viernes, 5 de diciembre de 2014

LA ILUSIÓN DE LA LOTERÍA

Es como una persecución en toda regla. Allá donde vas, te encuentras  con la oferta. Y la tentación. Lotería de Navidad. De la asociación tal o cual. Del club de fútbol, la asociación ciclista, del remo o de la peña de Pobeña.  Son cinco euritos de nada. Cuatro y medio de participación y medio de la “voluntad”. Como si la voluntad tuviese un precio tasado.

Desde hace un tiempo  te sientes acosado. Tratas de evitarlos pero, en cuanto te descuidas,  quien menos esperas te saca un talonario y sacude tu conciencia. Y la cartera. “Es...para el viaje de estudios de la niña”.  Jodé con la niña  y sus amigos que se van de fin de curso a Corfú. “Van allí, no por turismo, sino para conocer la última isla en la que paró Ulises antes de llegar a Itaca”. Ya,  y el “Arraultzaldion Fútbol club” espera construir un nuevo estadio ante su inminente entrada en Champions.

Es, la “ilusión” de la lotería. Esa tentación que te corroe y que te empuja a abrir la cartera. “No compres si no quieres, que a más nos tocará” te golpea en la conciencia  quien te ofrece un papelito numerado. Entonces, piensas en Manu, el infeliz hombre del anuncio de este año a quien, extrañamente, su mujer  incita a bajar al bar.  Se me saltan las lágrimas solo de pensarlo. ¡Una mujer que pide a su marido que vaya a la taberna!. No me extraña que el anuncio haya tenido tanto éxito.

Vivimos pendientes de un sorteo, de la fortuna, que unos niños vestidos de horteras canten el número apropiado. El tuyo.  Pero la chispa de la esperanza dura más bien poco.  Y menos ahora que prácticamente puedes consultar los resultados on-line  en las publicaciones digitales.

Si no es el gordo –te dices para tus adentros-, que me toque una aproximación. O una pedrea. Y, lo que generalmente te toca es una pedrada. La pedrada del agujero pecuniario que te ha dejado tanto billete  fraccionado. Alguna vez  te reconforta un “dinero atrás”. Ya,  en el de una papelina  con tres números en los que jugabas dos euros en cada uno.  Miserias a cobrar en la sucursal bancaria del quinto pino o en la sede social de la agrupación benéfica expendedora del billete.

Además, con qué cara  te presentas en la sede de la ONG, defensora de niños malnutridos, para reclamarles  el “dinero atrás”. “Hola buenas, venía a cobrar los dos euros que me han tocado de la lotería”. Hay que ser “mataniños” para hacer eso.

Vivir pendiente del azar no tiene futuro. Y pese a ello, sigo comprando lotería. A sabiendas de que la experiencia me dice que  jamás he sido afortunado en el juego. Ni en las tómbolas, ni en las rifas. En mi juventud, jugaba dos duros en el sorteo de un jamón que la directiva de mi equipo –el Basconia- rifaba en el descanso de los partidos disputados en Basozelai. Mi tira de números ni se aproximaba a los premiados. Ni de lejos.

Con el tiempo comprendí la razón. Era el destino o que  cada quince días se sorteara el mismo jamón. La misma pata de pernil partido tras partido.
Suele decirse que la esperanza es lo último que se pierde.  Así que si la fortuna no me sonríe y mis números se quedan en los bombos diré lo que  suele acostumbrar en afirmar mi madre;  me ha tocado salud. 

Lo del sorteo puede ponerse de moda también en la política. En el Estado toca designar a representantes en un nuevo organismo; el Consejo de la Transparencia y Buen gobierno. Según está reglamentado, corresponde al Congreso y al Senado determinar, de entre sus miembros a un representante por Cámara. El Partido Socialista de Pedro Sánchez, harto de ser acusado por la opinión publicada de “repartirse” los nombramientos de Estado con el PP,  ha decidido renunciar a su facultad de elegir directamente y ha propuesto arbitrar el método de nominación por un procedimiento muy utilizado años atrás. Un sistema que, viniendo a casa,  ya utilizaban las Juntas generales en la época foral. Se trata de la “insaculación”.

Sí, el término suena como mal –“insaculación precoz”-. No,  no significa que “te dan por el saco”, pero algo con el costal tiene que ver. Se trata de introducir unos nombres  determinados en un talego –saca, urna- y aleatoriamente sacarlos a modo de lotería.  El PSOE propone que todos los grupos del Congreso y del Senado aporten  sus candidatos  y que la fortuna determine quienes son los que finalmente resultan elegidos.

No veo yo al PP  aceptando el formato de designación “insaculado”.  “Plon, plon, plon. En un café rifaron un gato, al que le toque el número cuatro...” El PP es más de “dedazo” que otra cosa y aunque la transparencia y el buen gobierno aconsejen imparcialidad en sus auditores, no veo yo a Rajoy cediendo su capacidad “mayoritaria” de elección.

Ese afán de pretender controlar todo lo público como si fuera  patrimonio  del partido mayoritario, es el que, en buena medida, alimenta el descrédito a la política. El último sociómetro del CIS eleva “la corrupción y el fraude” a la segunda posición de las preocupaciones de la ciudadanía española, alcanzando al 63,8% de los encuestados. El paro y la crisis, como no podía ser de otra manera, se sitúan como primera inquietud de la población del Estado. Le sigue, el desasosiego ya mencionado de la corrupción y, en tercera posición “los/as políticos/as en general” con un 23,3% de quejas.  Algo inaudito en una democracia occidental.

En Euskadi, por el contrario, - según datos aportados ayer mismo- la corrupción  es la octava causa de inquietud ciudadana –el 8% de los encuestados-, lo cual demuestra  que también en esto somos diferentes. Sin bajar la guardia ni minimizando  el efecto pernicioso de comportamientos  antisociales que, cuando existan deben ser combatidos con rotundidad  y cuya prevención  debe venir de la mano de la transparencia y el establecimiento de códigos de conducta insoslayables.

Para romper la tendencia de desafecto no queda más remedio que moverse, aunque sea  “insaculando”.  De lo contrario, España  seguirá batiendo récords en negativo.
Hablando de récords,  Maroto lleva camino de plusmarquista. Lo de la tortilla va a terminar siendo de Guinness. Pero de ridículo.

El pasado mes de agosto, el máximo edil gasteiztarra se puso el delantal para posar ante el desafío, presuntamente conseguido, de elaborar la tortilla de patata más grande del mundo. El evento, recogido por decenas de medios de comunicación del planeta, se enmarcaba en el programa diseñado por el ayuntamiento de cara a promocionar a Vitoria-Gasteiz como  capital gastronómica  2014.

La tortilla de Maroto
La hazaña culinaria popular concitó multitud de impactos publicitarios, que el propio Maroto supo rentabilizar. Pero, ¡ay ama!. Ni el récord fue tal, ni nadie lo autentificó, ni  Vitoria-Gasteiz  pasará por ello al libro Guinness. Además, las 9.000 raciones de la mencionada tortilla costaron a las arcas municipales 45.000 euros (5 euros por pincho que ya está bien).

Maroto, pasadas las fotos del momento y conocido el fracaso de la “gesta culinaria” ha pretendido dar la vuelta a la tortilla  arremetiendo contra  el afamado cocinero que guisó la “omeleta”, la agencia  verificadora del récord, la organización  de la “capitalidad gastronómica” y todo lo que ha pasado por delante. Ya se sabe, el éxito tiene muchos padres pero los fracasos siempre son huérfanos.

La historia de este fiasco no es sino un episodio más en la gestión-espectáculo que Maroto ha promovido en la ciudad en los últimos tiempos y que tiene en el título de “capitalidad gastronómica” –franquicia por la que se pagó 125.000 euros-  su último despropósito.

A escasos días de que  Vitoria- Gasteiz  ceda ese testigo honorífico a Cáceres, quedan por cumplir varias estipulaciones del contrato firmado entre la capital alavesa y la organización del certamen. Por la ciudad no ha pasado el afamado programa de televisión “Master Chef”, ni  se ha celebrado el congreso gastronómico pendiente, ni la selección de cocineros que se anunció, ni tampoco se ha llevado a cabo la comprometida cena solidaria con el Banco de Alimentos.

Según ya denunció en octubre el grupo municipal del PNV en Gasteiz, la “capitalidad gastronómica” de Maroto ya le había costado a la ciudad el doble de lo previsto por el Partido Popular, contabilizándose facturas por importe superior a los 600.000 euros.
El PP ni se inmuta por el déficit acumulado. ¿Esperarán que les toque la lotería?. A Carlos Fabra le tocó 9 veces en 12 años. Y, si no es así, apelarán a la salud. Que para eso ya está en el ministerio Alfonso Alonso. Transparentes como la vida misma.   

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