sábado, 15 de septiembre de 2018

PELIGRO, RIESGO DE ATROPELLO


Hasta hace poco tiempo, ver a una persona con un carrito por la calle se identificaba con la imagen de la marginalidad, de los “sin techo” que deambulaban de aquí para allá  en ese universo  que siempre existió, al menos desde Diógenes en la Grecia clásica. Hoy, por el contrario, el espacio público ha sido ganado por los porteadores de bolsos con ruedas, maletas o artefactos  rodantes  en los incorporamos todo tipo de enseres. Desde la compra del supermercado a cualquier bulto que incomode el tránsito normal de las personas. Sin duda es un buen invento. Un artilugio útil, práctico, polivalente e intergeneracional.

La percepción que tengo de este “boom” de los carritos de compra la he llegado a situar en paralelo  a la no dispensa de bolsas de plástico en los establecimientos comerciales. Que  se haya decidido penalizar  la utilización del plástico me parece adecuado. Lo que no llego a entender es el cobro disuasorio de  las bolsas en los locales comerciales. ¿Qué pasa?¿que  las bolsas cobradas no contaminan y las gratuitas sí? Soy consciente de que el plástico es un residuo  no degradable. Estoy de acuerdo en que es necesario  reducir su consumo para mejorar el medio ambiente. Reducir, reciclar y reutilizar. Ese debate es interesante pero hoy quería abordar otro distinto. La materia que quería traer a colación es la de la nueva sociedad con ruedas a la que nos enfrentamos.

Dirán que soy un exagerado pero la percepción me indica que, en cualquier momento corremos el riesgo de ser atropellados. Y no precisamente por un coche sino por una bicicleta, un patinete, un skate o un carro de la compra. Sí, ríanse, pero ya he sido testigo  de un choque frontal entre dos carricoches. La culpa, evidentemente, la tuvieron  los dos  conductores (varones) que circulaban temerariamente por la acera  sin percatarse  del tráfico existente, de  los peatones y los obstáculos.  Claro, he de decir que los recaderos siniestrados conducían a lo loco mientras su atención se centraba en las pantallas de sus respectivos teléfonos móviles. Y ya se sabe; los hombres somos incapaces de hacer dos cosas a la vez. Así que la falta de concentración  terminó en accidente. Uno de los  carros perdió un melón tras el impacto y la fruta de Villaconejos rodó cuesta abajo hasta  un cruce  donde un autobús  la convirtió en puré. Y, en sentido contrario,  asomó la cabeza de la  otra bolsa rodante una pescadilla, si bien  los principales daños  se los llevó una docena de huevos que terminaron estampados contra el pavimento.

La gente va como loca. Ensimismada en la tontería de los “smartphones” o en las conversaciones de besugos  de los grupos de watshapp. No sé cómo no pasan más cosas. Anteayer, mientras un joven  parecía idiotizado por un móvil y su supuesta pareja  hablaba, a voz en grito detrás de él por otro celular, dos retoños  rubios, uno en triciclo y otro saltando, vivían –y repito lo de “vivían”- en un paso de peatones. Correteaban de aquí para allí y de allí para aquí  como si la señal horizontal fuera una pintura para jugar al “truquemé”. Y todo esto mientras en la calzada, cuatro vehículos esperaban a que se librara el paso. La conductora del primer vehículo bajó la ventanilla y recriminó a la pareja de jóvenes su falta de civismo –y de responsabilidad-. Ambos se miraron  extrañados, sin saber  a qué venía el reproche. Y siguieron  adelante. Como dos idiotas abducidos por una maquinita maléfica.

Si en la niñez se me hubiera ocurrido pasar la carretera a mi bola, mi madre me habría dado un “kokoteko” que no hubiera soltado su mano ni  aunque me diera un calambrazo. Ahora ese orden y disciplina no se lleva. Primero se pasa al perrito, luego el dueño del can  transita en cansino caminar y  unos pasos por detrás van los menores de forma autónoma.

Los carrocompras no son el único peligro que nos acecha. Los patinetes eléctricos –que no meten ruido- te pueden estampar sin tu verlos venir. Y las sillas de ruedas de última generación pueden pasarte por encima en un pis-pas. Tengo una joven vecina con una enfermedad degenerativa  que baja la cuesta (la misma por donde cayó el melón) como Rossi adelantando a Márquez. A toda leche. Y sin carnet ni seguro obligatorio. Rodar y rodar. Ese debe ser nuestro destino.


Carta del "emérito" reclamando la sepultura de
Franco en "cuelgamuros"
En el plano político, la prisa por ganar notoriedad –aunque sea a mamporros-, ha convertido el juego democrático en un delirio  de golpes de efecto. No se busca correr, o avanzar rápidamente. Se intenta, de forma directa, atropellar al opositor.

En ese flujo irrefrenable por  destruirlo todo, sin  oportunidad para el diálogo constructivo, hasta las justas reivindicaciones de las víctimas del franquismo  han sido objeto de insólitas críticas de los nuevos dirigentes de la derecha española. Esa derecha que lejos de modernizarse y homologarse a las existentes en las democracias occidentales, parece escorarse hacia el extremo hasta el punto de hacernos creer que, en comparación con la nueva clase dirigente del PP, Rajoy era un hombre liberal y moderado.

Pablo Casado es el exponente fiel de ese “nuevo” Partido Popular  beligerante y altivo  que sin conexión generacional con el post franquismo no tiene escrúpulos  a la hora de propiciar un revisionismo histórico de la dictadura. Ni escrúpulos ni vergüenza de reconocer errores como los de confundir –por dos veces- a Antonio Maura con Niceto Alcalá Zamora.

Los “populares” junto a sus primos de Rivera, han impedido el consenso democrático en el Congreso a la hora de sacar a la momia de Franco  del mausoleo  en el que  se enterró por expresa decisión del emérito Juan Carlos I. Porque fue el Borbón, no lo olvidemos, quien  como fiel sucesor  del “generalísimo”, determinó su relevante e ignominiosa sepultura.

 “Vamos a no consentir que se muerda el anzuelo de debatir sobre qué pasado hay que desenterrar", había asegurado el presidente popular mientras anunciaba su intención de derogar "la sectaria reescritura de la historia –Ley de Memoria Histórica- que arroja paladas de rencor sobre la sociedad española"

“¿Paladas de rencor?” ¡Qué barbaridad!

Los líderes de la derecha española deberían mirarse en Macron en las actuales circunstancias porque mientras PP y Cs  escurrían el bulto vergonzosamente en el parlamento español, en París , el presidente francés, en un gesto extraordinario reconocía oficialmente que Francia instituyó "un sistema" legal que incluía la práctica de actos de "tortura" durante la guerra de Argelia (1954-62) al tiempo que pedía perdón a la viuda de un militante comunista asesinado por militares franceses en su lucha por la independencia del país magrebí. Con su reconocimiento culposo,  Macron allana el camino a una reconciliación histórica del país galo en relación a Argelia; la colonia que se independizó en 1962 y en cuyo conflicto murieron más de medio millón de personas.

Resulta vergonzoso  que la actividad política  del Estado se someta a la pugna provocada por quienes  compiten por el voto extremo. Estresando a todo el mundo alrededor de expedientes académicos, tesis, masters y privilegios universitarios. Devaluando la educación y los esfuerzos notables que docentes y alumnos se ven obligados a realizar en  sus correspondientes itinerarios.

La política española continúa infectada del virus de la intolerancia. La búsqueda del bien común es una quimera inexistente y solo se prodiga  el discurso de la confrontación como elemento de desgaste del adversario. Arengas de combate que presagian una contienda electoral  próxima en la que la búsqueda del voto se ha convertido en una abyecta campaña en la que lo importante no es posibilitar acuerdos sino todo lo contrario; debilitar al rival. Y mientras los problemas se agudizan la búsqueda del diálogo se sustituye por el dogmatismo o la esclerosis de las ideas.

Todo es susceptible de alimentar la dinámica de la crispación. Reproches cruzados, falsedades, libelos, nos hacen asistir a un espectáculo bochornoso en el que la derecha combativa nos hace temer que si el gobierno de Sánchez fracasa (su debilidad y falta de coherencia en muchos casos le hace acreedor a esa hipótesis), la alternativa que pueda sustituirle impondrá un horizonte negro de verdad. Volvemos a la tesis reiterada de “guatemala o guatepeor”.

En esa disyuntiva, no tengo duda; la estabilidad del actual ejecutivo. Con Sánchez fuera de la Moncloa las esperanzas e hipótesis de  cambio, y remarco lo de “esperanzas” (Catalunya, política penitenciaria, cumplimiento estatutario, reformas democráticas…), se  desvanecerían ciertamente. Y la derecha, a buen seguro, pretendería arrollarnos. Peligro, riesgo de atropello.

 

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