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miércoles, 12 de enero de 2011

Comunicado de ETA ( y 3). ETA POR EL FINAL Y EL GOBIERNO POR EL PRINCIPIO

Iñigo Urkullu lo ha venido diciendo desde que fue elegido presidente del PNV. Para alcanzar la paz y la normalización en Euskadi es necesario que “ETA empiece por el final, por el desarme acreditado, y que el Gobierno español empiece por el principio, el cumplimiento de la legalidad doméstica e internacional en materia de derechos humanos”.

Ambas condiciones han sido repetidas en todos los encuentros que los jeltzales han mantenido con las partes en cuestión, bien con los interlocutores de la Izquierda Abertzale como con Zapatero y Pérez Rubalcaba.

El PNV, aunque parezca extraño, ha sido uno de los principales artífices del actual momento de oportunidad. Él ha aportado algo básico para que el proceso pueda fermentar; tiempo. Su acuerdo presupuestario con Rodríguez Zapatero garantizó un bien imprescindible, tanto para la Izquierda Abertzale como para el Gobierno español; la estabilidad y un calendario amplio.

Su apuesta por el acuerdo en Madrid fue mucho más que pura estrategia. Ganar autogobierno y crecimiento institucional hubiera sido suficiente rédito, pero la mano tendida de Urkullu propició que unos y otros confiaran en las posibilidades de arriesgar para tener una opción de paz.

Batasuna sabe que el PNV no se opondrá a su legalización. Siempre estuvo en contra de destierro democrático y ahora, con más motivo, los jeltzales avalarán su reincorporación al mapa partidario. De igual modo conocen que el PNV no cederá a concesión política alguna que parta de la base “causa-efecto” de la desaparición de ETA. Con Batasuna legal no es necesaria mesa de partidos. Que haga política, como los demás, y punto.

El Gobierno español también está al tanto de estos extremos, pero también conoce la pretensión nacionalista de adecuar la política penitenciaria y la reinserción al servicio de la paz.

Zapatero y Pérez Rubalcaba son conscientes de que, más tarde o más temprano, tendrán que abordar la problemática de los presos. Por eso no han estado quietos en los últimos meses. El Gobierno español sabe cual es la situación y el pensamiento de la población reclusa vinculada a ETA. Tienen fichas individualizadas, como si les hubieran hecho un análisis médico a cada preso, para saber de qué lado está y qué peso tendrá su opinión en un futuro inmediato.

Perciben que el colectivo está dividido a tercios. Por un lado quienes ya no quieren saber nada de ETA. Por otro, quienes buscan una salida pero confían en que ésta parta del acuerdo de todos. Y, en tercer lugar, quienes mantienen posiciones irreductibles.

Si en el momento de la “dispersión”, el gobierno español utilizó la disgregación penitenciaria para evitar el monolitismo del colectivo preso, propiciando salidas individualizadas, ahora, lo inteligente sería actuar de manera inversa. Alguien lo ha definido muy bien al afirmar que “patio pequeño, debate pequeño. Patio grande, debate grande”.

La habilidad, la astucia y, también, la inteligencia de Pérez Rubalcaba, hacen pensar que tales consideraciones las mantiene presentes en su agenda oculta. Luego, no sería de extrañar que, en paralelo a un discurso oficial rígido y exigente, contemplara actuaciones proactivas en el ámbito penitenciario. De hecho, durante los últimos meses, y sin repercusión pública alguna, se han producido movimientos de presos. Traslados y ajustes que permiten huecos en cáceles próximas a Euskadi. Huecos que, en un momento dado, pudieran alojar a nuevos inquilinos, a los que pudiera aplicarse las previsiones legales del Código Penal (artículos 90 y 100.2) de cara a flexibilizar su condición penitenciaria.

Tales medidas, de carácter extraordinario, han sido aplicadas ya de manera individualizada en señalados casos de activistas que han renunciado a la violencia y que voluntaria o forzosamente están fuera de la organización ETA.

Por lo tanto, “final” y “principio” parecen ser las condiciones previas necesarias para que el proceso avance y se consolide. Pero, las incógnitas que la ecuación plantea son tantas que es arriesgado, hoy por hoy, vaticinar el final de la película.

Todo es posible. Desde que el final feliz esté más próximo de lo que pensamos porque en la trastienda alguien ya lo haya consensuado previamente con total opacidad, hasta que todo vuelva a ponerse patas arriba. El robo de vehículos y de material informático en Francia abonaría esta fatal previsión. El comunicado – en su primer bote- , su posible ampliación –segundo bote- y las matizaciones que sobre el mismo han hecho ya desde Batasuna, indicaría lo contrario. Es decir que se avanza por el buen camino

El último capítulo iniciado tras la aparición publicitaria de ETA ha abierto todas las hipótesis. Quien quiera valorarlas no deberá cegarse por sus deseos sino por los hechos constatables. Experiencias pasadas demuestran que el voluntarismo y la buena fe conducen, casi siempre, a la frustración. Y no estamos ya para revivir nuevos fracasos.

Pese a todo, mantengamos la esperanza. Como escribiera Lauaxeta ; “Eta illuntzeko bakian, norbaitek darrai kantari: dana emon biar yako maite dan azkatasunari"!

(Y en la paz del anochecer alguien sigue cantando: ¡"Hay que darlo todo por la libertad tan amada"!)

martes, 11 de enero de 2011

El comunicado de ETA. (2) LA LEGALIZACIÓN DE LA IZQUIERDA ABERTZALE EMANCIPADA



Tras el comunicado de ETA en el que anunciaba un alto el fuego permanente y verificable, todos los comentarios políticos se centran en cuestionar si el paso dado por la organización armada será suficiente o no para permitir la legalización de un partido que articule a la Izquierda Abertzale emancipada. Y esa no es la cuestión.



Asumir el principio de causa-efecto, en relación a la legalización-ilegalización de Batasuna o como se quiera llamar, significaría admitir que existe un precio político a pagar a ETA por su desaparición. Cosa diferente es que el camino a transitar por la Izquierda Abertzale para retornar al ámbito político sea mucho más diáfano y llevadero sin el peso de ETA en la mochila.



En diferentes ocasiones se han escuchado a voces autorizadas de Batasuna asegurar que su compromiso exclusivo con las vías políticas y democráticas es inequívoco, diga o haga lo que diga o haga ETA. Y ha sido todavía más convincente que tales afirmaciones provengan no del brillante comercial de la marca (Otegi), sino de la parte mayoritaria del accionariado, es decir de la patronal (Rufi Etxeberria).



Que la decisión de “tirar para adelante” es firme, lo atestigua el hecho de que desde hace meses exista un proyecto de estatutos para una nueva formación política. Un proyecto alejado de las vías violentas y enmarcado en la legalidad dimanada de la restrictiva Ley de partidos políticos.



Que la Izquierda Abertzale estaba dispuesta a su emancipación de ETA era un secreto a voces, pero la carga interna de un enfrentamiento abierto con ella suponía un desgaste para su universo que nadie quería asumir. De ahí que decidiera tomar las riendas del proceso, y con ímpetu, dirigir la cabalgadura hacia el establo, aún a riesgo de ser coceada. La apuesta merecía la pena y la última declaración de ETA avala la maniobra.



Si el siguiente paso es el registro de una nueva formación partidaria comprometida con la legalidad –ese es el cometido que le falta por hacer a Batasuna- habrá cubierto la expectativa y negar su salida a la luz sólo se entenderá en clave de interés o de voluntad política.



La Izquierda Abertzale debe hacer lo que le toca. Nada más y nada menos. Debe dejar de buscar excusas ni de culpar a los demás de su situación. Sabe que no hay precio político alguno que pagar por la desaparición de ETA. Ni reconocimientos legales, ni mesas partidarias posteriores. Ese esquema ya fracasó en el pasado y nadie admitirá su reedición. Debe, como en el “gizon-proba”, acarrear la piedra con su único esfuerzo porque suya, en exclusiva, será la recompensa.



Su pretensión es estar presente en los próximos comicios municipales y forales. Y casi con total seguridad estará. Con siglas propias, con votos subsidiados o con una formulación mixta. Y si retoma ese camino del sufragio, su apuesta no tendrá marcha atrás. Pero esa jugada no tendrá como causa, ni como efecto a ETA sino a su emancipación. Buscar lo contrario sería enfrentarse, no ya a la voluntad política del Gobierno español, sino a la sentencia y a la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Y esa vía está cerrada.



Otra cuestión que se plantea es ¿qué hará el Gobierno español cuando llegue el momento de la emancipación de la Izquierda Abertzale?.


Caben pocas sorpresas en este sentido. Zapatero y Pérez Rubalcaba van a medir mucho sus palabras y sus compromisos. El Gobierno español, que quisiera que el proceso avanzara con rapidez para ganar en expectativa de éxito, sabe que la presión del PP y de la opinión publicada le va a obligar a una extrema prudencia. Pero, a pesar de la actitud de rigidez que pueda mantener públicamente, también será sensible al nuevo escenario.



Es poco probable que, de salida, el Gobierno español de el “placet”a la legalización de una nueva formación. Será mucho más fácil que traslade la decisión última al Tribunal Supremo. Y ahí, si los estatutos son impecables y el encaje legal se ajusta a la Ley de Partidos, el alumbramiento tiene viabilidad. Sobre todo, si la mano de Conde Pumpido, que volverá a jugar un papel protagonista y relevante en el proceso, sabe jugar sus bazas. Lo hizo en el pasado con la legalización-ilegalización de candidaturas a la carta. Y lo volverá a hacer si llega el caso.



La cuestión relevante es si hay tiempo suficiente para que todo esto ocurra antes de mayo. La Izquierda Abertzale tiene prisa. Nunca lo ha negado. Sin embargo, a la vista de los avances, cabe la opción de que, en un nuevo ejercicio de realismo político, admita un proceso transitorio que le permita llegar hasta las elecciones autonómicas a pleno rendimiento. Hoy les gustaría medirse en las urnas para captar el entusiasmo de sus electores. Y, si es posible, recobrar el liderazgo que otrora ostentara en Gipuzkoa.



Pero, la paciencia debe hacerse virtud. En el horizonte a medio plazo está constituirse en alternativa mayoritaria del abertzalismo, relevando al PNV. Como en Irlanda del Norte lo hizo el Sinn Fein. Ese es su sueño. Y el de otros, quienes siempre han visto al PNV como el adversario a batir en Euskadi. Hoy, éstos, han ganado una batalla desplazándolo de Ajuria Enea de la mano del PP. Quizá mañana jueguen otra baza diferente. Otegi y Eguiguren así lo creen.