sábado, 24 de febrero de 2024

CAMAPANA Y SE ACABÓ

¡Campana y se acabó!  El lehendakari Iñigo Urkullu anunciaba el pasado jueves el fin de la legislatura y daba a conocer  la fecha en la que se celebrarán las próximas elecciones autonómicas. Concluida la última sesión parlamentaria, cumplido notablemente el programa gubernamental  y el compromiso legislativo, y a la espera de un traspaso inminente de las tres competencias que el gobierno de Pedro Sánchez  se comprometiera a transferir a Euskadi en el primer trimestre del año, Urkullu  dio carpetazo  a un mandato  extremadamente complicado y lleno de obstáculos.

A pesar de las voces catastrofistas  que se obstinan  en teñir la realidad de un color oscuro ,  los últimos cuatro años  de gobierno  dirigidos por Iñigo Urkullu, presentan  un balance , sin caer en la autocomplacencia, que merecen ser reconocidos como solventes,  constructivos  y de consolidación  del bienestar  y el autogobierno de los vascos. Una cuenta de resultados positiva  que la ciudadanía de este país expresa  mostrando su confianza (73%) en el Gobierno vasco, a preguntas realizadas  por el eurobarómetro  -encuesta que toma la temperatura política y social de todos los países europeos- . Margen notable de confianza  que sitúa  al gabinete  de Vitoria  a la cabeza de los ejecutivos europeos con mayor reconocimiento popular.

 

No deberíamos olvidar  que tal apreciación  se ha forjado, además,  en cuatro años de turbulencias. De regreso de una crisis económica, arribó una pandemia mundial con efectos devastadores (sanitarios, económicos, sociales y hasta de hábitos de conducta). Una situación inédita, desconocida, llena de incertidumbres  y de retos que los poderes públicos  debieron hacer frente  confiando en su músculo  institucional y en muchas ocasiones, habida cuenta  lo desconocido del desafío y la amenaza,  con la aplicación de políticas arriesgadas (prueba-error) que hicieran frente  a las circunstancias.  

 Perturbaciones que continuaron, cuando  parecía  que la emergencia sanitaria era vencida, con el horror  de un conflicto bélico en  la frontera europea con la invasión rusa de Ucrania. Una guerra  que aún continúa y que al drama humano por ella provocada  le acompañó una crisis energética  mundial como nunca  en el tiempo moderno habíamos conocido. Con ella llegó también  el encarecimiento  de los bienes de consumo, la inflación galopante en todas las sociedades desarrolladas.  Y con la inflación, nuevamente, las desigualdades, las emergencias sociales y el temor de las familias a poder llegar a fin de mes.

Todo esto y más, ha tenido que sortear un gobierno que, afortunadamente, ha gozado de la mayoría parlamentaria suficiente, para poder llevara  cabo sus planes sin el riesgo de una representación  legislativa débil. Porque  de no haber  sumado más de 38 parlamentarios de respaldo, habría sentido  sobre sus espaldas  la permanente crítica  de quienes han practicado una oposición destructiva, incapaces de arrimar el hombro y dejar a un lado las diferencias  en tiempos tan comprometidos para todos. Oposición de consigna y pancarta. De eslogan y populismo. Que ahora reclama un cambio  pero sin proponer ni qué, ni cómo , ni a qué precio.   

Oposición sin mochila. Sin  equipaje  porque, ni en los últimos, ni en los anteriores años, estuvo donde se construía el país. Estuvo al otro lado.

 

A pesar de ellos, el balance que ofrece el gobierno presidido por Iñigo Urkullu  presenta resultados notables. Se había comprometido con rebajar el desempleo por debajo del 10%. Cumplido ese compromiso se propuso bajar del 8%. Euskadi  tiene en estos momentos un 7% de paro según la PRA (6,3% según la EPA). Más de un millón de personas trabajando y  cotizando a la Seguridad Social, cifra nunca alcanzada hasta ahora.

 

Más datos objetivos; en materia de crecimiento económico, el Producto Interior Bruto per cápita en Euskadi se ha elevado por encima de los 35.000 euros, superando la media europea. Además, las exportaciones han crecido paulatinamente  y en la actualidad superan los 32.000 millones de euros de facturación. El sector turístico, otro ámbito productivo emergente,  ha experimentado un notable incremento superando  las nueve millones de pernoctaciones  en el pasado ejercicio. En Innovación y Desarrollo, por primera vez, la Comunidad Autónoma Vasca ha superado la media comunitaria hasta el punto que la UE ha considerado  a Euskadi como un “polo de excelencia”. En materia de medio ambiente, Euskadi ha conseguido  reducir la emisión de gases de efecto invernadero. En  bienestar social, la tasa de riesgo de pobreza ha continuado reduciéndose y su porcentaje es seis puntos inferior a la media de la Unión Europea. En educación, los datos de abandono escolar se encuentra en mínimos históricos, y finalmente, y para no aburrir con cifras, el índice de Desarrollo Humano sitúa a Euskadi entre los 15 primeros países del mundo, a la altura de estados como Canadá, Nueva Zelanda o Bélgica.

 

El lehendakari Urkullu manifestó el otro día en el Parlamento que, reconocía errores y críticas, siempre que estas fueran constructivas. Pero, problemas y deficiencias a un lado, que deberán ser tenidas en cuenta para mejorar el nivel de los servicios públicos, indicó que ”hemos avanzado en bienestar y calidad de vida”. Y matizó aún más. “Los logros no son del gobierno. Son logros del país”. Urkullu tiene razón. No hay transformación social sin la participación de la gente, de las personas.

El próximo día 21 de abril, los vascos y las vascas volveremos a las urnas  para elegir a quienes tomen el relevo de la gestión que ahora pone fin el lehendakari Iñigo Urkullu. Resulta de justicia agradecer sus desvelos, compromiso y empeño por construir una Euskadi mejor, más libre, más justa y solidaria. Su carta de servicio a este país será recordada por la futuras generaciones que encontrarán en Urkullu un referente de abertzalismo y de demócrata. Un ejemplo que servirá de estímulo  a quien asuma su relevo.

 

En las antípodas  a la rectitud representada por Urkullu, encontramos a los “negacionistas” de la realidad. Para quienes todo está mal y se postulan como “alternativa”. Son los que por un lado, como Otxandiano, piden “altura de miras”, política con mayúsculas”, “acuerdos de país”, y, por otro rompen los entendimientos  y tratan de bloquear y desestabilizar lo que no controlan , como  es el caso de la Asociación de Municipios Vascos.  Ayer se desarrollaba la asamblea anual de la Asociación de Municipios Vascos -EUDEL- en la que los representantes de los ayuntamientos de Euskadi debían aprobar, entre otras cosas, los presupuestos de la entidad. Los estatutos de la asociación,  a propuesta en su día de EH Bildu, exigen mayorías de 3/5 partes de los presentes para aprobar cualquier decisión vinculante de  dicho organismo. Tal mayoría cualificada se incorporó a los reglamentos como  incentivo al acuerdo y a la sintonía del ente de encuentro municipal.

 

Así había sido hasta ahora.  Jamás en EUDEL  nadie había cuestionado las cuentas, ni había solicitado  someter a votación cualquier decisión que debiera asumir su ejecutiva. El procedimiento siempre buscaba el acuerdo, la unanimidad o el asentimiento. Y el entendimiento  se conseguía  en casi todas las ocasiones. Hasta que EH Bildu decidió visibilizar su disidencia. Y romper con la tradición. Pero, afortunadamente, no pudieron quebrar el acuerdo. Toda la representación restante –socialistas, nacionalistas e independientes-  apoyaron los presupuestos y estos salieron adelante pese a EH Bildu.

 

En el devenir del día a día, espoleados por su trayectoria emergente, se han olvidado del principio compartido de no politizar  a EUDEL y hoy no hay decisión, por pequeña que sea, que no pongan en solfa, cuestionen y pidan someter a votación para, finalmente, abstenerse. Desde la elaboración de un texto reivindicativo de base que sirva a los gobiernos locales para  defender la igualdad entre mujeres y hombres el próximo 8 de marzo, hasta los presupuestos de la entidad. Presupuestos, por cierto,  no enmendados ni cuestionados en ninguna reunión y que finalmente no han aprobado en la asamblea celebrada ayer.

 

Cuando la estrategia partidista se lleva adelante  sin escrúpulos la confianza  de quien  así actúa se desploma. ¿Es ese el “cambio político” que pretende EH Bildu? ¿El cambio  del bloqueo institucional, de la no colaboración? . Sabemos a lo que atenernos. El intento de bloqueo de EUDEL no va a conseguir su objetivo. Visto lo visto en EUDEL, que Otxandiano siga hablando  de “consenso”  y de “otra forma de hacer política”.

Aquí también. ¡Campana y se acabó!

 

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