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martes, 8 de noviembre de 2011

ENTRE BARBA Y BARBA, EL BIGOTE DE CAMPO VIDAL

No pensaba hablar del debate. Me parecía obsceno alimentar la sobrecarga propagandística de este encuentro televisivo. El “careo”, emitido “urbi et orbe”, por interesante que resulte a la hora de contrastar opciones,  rompe el principio de igualdad de oportunidades entre las formaciones competidoras de los comicios generales.

La fórmula del debate a dos  achica el campo de juego y convierte en meros espectadores a quienes también son protagonistas del lance electoral. Los hace invisibles para el gran público y convierte en monopolio el derecho de información. Y en democracia, como en la economía de libre mercado, los monopolios debieran extinguirse.

Es como en el fútbol,  no hay actualidad balompédica que no pase por el Real Madrid o el Barcelona y hasta la más pequeña ocurrencia de Mourinho o del endiosado Cristiano Ronaldo  se convierte en noticia de referencia por unos medios de comunicación entregados al reduccionismo de “merengues” y “culés”. El resto de los equipos y sus avatares son tratados como comparsa por unas empresas periodísticas que comienzan a dar repelús por su sectarismo.

Vayamos al debate. Primera conclusión; Euskadi no existe. Ni tan siquiera en el ámbito tópico del terrorismo y su finalización histórica. Ni para Rubalcaba ni para Rajoy merecemos comentario alguno. Dice Urkullu que sin ETA, Euskadi se va a salir del mapa. Rajoy y Rubalcaba, anoche, nos sacaron de él. Ni un simple guiño. Argumentarán que el contraste  pretendía abordar la problemática del Estado. Aún así, para los líderes del PP y PSOE Euskadi no cabe en su “Nación”.

Segunda consideración; el mundo al revés. El aspirante, a la defensiva. El portador del título, al ataque. Rubalcaba preguntaba, como un periodista. Asumía la derrota y ponía en un aprieto a su adversario para que aclarara su programa de gobierno.   Rubalcaba con la fábula de Pedro y el lobo. “A pelear, que viene la derecha con las tijeras y recortará el estado de bienestar”. Rajoy, en el diván del psicoanalista; “¿miedo al lobo los cinco millones de parados? ¿Los pensionistas a quienes congelasteis la pensión?.”

Rubalcaba, el químico, encontraba una fórmula. “Si quiere austeridad, aplíquela a las grandes fortunas”. Rajoy, el registrador de la propiedad, levantaba acta. Y leía. Leyó demasiado. “En el 96, cuando el PP llegó al gobierno se encontró con un 22% de paro. Conseguimos bajarlo al 10%. Ustedes lo han devuelto al 22%”.

Tercera percepción; el pasado deja sin futuro a Rubalcaba y el futuro de Rajoy puede llevarnos al pasado de Aznar. Pese a las dotes de buen comunicador, Rubalcaba no convence. No puede. Ocho años de gobierno lastran con plomo  sus alas. Sus promesas no son creíbles. “Si tan bueno es lo que propone ¿por qué no lo ha hecho ya?”.

Rajoy acaricia el triunfo. Es mejor ser rehén de los silencios que de las promesas. Su estrategia es irradiar confianza, templanza y sosiego. No espantar a nadie. Una mayoría holgada, con el afán revanchista de muchos de los que le rodean,  puede hacernos revivir episodios de soberbia  propios del aznarato.

Cuarta consideración. Triste futuro tiene un país cuyos gobernantes interrogan y los  alternantes sustentan sus opciones reprochando los errores pasados. Triste porvenir de un país cuyos representantes se interrumpen como colegiales en riña al grito de “tú más”. “Es una insidia”. “No, es que no se ha leído su propio programa”. “Lo que dice es mentira”. Melé espontánea y patada a seguir.

Mi percepción personal es que Rubalcaba ganó dos de los tres bloques en los que se dividió el debate. El primero, claramente, y el último con un poco de fortuna. Rajoy empató en el segundo. Más por los errores del químico que por aciertos propios del gallego. Pero el socialista tuvo un pecado original; saberse vencido de antemano y explicitarlo con su ofensiva de perdedor a los puntos. Quiso esprintar –su especialidad-  pero la distancia era ya demasiado larga para ganar la carrera. Solo al final  supo matizar;“en el caso de que usted gobernara –matizó tras el descanso-“

Cierro el comentario. Entre barba y barba, me quedo con el bigote de Campo Vidal. Fue el único que se acordó de los ausentes. Un recuerdo infructuoso y baldío.

Hoy todos hablarán de lo mismo. Es la perversión de un esquema informativo que eleva a categoría la tos de Cristiano Ronaldo y olvida el partidazo de San Mamés.

Y, de Euskadi, ¿Quién habla?. Pregúntese el lector y obre en consecuencia. En el debate de ayer, nadie se acordó de nosotros. ¿Nos acordaremos de ellos?

viernes, 16 de septiembre de 2011

EL LEHENDAKARI LÓPEZ Y EL CIERRE DE ESCUELAS Y HOSPITALES

Hacía tiempo que no escuchaba unas declaraciones más irresponsables y llenas de soberbia. Las hizo quien ostenta la máxima representación de este país, el Lehendakari Patxi López. El presidente del Gobierno vasco exigió el pasado jueves a la Diputación de Bizkaia que "reconsidere" su rechazo a la reforma fiscal que él propugna en solitario o, en caso contrario "que nos diga qué quiere recortar, qué escuelas y hospitales quiere cerrar". Bochornoso, sin más.



Resulta impropia de un dirigente institucional una afirmación semejante. Primero, porque, al día de hoy, nadie conoce pormenorizadamente cual es la reforma tributaria que propugna. Nadie lo sabe –creo que ni él- porque ni la ha detallado, ni ha presentado propuesta alguna más allá de la propaganda y la demagogia discursiva de “ricos y pobres”.


En segundo término, porque sus vagas intenciones propagandísticas, no han gozado de ningún apoyo concreto, más allá de una ambigua sintonía de los dirigentes de Bildu (qué casualidad, que las posiciones más cercanas sean las de quienes no han precisado aún sus objetivos de gobierno).


En tercer lugar, porque el cargo de Lehendakari debe ser mucho más que un mero observador que cuan predicador se dedique a abroncar o a aconsejar a los demás sobre lo que deben o no hacer. Y el presidente López lleva más de dos años de legislatura leyendo papeles y haciendo declaraciones sobre lo que, según su guión, toca hacer a los demás. A las Diputaciones, a los empresarios, a los partidos políticos, a la sociedad…A todos menos a su gobierno


Algún día dirá qué va a hacer él y su equipo.


Cuarta reflexión. Sus palabras de anteayer denotan una ignorancia sonrojante en relación a la situación económica y la crisis. López desconoce lo básico. Los recursos públicos han caído porque la actividad económica no genera los excedentes que hacen posible una mayor recaudación. Es decir, que si no hay pedidos, no hay trabajo, no hay facturación, no hay beneficios. No hay retenciones, no hay consumo y no hay dinero para las arcas públicas.


El sistema tributario sirve para redistribuir la riqueza generada. Si no hay riqueza no hay nada que repartir. (Se lo ha dicho todo el mundo. El más claro Lazpiur, pero López ni ha escuchado ni quiere hacerlo).


Quinta consideración. Un lehendakari debiera saber que por mucho que se ordeñe veinte veces a la misma vaca ésta no dará más leche si no se ha alimentado. Un lehendakari que se precie de serlo debe conocer que las Haciendas forales no son el banco emisor de moneda, que no tienen la máquina de fabricación de billetes que tira de tinta y papel a su antojo y los convierte en euros.


Sexta impresión. Un lehendakari debe ser algo más que un consultor recostado en el diván. El gobierno que preside forma parte del entramado institucional de este país que durante años de autogobierno ha funcionado bajo el principio de riesgo compartido. Es decir que mientras las cosas vayan bien, lo irán para todos, pero que cuando se tuercen, cada cual debe asumir su responsabilidad y las medidas correspondientes a adoptar.


En este sentido cabe indicar que en el Consejo Vasco de Finanzas del pasado año, fue el Gobierno del lehendakari López quien pidió a las diputaciones forales que hicieran un esfuerzo y elevaran la tasa, el nivel de recaudación previsto para este ejercicio. Un incremento difícil de creer, a tenor de la coyuntura económica, pero que su ejecutivo consideró imprescindible para cumplir con sus compromisos de gasto. Es decir, que quiso hacer las cuentas al revés. Pienso gastarme tanto y necesito tanto para cuadrar, luego recaudaremos lo que haga falta. Impresentable. Hasta la última familia de este país sabe que tendrá que adecuar sus gastos a los ingresos que consiga y no a la inversa. El Gobierno de López no y ahora culpa a otros de cerrar escuelas y hospitales.


Séptima reflexión. La política económica de derroche y desfase del lehendakari López ha hecho multiplicar por seis el endeudamiento de su gobierno. Ha dilapidado los excedentes y ha convertido unas cuentas saneadas en una deuda galopante. Y dice necesitar más.


Octava cuestión. Su soberbia le lleva a reprochar a la Diputación de Bizkaia la responsabilidad de su lamentable balance económico, cuando la Hacienda de este territorio es la que más se ha aproximado a las estimaciones de recaudación y su equipo foral ha encaminado sus deberes para ajustar el gasto a sus compromisos.


Novena consideración. Hemos pasado el ecuador de la actual legislatura y el lehendakari sigue sin presentar un plan económico. Un año desde la transferencia de las políticas activas de empleo y seguimos sin noticias de Lanbide. Llevamos más de dos años de discurso permanente. De “consejos vendo” y de nada más. Dos años pasados de tiempo perdido, de incapacidad, de insolvencia.


Décimo y último considerando. En los próximos días, el Lehendakari López deberá comparecer ante el Parlamento en el Pleno anual de política general. Comienza a ser hora de que él y su gobierno comiencen a conjugar la primera persona del singular y el plural para presentar a la ciudadanía un compromiso y una responsabilidad que les vincule. Y es hora también para el rigor, aunque , a tenor las bochornosas palabras escuchadas el pasado jueves de boca del lehendakari, mucho me temo que dicho concepto – rigor- ni esté ni se le espere en el hemiciclo de Gasteiz.