgita. Bueno, unas veces devuelve y otras vomita (intencionadamente). Lo hace discursivamente. Con la incontinencia de quien tiene una válvula todavía inmadura que provoca la deposición de sus ideas más abyeptas. Su última vomitona ha rozado la xenofobia. Emulando a Le Pen o a un escorado Sarkozy, ha barruntado que habría que dejar sin prestación sanitaria a los inmigrantes sin papeles. Después del estropicio, ha pretendido arreglarlo hablando de los bolivianos que trabajan en Euskadi. Siempre es la misma técnica; regurgitación y posterior excusa. Lo hizo cuando comparó a Patxi López con Homer Simson, o cuando denominó a Currin y su Grupo Internacional de Contacto de “mercenarios”.

Son muchos –demasiados- los ejemplos en los que la desmesura ha caricaturizado al presidente de los populares vascos. Y sus vomitonas han pringado, siempre que ha podido, la chaqueta del lehendakari López, que se obstina en mantenerlo en brazos a pesar de la plasta. Su descontrol desaconseja cualquier aproximación a su persona. Tendrá que crecer si pretende hacer amigos. Crecer y controlar sus tripas, de donde provienen buena parte de sus discursos. Es hora ya de que empiece a comer sólidos. Potitos o papilla. Porque en política, los inmaduros no hacen gracia. Abochornan.

lunes, 9 de enero de 2012

CARLOS URQUIJO, EL "POCO DESEADO"

 
Carlos Urquijo es, desde la mañana de hoy, nuevo Delegado del Gobierno español en Euskadi. Urquijo ya ostentó en el pasado – aunque muy brevemente- dicho cargo durante la égida de Aznar.

El ex parlamentario alavés es un hombre controvertido. Le he conocido en el ámbito del Consejo de Administración de EITB y dejando lo personal a un lado – las relaciones humanas deben estar siempre al margen de las consideraciones políticas- , su perfil visceral y su escaso rigor a la hora de plantear su crítica, me hacen desconfiar del papel que pueda representar en la administración de “Los olivos”.

En la experiencia compartida –otros, en el parlamento habrán tenido mayor proximidad a su gestión- me queda  una nefasta  percepción. Lo digo porque  he visto cómo el hoy Delegado llegó a utilizar la falsedad  (acusó a los informativos de ETB de no proporcionar información  de un atentado terrorista cuando la televisión vasca sí emitió dicha crónica)  para menoscabar la credibilidad de los medios de comunicación públicos y de sus profesionales. Aquella alteración de la verdad era constatable. Tan sencillo como acudir a la videoteca y visionar nuevamente el teleberri o la pieza editada de los mismos que salió a antena. Pero Urquijo, por más que se le recriminó su actitud, fue incapaz de  alterar su discurso, tendente a criminalizar a los nacionalistas, entonces gobernantes.

La instrumentalización del terrorismo y sus consecuencias fue, en buena parte, su bandera política. Bien lo sabe Javier Balza, ex consejero de Interior, quien tuvo que soportar la desmedida locuacidad de Urquijo. Hasta el punto de utilizar datos “sensibles”  y de relevancia  de seguridad en inverosímiles discursos de agitación antinacionalista. Y, todo ello, sin pestañear, sin el menor gesto de responsabilidad o de enmienda.

Eran tiempos de criminalización absoluta. Todo era ETA y quienes no bailaban el agua al pensamiento único de Mayor Oreja éramos satélites, cuando no colaboradores del terrorismo.

No he olvidado aquella época en la que se nos ofendía hasta en los funerales a los que por desgracia, y por convicción democrática y humana,  estuvimos obligados a participar. Fue una angustia extrema. Sacudidos por el terror, jodidos moralmente y linchados, además, por una derecha gobernante que desplegaba toda su influencia mediática y opinativa con saña y sed de venganza.

Carlos Urquijo fue un peón de esa estrategia y pese a que sus excesos remitieran considerablemente tiempo después, sus “méritos” merecen ser recordados también en este nuevo tiempo. Porque tenemos memoria y dignidad. Pese a todo, mi felicitación por el cargo y suerte en su desempeño que , espero sea equilibrado.

Carlos Urquijo ha sido nombrado, en el último minuto, Delegado del Gobierno español en Euskadi. Digo esto porque  se aguardaba la llegada a dicho puesto de  otro Carlos, Olazabal. El liberal fuerista vizcaino, digno  descendiente del jurista Jose María Estecha, autor de la importante obra “Régimen político y administrativo de las Provincias Vasco Navarras”, tenía, según todos los indicios, los parabienes del Partido Popular Vasco para ser el representante del ejecutivo de Rajoy en la Comunidad Autónoma Vasca.
Olazabal, que durante 17 largos años había representado a los vizcainos y vizcainas  en las Juntas Generales  dimitió recientemente de su cargo en la Mesa de esa institución, al tiempo que renunciaba a su acta de apoderado. Su carácter dialogante y defensor de la foralidad le hacían un magnífico candidato para el puesto de “Delegado” o “Corregidor”, máxime en la nueva etapa que los populares pretendían abrir en Euskadi, de cara a afianzar un nuevo perfil vasquista del partido conservador.  Pero ni las promesas, ni la oportunidad política cumplieron sus expectativas. Una vez más, los equilibrios “familiares” partidarios, los arreglos de “conveniencia”  se impusieron frente a la lógica. Y Mayor Oreja y su séquito, que aún  pesa e influye en la madrileña calle de Génova, obtuvieron una recompensa (quizá escasa para ellos) en el nuevo tablero de influencia del PP gobernante en Moncloa. Así fue nombrado  y entronizado Carlos Urquijo, antes  conocido con el sobrenombre de “el breve” y ahora bautizado, en los entornos de Basagoiti como “el poco deseado”. Mis condolencias para el PP de Euskadi.

Y mi afecto para Carlos Olazabal. Frente a la galerna inesperada y al desengaño, siempre habrá tiempo para nuevas singladuras. Cuando el temporal amaine.

lunes, 19 de diciembre de 2011

EL PP HACE LA CAMPAÑA A LA IZQUIERDA ABERTZALE

 
Vuelvo a coincidir con lo dicho por Jesús Eguiguren. Se sigue haciendo campaña a “Amaiur”, la Izquierda Abertzale o como se quiera denominar. La decisión de la Mesa del Congreso de rechazar  el recurso  de esta coalición en relación a la constitución de un grupo parlamentario propio, es una torpeza política de primer nivel. Al margen de cuestiones  formales, puesto que el reglamento  podía ser interpretado de manera más amplia, la cerrazón con la que el PP ha contestado a “Amaiur” pone en evidencia la necesidad de retroalimentación  que los polos políticos tienen entre sí. Y eso es malo pues nos lleva a derivas ya conocidas en las que la “acción-reacción” se convierte en una dinámica que terminará por envolverlo todo.

La Izquierda Abertzale ha sabido rentabilizar el victimismo como un combustible idóneo para su estrategia política. El vivir permanentemente perseguido, asediado  por  los poderes públicos le ha hecho fuerte frente al electorado y la opinión pública.

Bajo la coraza de sentirse atacada, la Izquierda Abertzale esconde  todas sus debilidades y contradicciones y, como en el judo, utiliza la fuerza que el adversario imprime sobre su organización para devolver el golpe. Es decir que cuanto más acoso, más razones para argumentar su radicalidad.

El PP, en un primer análisis, quizá también esté interesado en mostrarse radical frente a la Izquierda Abertzale. Tiene, dentro de su universo de apoyo, a mucho recalcitrante  que jalea y arenga a los de Rajoy para que mantengan a raya a los “batasunos”.  Y en su inconsciencia del “mamporro” como receta política enquistan un nuevo campo de juego democrático que debiera haberse ampliado en sus dimensiones desde  la declaración de “cese definitivo” de la violencia por parte de ETA.

No es lógica la reedición de las trincheras cuando todo el mundo exige diálogo. No es inteligente, pues legitimados cada cual en sus papeles institucionales y de representación, unos y otros se necesitarán en algún momento para gobernar o para llevar adelante acciones sectoriales o puntuales.  No resulta entendible que  en determinadas instituciones se sumen votos y en el ambiente general  se nieguen el saludo.

Basagoiti debiera hacer que su voz fuera escuchada en Génova.  Si su intención es buscar un nuevo espacio para el PP vasco no debiera permitir que los argumentos de Mayor Oreja o San Gil ganaran posiciones en el partido gobernante en el Estado. Los tiempos del enfrentamiento lastraron la imagen y la credibilidad de los populares en el electorado vasco. Llevaron a sus siglas a ser consideradas  -según todos los estudios sociológicos- como la del partido menos deseado de la sociopolítica vasca.

Basagoiti se ha empeñado en recuperar la imagen de centralidad del PP y estos primeros coletazos de su nueva “mayoría absoluta” en nada le ayudan  en su esfuerzo. Al contrario, pues la Izquierda Abertzale vive como pez en el agua en esta situación.

Además, no es  de recibo pedir tiempo a los demás para, sin presiones, poder abordar los problemas anotados en la agenda, y, en paralelo,  sacudir el avispero para agitación general. Así, que jueguen ellos. Que los demás ya nos cuidaremos de establecer nuestras propias decisiones en virtud de los comportamientos de cada cual.

Por eso coincido, una vez más con Jesús Eguiguren; el PP hace la campaña a la Izquierda Abertzale. Un poquito de formalidad. Poco, pero que dure.  

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL PP VASCO BUSCA ESPACIO

Las elecciones generales les ha dejado “tocados”. Ni la marea de quienes se manifestaban favorables a la alternancia política en el Estado propiciada por la indignación del paro y de la crisis, ni el desgaste socialista, ni el simple hecho de que los comicios fuesen estatales, le ha reportado beneficio alguno.



Más bien al contario. El PP vasco no crece. Ni a la sombra de Rajoy ni por su apoyo condicionado al Gobierno de Patxi López.


Por eso Antonio Basagoiti y los suyos han iniciado un ciclo de reposicionamiento. Volantazo a la izquierda y a la derecha. La cuestión es abrirse un hueco de cara a los nuevos tiempos políticos que se avecinan.

El acuerdo fiscal con el PNV – se recupera el impuesto de Patrimonio-, que afea la posición mantenida por su socio preferente, el pacto presupuestario en Bizkaia, donde los populares han cerrado un compromiso con el gobierno foral de Jose Luis Bilbao –seis enmiendas con un impacto real de 2,7 millones de euros- y otras iniciativas conjuntas con los jeltzales buscan un doble efecto.

El primero, el efecto “cuernos”, es decir exhibir ante los socialistas y Patxi López, la capacidad de actuar políticamente con el “manos libres”. No hay pacto ni acuerdo que les ate ya a un “socio preferente”. Y eso, como en el Mercader de Venecia, aproxima el cuchillo al corazón de Ajuria Enea, donde el pago de la libra de carne más cercana a la mencionada víscera por su entronización gubernamental está próximo.

El segundo tiene un componente cosmético. El PP vasco de hoy quiere lavar su imagen pasada. Le costará, pero multiplica sus esfuerzos para que las secuelas dejadas por Mayor Oreja o San Gil, desaparezcan del imaginario colectivo de esta sociedad.

Basagoiti ha modulado su mensaje. Sabe que en el horizonte político “a cuatro” que se ha establecido en Euskadi la radicalidad no renta. Sólo ofrece resultados a la Izquierda Abertzale que necesita alimentar su victimismo como motor de un cuadro reivindicativo permanente.

El PP conoce que no ha participado en demasía en la conquista de la paz. Así lo reconocen todos los estudios sociológicos. Pero, pese a esa carencia, será el PP quien tenga que gestionarla y poner el broche final al episodio de violencia protagonizado por ETA.

Su mayoría absoluta, lejos de ser una amenaza, se ha convertido en una oportunidad – lo ha reconocido el propio Otegi, que ha entrado en campaña de la mano de Vocento-. Y esa opción ayudaría especialmente en esa transición vasquista que Basagoiti apadrina.

Sus recientes encuentros con los líderes del PNV (que no ha contado con el efecto propagandístico que pretendía) y Aralar, así como su inmediata cita con Eusko Alkartasuna, desembocarán, más tarde o más temprano, con una cita con la Izquierda Abertzale. Aún es pronto, pero esa foto llegará. Y será una buena instantánea para todos, porque con ella se romperán las tabúes que nos esclerotizan.

Quien no sepa leer todos estos movimientos, no será capaz de percibir que , por primera vez en mucho tiempo, el juego democrático tendrá un tablero con casillas permeables en las que las fichas ya no se moverán bajo los únicos vectores de “Abertzales” y “constitucionalistas”, sino que, como la reina del ajedrez , podrán desplazarse en cualquier dirección.

El PP busca espacio propio. Ojala lo encuentre. Si lo logra, la política vasca se encontrará en la antesala de la normalización política. Y la normalización política, junto al bien supremo de la paz, cimentarán una nueva Euskadi.

lunes, 9 de mayo de 2011

JAMÁS DE LOS JAMASES

Antonio Basagoiti ha trasladado su campaña a Madrid. Lo cierto es que la capital del Estado siempre ha sido su polo de atracción básica en política. Es legítimo. Cada cual se siente como quiere.

El líder vasco del PP ha acudido a la capital del reino para acallar las voces de Mayor Oreja e Iturgaiz que, a coro, habían pedido la ruptura del acuerdo con el PSE de Patxi López. Basagoiti ha dicho lo contrario. Lo ha afirmado con contundencia. Sin rodeos y con la claridad y vehemencia que acostumbra. “Jamás” romperá el pacto con el PSE ya que "los pactos sólo los puede romper quien los incumple, jamás quien los cumple”.

Para quien tuviera alguna duda de la fortaleza del consenso de hierro entre populares y socialistas, quedan sus palabras. Y los dardos que le ha lanzado a Iñigo Urkullu de quien ha dicho que “le importan más los batasunos que los parados”.

Las campañas electorales tienen eso, la capacidad de hacer volar los puentes que con dificultad se construyen lejos de los focos de la actualidad. Urkullu y Rajoy lo habían intentado en diversas ocasiones pero, cada vez que alguien ha conseguido aproximar posiciones entre nacionalistas y populares, ha existido un boicoteador de ha dinamitado las pasarelas frágilmente extendidas.

Algo parecido a lo ayer afirmado en Madrid insinuó Basagoiti en un acto en Gasteiz. Me hizo sonreír, no por el aserto, sino por el gesto del candidato a la alcaldía, Maroto, quien como “hooligan” apasionado supo acompañar la gracia con un “muy bien”, rompiendo a aplaudir enrabietado.

Lo de los planos en televisión es algo que los partidos cuidan, pero no siempre. Desde hace un tiempo se ha puesto en boga el acompañamiento coral a la figura central. Candidatos/as, jóvenes, inmigrantes, chicos/as guapos/as… acompañan en el tiro de cámara al protagonista principal. Se pretende identificar la imagen con valores de pluralidad, modernidad, diversidad, etc.

La faena comienza cuando uno de los extras se duerme, o come chicle, o se hurga en la nariz. En la noche electoral en la que CiU ganó las elecciones catalanas, pudimos ser testigos de lo que un experto en imagen jamás deberá permitir.

El candidato-president debía comparecer para expresar sus primeras impresiones tras la victoria electoral. Le precedió en el uso de la palabra Durán quien casi tuvo que ser retirado del micrófono por los mossos d”esquadra. Ante el inusual protagonismo del líder de Unió, llegó Mas, acompañado por su esposa. Tuvo que hacerse sitio a empujones. Para centrar el encuadre, Durán engrosó la ya nutrida fila trasera al candidato-presidente. Y el espectáculo continuó. Uno que sudaba se secaba la frente con un pañuelo. Durán comenzaba a mandar mensajitos por el móvil compulsivamente. Otro sacaba la copa de cava en el encuadre. Y el bueno de Artur Mas tuvo que acortar su intervención para no hacer más el ridículo. Como el camarote de los hermanos marx.

Sentarse justo en la verticalidad de la cámara es como posarse en la silla eléctrica (algunos así denominan a este puesto). Es pura incomodidad. Si, además, lo que escuchas chirría, el mal rato puede ser de aupa.

Me imagino a Pérez Rubalcaba el otro día en Donostia moviéndose más que un ratón encima de un queso. López, el lehendakari, había dicho a quien le quisiera oír que no iba a hablar más de “Bildu”. Fiel a su promesa, “Bildu” fue su “pildorazo” del día. Anunció, ante la perplejidad de propios y ajenos que “no pactará” con la coalición “ni en diputaciones ni en ayuntamientos”. ¿Pactar con “Bildu”?. Primero, le tendrán que dar los números para un posible pacto (que lo dudo). Y, en segundo lugar, ¿pero no tiene ya un pacto con el PP?.

Pese a la afirmación de “perogrullo”, todos los medios – los condescendientes- abrieron sus ediciones informativas con esa declaración. ¿No había más?.

Basagoiti se ha encargado de centrar la posición (por eso el eslogan de los populares es “centrados”); hay pacto con el PSE y no se va a romper “jamás”. Jamás de los jamases.

miércoles, 9 de marzo de 2011

BASAGOITI Y SUS OCURRENCIAS

Antonio Basagoiti es, quizá, el líder que el Partido Popular necesitaba en Euskadi tras la ponzoña de Mayor Oreja y la amargura de María San Gil.



El PP vasco necesitaba sacudirse los tics autoritarios y carcas que lastraban su imagen en Euskadi. Y allí apareció Basagoiti como aire fresco , renovador y nuevas intenciones de apertura.


Pero, en su intento regenerativo y de proximidad, Basagoiti ha prodigado últimamente algo que hoy es menos recomendable que el tocino para el colesterol; la ocurrencia en la comunicación política.


Es cierto que las formaciones políticas viven condenadas a desarrollar su función al amparo de los medios de comunicación. La dictadura de los “30 segundos”, “el pildorazo declarativo”, el “titular condensado”, hace estragos, pues convierte el mensaje en una fugaz afirmación cuya principal característica sea el impacto.


Así, en aras a buscar repercusiones eficaces, muchas veces los portavoces políticos se ven obligados a decir tonterías infames.


La búsqueda permanente del titular periodístico ha hecho perder a Antonio Basagoiti buena parte de su crédito. Es, salvado el caso, como el cuentachistes de un espectáculo barato. ¿Se acuerdan del embajador venezolano y el detector de metales? ¿O del “mercenario” Currin y su “banda”?.


Ayer, con motivo de la filtración –no contrastada como siempre- según la cual ETA pretendió atentar contra el lehendakari López, Basagoiti volvió a derrapar. "Si hasta ahora los lehendakaris no estaban en el punto de mira – afirmó el dirigente del PP vasco- es porque no se hacía lo que se debía" .


La declaración se califica por sí misma. Solo le faltó concluir su afirmación con un sonoro “Cuñaoooo!”. Patético.


Lo del victimario y su recorrido mediático empieza a ser un tanto cansino.


Vaya por delante mi respeto y consideración a todas las víctimas. Pero, me da la impresión que en medio de tanto reconocimiento de justicia hay una parte de inflación de notoriedad, aprovechada por algunos en beneficio propio.


Un ejemplo. El 18 de diciembre de 2000, artificieros de la Ertzaintza desactivaban una bomba situada en un ascensor de la Facultad de Periodismo en Leioa. El atentado frustrado obtuvo por entonces gran impacto mediático. Los terroristas, supuestamente, habían tratado de asesinar a alguna voz discordante con el nacionalismo gobernante.


Recuerdo una curiosa pugna en la que dos contumaces portavoces del “Basta ya” se disputaban ser el destino del artefacto. Edurne Uriarte y Gotzone Mora llegaron incluso a polemizar por aquel hecho. Pero de aquel atentado frustrado nunca más se supo.


Desde el año 2000 hasta ahora, han sido decenas los activistas de ETA detenidos por las distintas policías. Las investigaciones y sus supuestas declaraciones han venido a aclarar atentados cometidos, planificados, frustrados e incluso los descartados. No se si de los ordenadores de “Susper” o de los de algún otro, se nutrió a la policía española de algo así como la “piedra roseta” que daba respuestas a todo, pero , lo cierto es que , en los últimos años se ha puesto nombre, cara y ojos a todos y cada uno de los atentados perpetrados por ETA.


Sin embargo, de aquel paquete explosivo de la Universidad Vasca nadie se ha hecho responsable. ¿Se habrán olvidado de él?. ¿Lo colocó un activista desmemoriado?. No se – parafraseando a Basagoiti- si entonces el PP y quienes le bailaban el agua, hacían o no lo que debían. Lo que nunca haré será frivolizar con el sufrimiento ajeno. Algunos, por el contrario, lo hacen hasta con el propio. ¡Que vergüenza!

viernes, 18 de febrero de 2011

CON LAS MANOS FRÍAS

Mi madre, como toda madre, tiene dichos evocadores. Casi siempre tiene respuestas. Algunas instintivas, otras con mayor grado de maduración. Así, si entras en su cocina y dices “que bien huele”, la contestación será automática; “mejor sabrá”. Si interrogas demasiado y terminas inquiriendo “a dónde vas?”, corres el riesgo de que obtengas como réplica aquello de “a joder preguntadores”.


Digo todo esto porque a tenor del lío y el barullo que se ha montado alrededor de la Izquierda Abertzale -¿sabíamos o no que son maestros del enredo?-, cabe alzar la voz para intentar poner un poco de orden en el tráfico y decir aquello de “formalidad!, poca, pero que dure”.

Formalidad y educación. Yo pensaba que los niños bien de la derecha tenían más clase de la que viene demostrando su jefe de filas en Euskadi. Calificar a Brian Currin de “mercenario” y al grupo de mediadores por él liderado de “banda” es, cuando menos, una ocurrencia grosera. Sobre todo, cuando los mencionados “facilitadores” tienen tras de sí bagajes personales tan destacados como haber sido secretario general de la Interpol, defensora del pueblo de Irlanda del Norte, colaborador de la ONU en la defensa de los derechos humanos o asesor en las negociaciones de paz de Camp-David entre israelíes y palestinos.

Seguramente, para contrastar tamaña idiotez, Antonio Basagoiti podrá exhibir su propio currículo personal como rasero de sus comparaciones talentosas.
Está bien que la gente manifieste lo que le gusta o no, que pueda mostrar su desacuerdo o adhesión a la iniciativa de Lokarri con Currin y su grupo internacional. Pero de ahí, a competir en el insulto con Jimenez Losantos va un largo trecho.

A Basagoiti le vendría bien (por si el talento es contagioso), mantener un contacto con Alberto Spektorowski. Spektorowski es actualmente profesor de Ciencia Política en las Universidades de Tel Aviv , Columbia (Nueva York) y Wisconsin (Madison, USA) entre otras. Fue asimismo consultor del ex ministro de Israel, Ben Ami y miembro del equipo de la Cancillería israelí durante las negociaciones de paz de Camp David.
Yo tuve la fortuna de coincidir con él hace unos años en una visita que hizo a Euskadi. Me impresionó su lucidez, su agudeza mental y el conocimiento que tenía de este país. En resumen; una “lumbrera”.


Seguimos con “Sortu” y el guión preconcebido y anunciado semanas atrás. Hoy toca manifestación. “Hacia la paz, legalización” es el lema. Churras, merinas, latxas y hasta alguna caranegra carranzana. Todo bien mezclado. Y el que enreda, pesca.


La Izquierda Abertzale había anunciado solemnemente que el camino a la legalización lo iba a practicar en solitario. Que era una asignatura que les competía a ellos. Pero, de buenas a primeras, y siguiendo la tradición, han buscado pescar en río revuelto. So pretexto del momento histórico, de la responsabilidad, de la justicia, de la solidaridad y de no sé cuantas cosas más, han hecho un llamamiento “ad hominem” de cara a captar adhesiones “independientes” y su convocatoria ha encontrado eco.

Uno no sabe diferenciar ya si esas complicidades que a modo individual se han sumado a la convocatoria responden a la libertad de espíritu de los adheridos o, como diría mi madre, al interés de “tocar los cataplines” a algunos (me refiero al PNV).


Sortu no es “Udalbiltza” ni “Egunkaria”. Es, no lo olvidemos, una formación política con vocación de competir y derrotar al nacionalismo vasco del PNV. Salir a la calle para reclamar su legalización puede tener su dosis de buena intención pero quien lo haga – libre y legítimamente- que no olvide que su apoyo va a ser interpretado más allá de un simple sentimiento de solidaridad o de defensa de los derechos humanos. Quien vaya sabe a qué va ir. Unos, desde hace tiempo y por pura estrategia de supervivencia, han asumido el papel de “palmeros” de la nueva marca de la Izquierda Abertzale. Que no se molesten los dirigentes de EA por esta consideración. Ha sido su decisión y es respetable.


Lo que ya no se entiende tan bien es que, otros, pretendan sumarse a la procesión de tapadillo y de rondón como si su participación fuera la de quienes, inocentemente, salen a la calle a cantar el “Viva la gente”. No se puede estar en “misa y repicando”.


A nadie le gusta que le hurguen en sus genitales. Y mucho menos que lo hagan con las manos frías.


El partido que preside Urkullu está molesto. No me extraña. Después de todo lo que está haciendo para la emancipación sea posible – ha puesto el tiempo, la oportunidad y se ha brindado como puente para propiciarlo-, a las primeras de cambio, es pagado por los “oleagas” de turno con una tocada de pelotas en toda regla.


Más le vale a la Izquierda Abertzale no continuar con este juego. Aunque encuentre voluntarios propios o ajenos con las manos frías dispuestos a ello. El respeto en la interlocución que hasta ahora ha encontrado en el PNV está en liza.

viernes, 26 de noviembre de 2010

PATXI BASAGOITI


Bandazo de marketing político en Ajuria Enea. Los asesores del lehendakari López siguen sin acertar con la estrategia de comunicación. Lo están intentando todo. Y no dan con el efecto deseado. Las encuestas y estudios sociológicos que llegan hasta sus manos repiten machaconamente que pese a la notoriedad adquirida por el lehendakari, la valoración que de él hacen los encuestados es negativa e insuficiente.

En una primera etapa, tras las elecciones y el acceso al gobierno de la mano del PP, los asesores de Ajuria Enea pivotaron su acción de cara a consolidar la imagen del “cambio tranquilo”, de la “modernidad transversal” de un nuevo ejecutivo en contraposición al “tripartito identitario” precedente. La foto del diván de las vanidades representa aquella etapa que las malas notas del euskobarómetro obligaron a reorientar.


La presencia pública permanente y la interlocución política y social del nuevo lehendakari fueron a partir de entonces los objetivos a trabajar. El lehendakari se reunía – por primera vez-, con los diputados generales, con Eudel, con los sindicatos, con los empresarios, con los dirigentes políticos… Un encuentro y no más. Un amplio álbum de instantáneas sin continuidad ni contenido. Y, además, actos de todo tipo. Inauguraciones, conferencias, congresos, seminarios, premios, visitas, etc. Fotos y más fotos. Actividad presencial frenética con apoyo logístico de los medios de comunicación públicos. El lehendakari ganó en conocimiento, pero la nota siguió sin crecer. La zozobra volvió a cundir en las esferas socialistas. El papel de “reina madre” no daba réditos.


Así se planificaron “golpes de efecto” vinculados a la gestión. Se trataba de escenificar que el Lehendakari había abandonado el sofá y gobernaba. El pleno de política general, a finales de septiembre, marcaba el inicio de la nueva ruta. Como decía un comentarista político de Vocento, el énfasis se volcaba en la gestión. Pero el acuerdo del PNV con Zapatero en la transferencia de las políticas activas de empleo fue como un torpedo en la línea de flotación del nuevo barco. Hundido antes de su botadura.


La percepción de que el PNV gobernaba desde la oposición, como meses atrás había vaticinado, había calado en la opinión pública, y el lehendakari López volvía a quedar en tierra de nadie, como un “Tancredo” al paso de la actividad política que se movía, aquí y en el Estado al margen de su presencia ornamental.


El acuerdo de estabilidad alcanzado entre Zapatero y Urkullu, las expectativas de pacificación en las que el lehendakari se ha vuelto a quedar fuera de juego, han terminado por sacar de quicio a los estrategas de comunicación. Se impone un nuevo viraje y, con determinación, se ha dispuesto un nuevo rol para Patxi López.


Como decía recientemente Tonia Etxarri en un artículo que confirma el cambio de tendencia, se acabó el tiempo en el que el lehendakari “ponía la otra mejilla”. “Se acabó. El aguante tiene un límite. Es la hora del contraataque”. Y, en dos días, López tiró de sal gorda para denunciar un “boicot del PNV a EITB” y para, pretendiendo censurar a los jeltzales, cometer su primera torpeza comunicativa en esta nueva singladura.


Así, el lehendakari Patxi López, acusaba al PNV de "venderse al mejor postor" con tal de acabar con él, porque ese es su "único objetivo" en política. "No van a tener –continuaba- ni mi cabeza ni el Gobierno y vamos a demostrarles que el cambio que hemos iniciado en Euskadi no tiene marcha atrás; al revés, vamos a extenderlo a diputaciones y ayuntamientos, porque es lo que necesita la sociedad vasca".


¿Venderse al mejor postor? ¿Pero el pacto del PNV no ha sido con Zapatero? ¿Acaso López interpreta que ZP pretende quitarle del medio?. Quizá sus fieles correligionarios vascos se hayan sentido aliviados por el nuevo talante combativo de su secretario general, pero en su arranque dialéctico ha herido con fuego amigo al presidente de su gobierno. Además, ha dado la munición que necesitaban a quienes han utilizado y ahora utilizarán con mayor fuerza el argumento de una coalición de facto entre el Partido Socialista y el PP contra el nacionalismo vasco. Dos errores imperdonables en política. Imperdonables salvo para su aliado Antonio Basagoiti, para quien errar o acertar en el mensaje está demás. Lo importante es encajar un buen titular, aunque para ello se invente declaraciones estrafalarias o salidas de tono.


Tonia Etxarri, tan acertada como siempre, aseguraba en su escrito, que la nueva política comunicativa de López será más “contundente” y que “quizás necesite ir acompañada de un «plante» a Zapatero”. (Lo mismo que viene reclamado Basagoiti desde hace meses).



El lehendakari lo ha intentado ya. El pasado lunes, en Madrid, media hora antes de comenzar la Comisión Mixta del Concierto y ante la falta de acuerdos puntuales entre la delegación española y la de la Comunidad Autónoma –formada por el Gobierno y las diputaciones-, el Consejero Aguirre planteó a los diputados generales levantar el campamento y desairar al equipo de Elena Salgado impidiendo la reunión. Había que “plantar” al Gobierno español en “defensa de los intereses de Euskadi”. ¿Curioso, verdad?. Sin embargo, fueron las diputaciones –gobernadas por el PNV radical- quienes llevaron al ejecutivo de López a la mesa de negociación y allí, se firmaron los aspectos en los que hubo acuerdo. Las desavenencias quedaron para ser pactadas otro día, porque el consenso también llegará.


Atentos por lo tanto al cambio de perfil mediático del lehendakari. Patxi va a ser, cada día menos López y más Basagoiti. ¿Será por el orden alfabético en el cambio de apellido?. O ¿ por los eternos problemas de “comunicación?. Tiempo al tiempo, pero algún asesor parece pretender que el lehendakari se haga el harakiri.