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martes, 7 de febrero de 2012

“L´ÉTAT C´EST MOI”

 
Se atribuye a Luis XIV la célebre cita de «L'État, c'est moi» («El Estado soy yo»). Sin embargo, todos los historiadores vienen a colegir que la mencionada afirmación, a tenor de la fecha que se atribuye, no pudo salir de los labios del monarca francés que tendría un mes de vida cuando se pronunció por primera vez. Más bien, tal afirmación, fue forjada por los enemigos del absolutismo político que Luis XIV, o el “Rey Sol” representaba.


Louis XIV

La política, el “Estado”, la “comunidad” han sido muchas veces la excusa en la que refugiar responsabilidades personales o grupales. Ese absolutismo de parapeto ha vuelto a la palestra en relación a la controversia suscitada entre el PNV y el Gobierno Vasco en relación a la situación de las cuentas públicas de la comunidad.

Las críticas de brocha gorda han tratado de desplazar el centro gravitacional de las declaraciones de Iñigo Urkullu hacia un supuesto menoscabo de la solvencia y de la fortaleza de la sociedad vasca. Y al hilo de ese bote de humo, no han sido pocos los que se han sumado a un linchamiento mediático y opinativo del presidente del EBB. Hasta el Delegado del Gobierno, que por prudencia debiera mantenerse alejado del debate político partidario, ha pretendido participar de la fiesta del despiste.


Urkullu no ha dudado de la credibilidad ni de la solvencia de la sociedad vasca. Ni de su potencialidad económica. Ni de sus sectores productivos. Ni de la capacidad de superación y de trabajo de Euskadi.


Urkullu no atacado el músculo económico de Euskadi, ni ha cercenado su imagen exterior. No. Lo que Urkullu ha situado en el centro del debate es la fragilidad de la gestión económica de una Administración, de un Gobierno, cuyo coordinador plenipotenciario se le aproximó en varias ocasiones a la búsqueda de auxilio económico para sus debilitadas cuentas públicas.

Y, no. No fue una aproximación habitual, de las “muchas” en que el Gobierno de Patxi López ha pedido colaboración al PNV para avanzar frente a la crisis. No, fue un acercamiento para que el PNV flexibilizara su posición en la búsqueda de recursos extraordinarios –el céntimo sanitario a modo de recargo en el consumo de hidrocarburos- que alimentaran las hambrientas arcas gubernamentales. Fue, una llamada desesperada, porque, de seguir por los actuales derroteros, el mes de marzo “el gobierno estará pelado”. “Pelado” sí, aunque quien lo afirmara en privado negará ahora ser el autor de la cita. Es su sino.

El PNV, por boca de su presidente había hecho gestos públicos que anunciaban su voluntad de “arrimar el hombro”. Pero, una y otra vez, desde el mismo gobierno del coordinador-consejero de Interior, se deslegitimó la sinceridad del ofrecimiento jeltzale.


Así que no casaba la imperiosa necesidad trasladada en privado y la soberbia desfachatez demostrada en público.



Por eso, y por sentido de la responsabilidad el PNV marcó el terreno: colaboración sí, pero antes transparencia, afloramiento de la situación económica, diagnóstico de la gravedad del paciente y, luego, si es posible, remedio para tratar la dolencia.

Urkullu contactó, antes de su comparecencia pública del pasado viernes , con el líder del socio gubernamental. Con Antonio Basagoiti. A él le hizo partícipe de de la profunda preocupación suscitada en el PNV por la salud de las cuentas públicas. Le relató lo sucedido y le adelantó la inmediata petición de clarificación contable. Basagoiti atendió la explicación. Y, horas más tarde, se sumó a la melé contra el PNV y su presidente.

La respuesta a la cuestión central planteada por Urkullu – la clarificación de las cuentas- ha sido el escapismo. “L´État c´est moi- Euskadi soy yo” y quien dude de mi solvencia pone en cuestión y en riesgo la imagen pública de Euskadi. Y, a partir de ese momento, el pim, pam, pum que demuestra la bajeza y la escasa talla de quienes nos gobiernan y quienes les apoyan.



Sigue en el aire la pregunta; cual es el déficit real del Gobierno vasco, cuanta deuda nueva ha contraído y a qué la ha dedicado. Cuantos compromisos presupuestarios ha trasladado a años posteriores al ya vencido 2011. Cuanto tendrá que pagar el próximo gobierno de intereses. Cuanto del presupuesto se ha ejecutado y qué recortes ocultos existen. Transparencia, veracidad, certidumbre son las claves para salir del atolladero.

Cuando uno tiene la impresión que quien gestiona sólo piensa en girar su factura al siguiente; cuando la opinión generalizada es que el agujero financiero de hoy –que se hace más grande cada día- condicionará gravemente las políticas públicas del futuro y que quien es responsable, o irresponsable de tal desastre, sólo parece responder “ante Dios y ante la historia”, (como el Rey Sol) , llega al convencimiento de que el fin de un ciclo está próximo. Luis XIV tuvo un longevo reinado pero su absolutismo gobernante heredó uno de los cambios más trascendentes de la historia: la revolución francesa.

viernes, 30 de septiembre de 2011

JOSE LUIS MORENO Y SUS MUÑECOS

Cuando esta mañana he arrancado el ordenador tenía en mente dedicar un comentario al pleno parlamentario del pasado jueves. Pero en las primeras presiones del teclado he percibido que lo ocurrido en el debate de política general era par mi un “déjà vu”. Sí, como el “día de la marmota”. El lehendakari diciendo a los demás lo que tienen que hacer, lo bien que gestiona su gobierno con el poco dinero que tiene, un circunloquio metafísico sobre la crisis mundial, los mercados y la democracia, y , finalmente, un par de declaraciones ocurrentes para edulcorar titular y medio de una comparecencia fuera de lugar. Extemporánea.


López no sedujo a casi nadie. Ni a su socio preferente que cada vez se muestra más inquieto ante la vacuidad de un gobierno de letargo y siesta. Javier Andrés, Diputado general alavés, y “popular” donde los haya, salió del hemiciclo vitoriano molesto. Había escuchado a un lehendakari poco conciliador. No le gustó su rol de “oposición a las diputaciones”. Bueno, ese papel no gustó a nadie, salvo a Pastor, instalado numantinamente en la retórica del reproche y la descalificación.

En resumen, conjunto vacío. Un trámite más en el tedioso tránsito gubernamental que nos ocupa. Ocupa y preocupa.

Revisaba ediciones digitales que alimentaran mi ingenio, huérfano de tema tras el tedio parlamentario, cuando encontré unas declaraciones de Jose Luis Moreno. ¿Será el de los muñecos?, ¿el de Rockefeller y Macario?. No era otro. Ventrílocuo también que para no coincidir con el artista y productor televisivo había tuneado su nombre convirtiéndolo en un más castizo “Txelui”.


Txelui Moreno había cantado ante los medios de comunicación y, para no desafinar en su música, había contado del acompañamiento inestimable de una diva singular, Jone Goirizelaia, una burguesa roja que lo mismo interpreta ópera y ballet en su chalet del mungialde vizcaino o rock radical en la Audiencia Nacional.

Su mensaje tenía un destinatario; el PNV de Urkullu.


Moreno, el último ventrílocuo de la Izquierda Abertzale manifestó en una declaración ante periodistas (sin preguntas) que “Urkullu, está muy nervioso porque el proceso de normalización política de Euskadi sigue adelante y su partido no participa en él, sino que hace dejación en la búsqueda de la paz”. El dirigente navarro remachó el clavo con otra afirmación; “ el PNV tiene un nulo compromiso con la fase abierta en Euskal Herria".


Jone Goirizelaia por su parte, interpretó la voz aguda en la cantata afirmando que “ el PNV ha perdido la centralidad y su nulo compromiso con el proceso le ha hecho quedarse solo. Lo que el PNV tiene que hacer es empezar a ver qué es lo que quiere de verdad; si quiere que el país avance y llegue a una situación diferente, o va a seguir siendo el acólito de Madrid”.


Resulta inaudita tanta desfachatez. Es fácil entender que la dinámica política lleve a cruzar mensajes provocativos entre diferentes para alimentar las expectativas propias, pero provocar con la mentira resulta inadmisible.


Inadmisible porque el PNV y Urkullu han sido actores principales del actual proceso que nos encamina a la paz y eso bien lo sabe la Izquierda Abertzale. Urkullu y el PNV han sido compendiadores de una interlocución de difícil encaje entre el Gobierno de Zapatero y los representantes del MLNV. El PNV y Urkullu facilitaron el “tiempo” del proceso. Posibilitaron la legalización de “Bildu”. Legitimaron a los “verificadores”. Urkullu y el PNV hizo de puente entre los interlocutores oficiales y Zapatero. Intercambiaron mensajes. Desbrozaron el camino. Ayudaron a disipar dudas. Alimentaron la confianza. De unos y otros. Urkullu y el PNV arriesgaron - y lo seguirán haciendo-, a sabiendas de que lo que está en juego no es un puñado de votos sino el bien supremo de la paz en Euskadi.


Son varios los agentes sociales y políticos que conocen la frenética actividad que el presidente del PNV ha desarrollado en estos meses para encarrilar un proceso bloqueado. Un esfuerzo titánico para que frente a las adversidades, la voluntad “unilateral” de abandono de la violencia no fuera quebrada en su irreversibilidad. Tenacidad para convencer a un presidente de gobierno agonizante de que aún hay tiempo y posibilidades reales de aprovechar la oportunidad que el momento histórico nos brinda. Urkullu ha ido de aquí para allá. Ha estado con unos y otros. Ha agotado la batería de su teléfono en conversaciones y mensajes habilitadores de esperanza. Y seguro que lo seguirá haciendo.


¿Así paga la Izquierda aberzale su compromiso?.


Nadie pide que se premien los esfuerzos realizados por el presidente del PNV. Máxime cuando él mismo ha envuelto su función en una discreción modélica, del todo punto necesaria para hacer prosperar su trabajo. A eso se llama responsabilidad de Estado, de país. Abertzalismo íntegro.


Urkullu ha dicho en multitud de ocasiones que el futuro está plagado de oportunidades de colaboración entre el PNV y la Izquierda Abertzale, siempre que las armas hayan abandonado para siempre a este país. Sin armas, el futuro está abierto al entendimiento.


Posicionamientos como los demostrados –y son ya reincidentes- por Moreno y Goirizelaia neutralizan ese futuro. Ellos sabrán por qué lo hacen. Sus ocurrencias mediáticas quizá generen algarabía en su mundo. Pero tienen menos gracia que las de los muñecos de Jose Luis Moreno.


Rufi; ¿acaso tú tampoco les cuentas todo?.























martes, 27 de septiembre de 2011

LA RESPONSABILIDAD DE URKULLU

El presidente del PNV, Iñigo Urkullu admitió ayer, en el marco de una iniciativa organizada por la Fundación Sabino Arana, que el trabajo llevado a cabo por su partido por la paz ha tenido como consecuencia el "fortalecimiento político y electoral de la coalición (Bildu)". Pese a ello, el dirigente jeltzale no se mostró contrariado por esta circunstancia. Al contrario, recalcó como seña del Partido Nacionalista Vasco la anteposición de "los intereses del Pueblo Vasco a cualquier otra consideración". "Solo así seguro que acertamos. Si tenemos 116 años de historia como formación no es por suerte o casualidad", consideró.



Urkullu sabe que la consecución de la paz es el “bien mayor para Euskadi” y por eso, alcanzar dicho objetivo hace que el desgaste propio o el lucimiento de otros sean factores aleatorios en este momento. Lo importante es consolidar la paz aunque el precio que algunos deban pagar por ello resulte incómodo.


Urkullu lo dice con conocimiento de causa. Él está siendo protagonista de excepción de la oportunidad política y convivencial que vive este país. Aunque no se sepa y la opinión pública resulte ajena a su gestión.


Su intervención personal durante los últimos meses ha sido crucial para que el proceso avance. El presidente del EBB ha sido y sigue siendo, cauce de conexión entre la Izquierda Abertzale y el Gobierno español. Ha sido y sigue siendo, uno de los puentes básicos que ha permitido avanzar en los momentos más delicados. Han sido numerosas las citas, las conversaciones y encuentros mantenidos, en la más absoluta discreción, con los actores principales de la nueva situación que vivimos.


Ya en el pasado año, su acuerdo con Zapatero en materia presupuestaria y de estabilidad, consiguió ganar un tiempo precioso para trabajar la oportunidad de paz. Un tiempo que se ha ido gestionando con racanería y bajo el lastre del cálculo político. Bajo la siempre perniciosa atención de quien gana o quien pierde más en la balanza política de los gestos o los compromisos.


El mes de agosto pasado fue crítico en tal sentido. Zapatero colocó un “mugarri” a modo de plazo fijo para que ETA afianzara su compromiso democrático. O lo hacía público o el reloj se paraba dando paso a una nueva legislatura y a la incertidumbre generada por la llegada de nuevos inquilinos al palacio de la Moncloa. El riesgo de que la “unilateralidad” fuera reversible, y con ella se desbaratara la expectativa de éxito, hizo cundir el desánimo. Preocupación acentuada con decisiones político-judiciales incomprensibles.


Con anterioridad, la advertencia del PNV y su presidente, en relación a la legalización de Bildu por el Tribunal Constitucional, tuvo su recompensa. No sería justo decir que Bildu es hoy legal y que su éxito se lo debe a Urkullu, pero el posicionamiento público y privado del líder jeltzale sirvió entonces para mucho. La Izquierda Abertzale, sus patrocinadores principales lo saben y algún día lo reconocerán en público.


Hoy, hace apenas unos días, la intervención de Urkullu ha vuelto a ser crucial. “Estamos a tiempo” – se repetía y reiteraba a quien le quisiera escuchar-. Y le escucharon. Los de un lado y los del otro. Su teléfono móvil es testigo de la infinidad de mensajes cruzados. Y más allá de la tecnología, Urkullu se ha movido en persona. Aquí y allá, porque el bien supremo de la paz le exigía arriesgar.


Hoy, tras el comunicado del Colectivo de presos de ETA y su relevancia de cara al cese definitivo de la actividad armada, Urkullu ha pedido a los actores principales de esta transición hacia la paz, que aceleren sus pasos. Que es el momento de poner toda la carne en el asador. Que se destierre el cálculo electoral porque el bien supremo está cercano, “lo acariciamos con las yemas de los dedos”. Es cierto. Y pese a las declaraciones rutilantes de Conde Pumpido y de alguno más, esta vez sí, puede y debe ser la buena. La oportunidad que todos esperábamos desde hace años.


Seguro que Urkullu estará incentivándola. Entre las bambalinas. A sabiendas que al PNV le resultará costosa. Pero eso será una levedad si el bien mayor se obtiene. Y seguro que se obtendrá.


Sé que este comentario resulta un tanto críptico. Faltan los detalles que esclarezcan la foto. Pero el guión exige responsabilidad. La responsabilidad que está demostrando Iñigo Urkullu. Bien lo saben, entre otros,  Rufi  Etxeberria y Rodríguez Zapatero.

viernes, 3 de junio de 2011

EL MOMENTO DE LA VERDAD Y LÓPEZ DE EXCURSIÓN

El mismo día que Patxi López, no se sabe bien si en su condición de Lehendakari o de Secretario General de los socialistas vascos, afirmaba que su política no iba a alterarse como consecuencia de las “excursiones” del PNV a Madrid, el presidente de esta formación, Iñigo Urkullu y el jefe del gobierno español, Rodríguez Zapatero, se volvían a encontrar en la Moncloa.


López, enrocado en su alianza estratégica con el PP, pedía a los nacionalistas que impidieran el acceso de Bildu a las instituciones guipuzcoanas. No sólo lo pedía, sino que responsabilizaba directamente a los jeltzales de que esto ocurriera, olvidándose, entre otras cosas, de que el pasado día 22 la ciudadanía había votado y lo había hecho de una manera nítida y mayoritaria del lado de la coalición de la Izquierda Abertzale (al menos en el territorio de Gipuzkoa)

Su discurso, nuevamente exigente en relación a los demás –López es especialista en aconsejar a los otros de lo que deben hacer sin comprometerse en lo que él, en primera persona,está dispuesto a llevar adelante- se parapetaba en algo así como una “ilegalización” fáctica de Bildu. “Bildu –según López- tiene todavía recorrido democrático por hacer”. “El gobierno de Bildu paralizará un territorio”. En suma, que pese a la sentencia del electorado, una formación legal como la que representa Bildu, debe ser condenada al ostracismo de la oposición.

Y todo eso, sin analizar por un segundo, la relevancia que los resultados electorales pueden y deben tener en la consolidación de la alternativa civil y democrática de la Izquierda Abertzale y su proyección global a la sociedad vasca en lo referente a normalización política y convivencia en paz.

Vamos, que puestos a ir de excursión, López viajó de ningún sitio a ninguna parte.


En paralelo, como si alguien pretendiera, una vez más, resaltar su vacuidad política, el presidente español, Rodríguez Zapatero e Iñigo Urkullu se reunían en la Moncloa para analizar y compartir diagnósticos. Sobre el tapete, entre otras materias, volvió a estar el proceso de pacificación y normalización.

Zapatero está empecinado en finalizar su mandato al frente del ejecutivo español. Su “viaje” culminará en marzo o abril (en el mejor de los casos) y su objetivo es que su candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba, dispute y gane la carrera. En el libro de ruta de esta corta etapa aparecen metas volantes y puertos de montaña que superar. Los tiene perfectamente marcados en el plano. Está plenamente convencido de lo que debe hacer. Sabe que la economía española necesita nuevas reformas. Las abordará sin titubeos, aunque por el camino le partan la cara. Es más, él mismo se ofrecerá como “escudo humano” a apalear para evitar el desgaste de su “esprinter”. También tiene marcada en la ruta, el encauzamiento de un proceso que traiga la paz, y que acabe con ETA.

No son tareas sencillas. Y necesita apoyos.


Urkullu ha vuelto a responderle. El PNV siempre apoyará una expectativa de paz para Euskadi. Aunque para alcanzarla tenga que pagar un precio de desgaste. La mezquindad de no querer pagar un precio político propio como contraprestación al bien supremo de la paz no entra en la estrategia jeltzale.


El plazo para garantizar que el camino a emprender no tiene vuelta atrás, es muy corto. Hay que dar pasos ya. Los pasos no pueden ser unidireccionales. Los tienen que adoptar todas las partes. Y el coste de la operación deberá ser sufragada de forma mancomunada.

Bildu o la Izquierda Abertzale también. Es su momento. Tras la travesía por las urnas y la certificación de que esa vía, la civil, es la única que les conduce al éxito, deben recobrar protagonismo. Es su tiempo. Tiempo de exigencia, de constatación de que ETA es el pasado.Y que ellos son el presente y el futuro. Tiempo de gestos, de declaraciones de principios.También, por qué no, tiempo de gobierno, de tomar tierra con la realidad de los problemas generales que afectan a la gente.

Zapatero, afeando otra vez a López ha dicho que hay que esperar para ver si la presencia de Bildu en las instituciones es un "factor que nos hace ir hacia adelante en el fin de ETA". Ha marcado el inicio del viaje. Hay que aprovechar el tiempo. No sea que quienes como López se empecinan en el pasado ganen la partida y el final del túnel sea taponado y la oportunidad se pierda.

Es el inicio del nuevo tiempo. Hay que correr. Zapatero está en los tacos de salida. La Izquierda Abertzale – Bildu debe poner el semáforo en verde. Es el momento de la verdad.

Y el lehendakari López de excursión con Basagoiti.

miércoles, 12 de enero de 2011

Comunicado de ETA ( y 3). ETA POR EL FINAL Y EL GOBIERNO POR EL PRINCIPIO

Iñigo Urkullu lo ha venido diciendo desde que fue elegido presidente del PNV. Para alcanzar la paz y la normalización en Euskadi es necesario que “ETA empiece por el final, por el desarme acreditado, y que el Gobierno español empiece por el principio, el cumplimiento de la legalidad doméstica e internacional en materia de derechos humanos”.

Ambas condiciones han sido repetidas en todos los encuentros que los jeltzales han mantenido con las partes en cuestión, bien con los interlocutores de la Izquierda Abertzale como con Zapatero y Pérez Rubalcaba.

El PNV, aunque parezca extraño, ha sido uno de los principales artífices del actual momento de oportunidad. Él ha aportado algo básico para que el proceso pueda fermentar; tiempo. Su acuerdo presupuestario con Rodríguez Zapatero garantizó un bien imprescindible, tanto para la Izquierda Abertzale como para el Gobierno español; la estabilidad y un calendario amplio.

Su apuesta por el acuerdo en Madrid fue mucho más que pura estrategia. Ganar autogobierno y crecimiento institucional hubiera sido suficiente rédito, pero la mano tendida de Urkullu propició que unos y otros confiaran en las posibilidades de arriesgar para tener una opción de paz.

Batasuna sabe que el PNV no se opondrá a su legalización. Siempre estuvo en contra de destierro democrático y ahora, con más motivo, los jeltzales avalarán su reincorporación al mapa partidario. De igual modo conocen que el PNV no cederá a concesión política alguna que parta de la base “causa-efecto” de la desaparición de ETA. Con Batasuna legal no es necesaria mesa de partidos. Que haga política, como los demás, y punto.

El Gobierno español también está al tanto de estos extremos, pero también conoce la pretensión nacionalista de adecuar la política penitenciaria y la reinserción al servicio de la paz.

Zapatero y Pérez Rubalcaba son conscientes de que, más tarde o más temprano, tendrán que abordar la problemática de los presos. Por eso no han estado quietos en los últimos meses. El Gobierno español sabe cual es la situación y el pensamiento de la población reclusa vinculada a ETA. Tienen fichas individualizadas, como si les hubieran hecho un análisis médico a cada preso, para saber de qué lado está y qué peso tendrá su opinión en un futuro inmediato.

Perciben que el colectivo está dividido a tercios. Por un lado quienes ya no quieren saber nada de ETA. Por otro, quienes buscan una salida pero confían en que ésta parta del acuerdo de todos. Y, en tercer lugar, quienes mantienen posiciones irreductibles.

Si en el momento de la “dispersión”, el gobierno español utilizó la disgregación penitenciaria para evitar el monolitismo del colectivo preso, propiciando salidas individualizadas, ahora, lo inteligente sería actuar de manera inversa. Alguien lo ha definido muy bien al afirmar que “patio pequeño, debate pequeño. Patio grande, debate grande”.

La habilidad, la astucia y, también, la inteligencia de Pérez Rubalcaba, hacen pensar que tales consideraciones las mantiene presentes en su agenda oculta. Luego, no sería de extrañar que, en paralelo a un discurso oficial rígido y exigente, contemplara actuaciones proactivas en el ámbito penitenciario. De hecho, durante los últimos meses, y sin repercusión pública alguna, se han producido movimientos de presos. Traslados y ajustes que permiten huecos en cáceles próximas a Euskadi. Huecos que, en un momento dado, pudieran alojar a nuevos inquilinos, a los que pudiera aplicarse las previsiones legales del Código Penal (artículos 90 y 100.2) de cara a flexibilizar su condición penitenciaria.

Tales medidas, de carácter extraordinario, han sido aplicadas ya de manera individualizada en señalados casos de activistas que han renunciado a la violencia y que voluntaria o forzosamente están fuera de la organización ETA.

Por lo tanto, “final” y “principio” parecen ser las condiciones previas necesarias para que el proceso avance y se consolide. Pero, las incógnitas que la ecuación plantea son tantas que es arriesgado, hoy por hoy, vaticinar el final de la película.

Todo es posible. Desde que el final feliz esté más próximo de lo que pensamos porque en la trastienda alguien ya lo haya consensuado previamente con total opacidad, hasta que todo vuelva a ponerse patas arriba. El robo de vehículos y de material informático en Francia abonaría esta fatal previsión. El comunicado – en su primer bote- , su posible ampliación –segundo bote- y las matizaciones que sobre el mismo han hecho ya desde Batasuna, indicaría lo contrario. Es decir que se avanza por el buen camino

El último capítulo iniciado tras la aparición publicitaria de ETA ha abierto todas las hipótesis. Quien quiera valorarlas no deberá cegarse por sus deseos sino por los hechos constatables. Experiencias pasadas demuestran que el voluntarismo y la buena fe conducen, casi siempre, a la frustración. Y no estamos ya para revivir nuevos fracasos.

Pese a todo, mantengamos la esperanza. Como escribiera Lauaxeta ; “Eta illuntzeko bakian, norbaitek darrai kantari: dana emon biar yako maite dan azkatasunari"!

(Y en la paz del anochecer alguien sigue cantando: ¡"Hay que darlo todo por la libertad tan amada"!)

miércoles, 20 de octubre de 2010

HONRA SIN BARCOS...



Zapatero ha movido ficha. Era previsible, pero necesitaba condiciones objetivas para hacerlo. El presidente español sabía de su soledad y de lo limitado de su mandato si no conseguía aliados.


Su traumática presidencia europea, unida a la intensidad de la crisis económica, le había dejado muy debilitado. Prácticamente amortizado.


Sus mensajes de socorro habían encontrado escaso eco. Las encuestas electorales, como potro de tortura acentuaron su dolencia. Las asonadas internas –primero Bono, luego las primarias madrileñas y posteriormente los notables de “provincias”- elevaron su cuadro clínico al diagnóstico de “crítico”.



Pero, en esto, llegó Urkullu y el PNV. Pese a que sus propios correligionarios vascos trataron de impedir el rescate del “socorrista de la playa”, el oxígeno llegó. Un gran acuerdo para Euskadi (el cierre del Estatuto incumplido) y para el inquilino de la Moncloa. Y, mucho más; la estabilidad. Estabilidad para la economía, para los mercados, y para los incipientes procesos de paz y normalización observados en este país.



Los asesores de Rajoy le habían aconsejado echarse a dormir. No hacer nada. Sentarse a la puerta de Génova para ver pasar el cadáver de su adversario, era la mejor estrategia para una victoria electoral futura. Se equivocaban. Porque Zapatero ganaría, si se presentase, el concurso televisivo de “Supervivientes”.



El acuerdo alcanzado con Urkullu y el PNV le ha hecho revivir. Y , con nuevo ímpetu jugará fuerte, jugará todas sus bazas para tener opciones de reeditar mandato en la Moncloa.



Su primera ficha ha sido la crisis de gobierno. Ha soltado lastre conformando un nuevo equipo en el que se conjuga el aparato interno (Leire Pajín y Trinidad Jimenez) con la solvencia en la interlocución (Jaúregui respecto a las autonomías y Valeriano Gómez en relación a los sindicatos). Se permite incluso un guiño al electorado de izquierda con la incorporación de la ex comunista Rosa Aguilar. Por lo más destacable de esta remodelación gubernamental es la ascensión de Alfredo Pérez Rubalcaba como número dos del ejecutivo.



Se trata, en suma, no de de un gabinete de transición sino de un gobierno de combate, dispuesto a pelear hasta el fin para recuperar el espacio electoral perdido. Como Méndez Núñez en la guerra del pacífico, Zapatero ha optado, si es necesario a la “honra sin barcos que a los barcos sin honra”. En su balanza ya no hay contrapeso, ni marcha atrás.



Su recuperación se la debe, fundamentalmente, a Urkullu y a los suyos. Lo sabe y lo tendrá en cuenta a futuro, aunque las andanzas de los socialistas vascos, con sus críticas a las “líneas rojas” u otras lindezas que en privado plantean, hace que, en más de una ocasión desde la Moncloa se pronuncie aquella cita de “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.



Ya el mes de mayo vaticinaba desde este mismo blog que la crisis gubernamental estaba al caer. No fue una profecía. Pero se veía venir. Ahora se presienten nuevos pasos. No tengo duda alguna en discernir que el presidente español va a jugar todas sus fichas, todos sus ahorros, todas sus bazas y todas sus opciones, en alcanzar el bien preciado de la paz con la desaparición de ETA.


Sabe que no le queda otra. Honra sin barcos.



Sin un horizonte claro de recuperación económica, Zapatero sabe que en la ruleta electoral ya no vale ni el rojo ni el par, sino la apuesta única a un solo número. Y con Pérez Rubalcaba de patrón de barco lo hará.


En esa apuesta decidida, de altísimo riesgo para él y los suyos, volverá a encontrar en el PNV el aliado fiel que encontró el Loiola, antes y después.



Por eso, la Izquierda Abertzale no emancipada y los mediadores internacionales deben ser conscientes de lo extraordinario de la situación. Las palabras de Otegi, publicadas el pasado fin de semana, ayudan a clarificar el escenario. Pero es necesario más ritmo y mayor decisión en los próximos pasos a dar. El balón ahora está en su tejado y, si en breve tiempo la tortuga no corre como un gamo quizá se nos pase el arroz.



Quien no sepa ver ese horizonte, que se vaya a casa. Con Rajoy y los que esperan ver el funeral desde el quicio de la puerta.



El momento es relevante y la oportunidad que se brinda tiene un muñidor que merece ser reconocido. Zorionak Iñigo.