sábado, 15 de diciembre de 2018

UNA DECEPCIÓN MÁS

Tenía yo la mosca detrás de la oreja y, por mucho que quisiera creer que mi intuición me equivocaba, no confiaba en un desenlace positivo. Me refiero a la posición de EH Bildu en relación al presupuesto de la Comunidad Autónoma Vasca. 

En mi entorno no eran pocos los que creían  que “esta vez sí, se llegará a un acuerdo”. A mi entender, queríamos creerlo más que tener una evidencia de que así fuera.  

Los mensajes emitidos por  los portavoces de la izquierda patriótica dejaban entrever una posible voluntad de acercamiento  y pacto. “Se estarán haciendo mayores” –pensé-. ”¿Se habrán convencido ya de que  para promover cambios es necesario comprometerse, que desde la pancarta no se consigue nada?” –reflexioné en más de una ocasión-. Todo indicaba que sí. Que EH Bildu quería hacer valer sus votos en el Parlamento Vasco y dejar constancia de su influencia cerrando un compromiso con las cuentas  de la comunidad. 

Según varios oráculos de la “gauche divine basque”, muchos dirigentes de EH Bildu estaban persuadidos de que la hora de pactar con el Gobierno vasco había llegado. “Para ser una opción de gobierno –decían- hay que demostrar que se quiere y se sabe gobernar”. No les faltaba razón en esto último. Lo que ocurre es que  pese a las declaraciones edulcoradas  o incluso la sincera voluntad de algún/a dirigente, se ocultaba, como siempre, la pretensión verdadera de algunos por  hacer hincar la rodilla al nacionalismo vasco gobernante. El ansia de pasar factura al PNV les puede todavía y en algunos casos, la inquina a todo lo que se identifique con el partido jeltzale, raya lo patológico.  Pondría nombre y apellidos  pero hoy no toca.  

Para EH Bildu, además, la negociación presupuestaria se llevaba  a cabo desde la exclusividad. La autoexclusión del PP y de Elkarrekin Podemos, les dejaba todo el campo de juego a su disposición para escenificar una táctica política  que blanqueaba su papel de oposición, haciéndola  figurar como  “oposición responsable” frente al resto de grupos. Su propuesta de negociación  fue, desde un principio, una quimera inasumible. No en el ámbito de  la planificación extraordinaria de iniciativas tendentes a la creación de empleo, donde el Gobierno vasco pronto asumió  las líneas generales  presentadas por EH Bildu.  La reivindicación imposible  venía de su pretensión de complementar las pensiones más bajas  hasta los 1.080 euros. Bien es cierto que  durante todo el tracto de diálogo con el ejecutivo vasco y especialmente con su área de Economía y Hacienda, las demandas en este sentido se fueron moderando, pero  el problema estaba en el pecado original de las contrapartidas exigidas;  la reclamación  de intervenir económicamente  en las pensiones a través de complementos. 

La Comunidad Autónoma Vasca  no dispone, hoy por hoy, de la competencia de pensiones. Ni tan siquiera gestiona el régimen económico de la Seguridad Social. Pretender incidir en el incremento de las prestaciones a través de complementos supondría, en un primer término,  una invasión competencial  fácilmente recurrible de cara a su suspensión. En segundo lugar, intentar complementar las pensiones  más bajas hasta los 1.080 euros (se haya contribuido al sistema o no) supondría anualmente una aportación económica directa inasumible para una administración pública  como la nuestra. En la Comunidad Autónoma Vasca hay en estos momentos cerca de 550.000 personas pensionistas que cobran una pensión media  aproximada de 1.157 euros. El número de pensionistas  que cobra menos de 735 euros (el umbral de la RGI) es de 200.000. Aumentar sus ingresos hasta lo establecido por la renta de garantía de ingresos (sin tener en consideración, ninguno de los  requisitos exigidos para poder acceder a tal subsidio) tendría un impacto “grosso modo” de 800 millones de euros anuales. 800 millones acumulables año a año. Una barbaridad si tenemos en cuenta que, al día de hoy la RGI vasca supone presupuestariamente  un gasto total cercano a los 500 millones de euros. 

El contraste con la realidad es uno de los factores  que a EH Bildu, o a quienes toman las decisiones en su nombre, les viene grande.  No en vano, en su repetido argumentario  público –coincidente con el populismo barato y grosero exhibido por su representante en el colectivo “Pensionistak martxan”,  el ex juntero de Batasuna Jon Fano- se repetía  el mantra de que el Gobierno disponía de “dinero suficiente” para afrontar  el incremento de las pensiones. Que el ejecutivo poseía un “colchón” de 700 millones de euros para acomodar el gasto requerido. Pero no por mucho repetir una mentira el aserto se convierte en verdadero. La demagogia siempre será demagogia. 

Pese a todo, las conversaciones no se interrumpieron y aunque su decisión de no propiciar la devolución del presupuesto en la votación de las enmiendas de totalidad incorporó optimismo al proceso,  la cuerda  estaba demasiado tensa ya. Además, la contrapartida prometida, sonaba a ridícula. Dos abstenciones como trueque  a la admisión de sus reivindicaciones (en la votación de devolución del presupuesto, 16 parlamentarios de EH Bildu votaron a favor de retirada de las cuentas y dos se abstuvieron. 16  de 18 a favor de la caída del presupuesto no lo olvidemos).

 La Izquierda Abertzale había urdido una táctica  de prolongar la expectativa para, en el último momento,  romper la baraja  y culpar al PNV  de la falta de acuerdo.  Pero esa pretensión de “estirar el chicle” hasta el día 21 y, a continuación desfigurar el presupuesto apoyando alguna enmienda del resto de la oposición, no contaba con que el lehendakari, adivinando la jugarreta, impusiera  un cierre de negociaciones en 24 horas. EH Bildu debía retratarse finalmente. ¡Arre! o ¡só!. Y  el resultado fue “¡só!” .  

Desde el día 25 de septiembre,  la representación oficial del Gobierno vasco mantuvo siete reuniones  de negociación directa con EH Bildu. En todo ese tiempo, la organización de Arnaldo Otegi recibió cinco propuestas distintas. Cada una mejoraba la anterior. La última, enviada en las primeras horas del miércoles 12 de diciembre, actualizaba las cuantías a todas las personas pensionistas perceptoras de RGI hasta llegar, en el plazo de tres años, a los 858 euros mensuales, una propuesta testada y contrastada previamente con la “oficialidad” de la Izquierda Abertzale, pero que, ni por esas fue aceptada en último extremo. 

La respuesta de EH Bildu, recibida a las 19,30 horas en la sede del ejecutivo autónomo retrotraía la demanda a momentos anteriores –lunes 10-. Lejos de acercar posturas, EH Bildu las agrandaba.  Hasta el documento estaba fechado  dicho día aunque Otegi se esfuerce ahora con poco éxito en negarlo. Se acababa el teatrillo y la farsa.  El Gobierno retiraba el proyecto presupuestario y aprobaba la prórroga. 

Las  explicaciones de EH Bildu fueron las esperadas. Que “el Gobierno  no ha respondido ni a las demandas ciudadanas en materia presupuestaria”. Que “han demostrado su incapacidad para lograr apoyos”.  Que ésta ha sido una “gran oportunidad perdida para este país”. Lo dijo Maddalen Iriarte tras  el anuncio de la prórroga en las cuentas.  

Otros, más combativos, incitaron a los pensionistas a rebelarse contra el PNV, el partido  que “ha dado la espalda a la gente, amén a la patronal, ultimátum y portazo. Nada que no esperásemos de quienes no consiguen salirse del bucle  de la agitación permanente, como el conductor de un camión incapaz de encontrar la salida en una rotonda y que gira y gira en ella indefinidamente.

En quienes deseamos  desde hace tiempo una normalización de las relaciones políticas, la actitud de EH Bildu nos ha vuelto a generar una enorme decepción. Siguen sin estar preparados para tener responsabilidades de país. A pesar de los cantos de sirena, de los llamamientos a los “grandes acuerdos”, a las “listas unitarias”, a la necesidad de “sincronizar relojes”.  ¿Cómo creerse  las invitaciones  a construir juntos el país si, en la práctica, son incapaces  de asumir cualquier compromiso que les suponga un baño de realismo? ¿Cómo fiarse  de quienes nunca son capaces de sumar? ¿Cómo compartir nada con quienes no saben interpretar que entre el todo y la nada hay razones intermedias que merecen la pena  conseguir y ganar? Su inmadurez me sigue provocando pena y consternación.  Hoy por hoy no podemos esperar nada de ellos. Lo acaban de demostrar. Una lástima.

Lo peor de todo es que la incapacidad  demostrada por EH Bildu repercutirá en todos. Siempre fue así. Y, también como siempre,  el PNV intentará paliar los perjuicios causados. Lo veremos  en la gestión de la “prórroga” presupuestaria. Por ese lado, tranquilidad. 
        - 

2 comentarios:

  1. ...siguen en su misma "trintxera", como si no hubiera "llovido"....

    ResponderEliminar
  2. Señor mediavilla, se le olvida que gobierno (con el psoe) son ustedes. La obligación de sacar adelante la cuentas es suya, no de eh bildu. La oposición sino le parece suficientes el presupuesto propuesto esta en su derecho de rechazarlo...igual son ustedes los que no han querido llegar a un acuerdo y ya tenían pensado prorrogar las cuentas

    ResponderEliminar