jueves, 6 de octubre de 2011
STEVE JOBS Y LA AUTÉNTICA COMUNICACIÓN
Rollos aparte, muchos líderes de opinión olvidan que cuando comparecen en una rueda de prensa, en un acto público o simplemente ante los medios de comunicación, deben ser capaces de "decir algo" que resulte atractivo para quien quiera escucharlo. La inmediatez, la tiranía de la "actualidad" nos lleva en demasiadas ocasiones a presenciar discursos y relatos aburridos y carentes de espíritu comunicativo.
Sugen así los "pildorazos", los titulares ramplones y las retóricas plagadas de obviedades que nada aportan a la emoción que una buena comunicación debe provocar o incitar.
Nos hemos acostumbrado demasiado a lo previsible, a lo prosaico. Basta contemplar la comparecencia pública de un deportista o de un político – por poner dos ejemplos cotidianos- para percibir, salvedades a un lado, que el mensaje que nos trasmiten es átono y prácticamente lineal.
Escuchamos y vemos una concatenación de tópicos que reducen a la mínima expresión el efecto estimulante que todo mensaje debe tener.
Hablamos y hablamos sin mucho sentido, sin decir gran cosa, como si el simple consumo de las palabras o del lenguaje reportara la satisfacción del objetivo cumplido. Y no.
Contar cosas, relatar historias, sacar fuera mis opiniones íntimas, fue lo que me llevó, hace escasamente un año, a alimentar un blog, este blog. Ni más ni menos
Quien esto sostiene es, en buena parte, culpable de haber contribuido a la banalización de los procesos comunicativos. El “negro” que uno lleva dentro ha dibujado discursos de una ramplonería insolente y de mediocridad superlativa. Eran necesidades del guión y de esa tiranía de la inmediatez y la actualidad anteriormente mencionada.
Pero, frente a tanto aburrimiento expresivo, siempre tenemos la fortuna de encontrar piezas magníficas de discurso, de mensaje, que representan el concepto de comunicación en su total esplendor.
Hoy traigo hasta aquí una de estas joyas. Se trata del discurso pronunciado por Steve Jobs –recientemente fallecido- en la Universidad de Stanford en el año 2005. Son quince minutos de clase magistral. Quince minutos de historias, de relatos maravillosos.
Mi homenaje a este visionario con este texto.
martes, 19 de julio de 2011
BUACHAVAL, QUE FUERTE
viernes, 10 de septiembre de 2010
EL 7%

Mariano Medina era mucho más que un presentador de televisión. Era el oráculo al que ciegamente atendían miles de familias ávidas de conocer si al día siguiente debían proveerse de un paraguas, de un abrigo o de un abanico. Era el “hombre del tiempo”. Un señor serio que impertérrito hablaba igual de milibares que de isobaras, chubascos o anticiclones. La mayoría desconocíamos el significado de aquella jerga científica. Sólo nos interesaba si llovería o no. Y el lenguaje de Mariano Medina, muchas veces, no nos aclaraba demasiado. El lenguaje oral quiero decir, porque el gestual era indescifrable. El hombre era como una esfinge. Era el monumento al “busto parlante”.
Cuenta una leyenda urbana que un buen día y, a sabiendas de que el plano utilizado en televisión sólo encuadraba al locutor de cintura para arriba, y conocida la tendencia del “hombre del tiempo” a la inexpresividad corporal, Pedro Macías –el periodista de referencia del momento en la TVE oficial- y un grupo de compañeros gamberros, le soltaron el cinturón bajándole los pantalones en riguroso directo.
Medina ni frunció el ceño. Ni parpadeó. Siguió, como un poste, con su discurso inescrutable. Era un profesional inmutable, aunque fuera en gayumbos. Nadie -salvo sus cafres compañeros de telediario- se enteró del sucedido. Y nos fuimos a la cama con aquella canción de la familia “telerín” que nos decía que había que “descansar, para que mañana podamos madrugar”.
Fue McLuhan quien afirmara aquello de que “el medio es el mensaje”. Lo que decimos es, sin duda alguna, lo importante. Pero, el cómo se dice, certifica y acentúa la credibilidad o el impacto del contenido expresado. Me lo recordó recientemente un experto en la materia. En un discurso, el 55% de la audiencia retiene las sensaciones de la comunicación no verbal. El 38% el tono del orador y solamente el 7% valora el contenido de lo dicho.
Afirmar que “Euskadi ha salido de la crisis” es un hecho novedoso en clave positiva. Es una buena noticia que debiera generar satisfacción y júbilo en el oyente. Argumentarlo con datos debería servir para reconfortar o ilusionar a la audiencia. No en vano, dar por cerrado un capítulo negativo y de duras consecuencias para miles de personas, debiera alumbrar ilusión y certidumbre. Pero no.
Escuchar los pasados días a Carlos Aguirre, Consejero vasco de Economía, resultó desmoralizador. Es inaudito que al anuncio de una buena noticia genere tal sensación de desánimo. Y no lo es porque el mensaje sea fraudulento o mediatizado. El problema estriba en que el comunicador rezuma una energía negativa que condiciona y lastra todo lo que dice. Así, cuando el Consejero Aguirre anunció, en base a datos del EUSTAT, que “Euskadi ha salido de la crisis” nos sonó a muchos como la formulación de una crónica necrológica o el pronóstico de un infortunio.
Desde dentro del Gobierno López se ha afirmado en repetidas ocasiones que tienen en la comunicación su principal problema. Con la inmensa mayoría de los medios haciéndoles la ola, con un amplio plantel de reconocidos profesionales en nómina, con todo a favor, sigue fallando la comunicación. ¿Será el medio o el mensaje el que falla?.
Cada cual tiene las aptitudes que tiene. Unos son la “alegría de la huerta” y otros – entre los que me incluyo-, tenemos menos capacidades cautivadoras de expresión que Mariano Medina.
Conocí a un tipo, forofo donde los hubiera, que cada vez que el Athletic metía un gol lo celebraba de tal manera que los demás pensábamos que el gol era en propia puerta. Le llamábamos “Tristón” (de “Leoncio León y Tristón”) por su parecido con la hiena animada a la que sonreír le dolía. Hace unos años que le perdí la pista. Me acordé de él cuando el pasado sábado vi las imágenes de la BBC de los encapuchados anunciando la “buena nueva” de “no llevar a cabo acciones armadas ofensivas”. Es posible que, dado el éxito de audiencia alcanzado, en poco tiempo tengamos un segundo capítulo de esta nueva serie televisiva. En el primero, pese a la expectación, su contenido me dejó frío. Confío que en la segunda parte, si la hay, ganemos en interés, aunque los protagonistas sean los mismos bustos parlantes y la escenificación tan rígida como la del antiguo “hombre del tiempo”. Si por el contrario, el contenido es relevante, merecerá la pena prestar atención a la pantalla. Yo soy de los que me quedo con lo que se dice. Soy de los del 7% .
viernes, 12 de febrero de 2010
EL OASIS Y EL PÁJARO UYUYUY
En las últimas semanas-meses han recalado en este vergel paradisíaco ministros y ministras al mogollón. José Blanco presentaba fugazmente en Bilbao una estación del AVE que nadie sabe cuanto cuesta, quien la pagará y cuando se verá culminada. Pérez Rubalcaba nos anunció en Erandio un posible secuestro. Chaves aterrizó en Gasteiz para decir que la transferencia de las políticas activas de empleo llegará con el próximo olentzero. Trinidad Jimenez inauguró junto al lehendakari una empresa vinculada a la investigación farmacéutica. La vicepresidenta De la Vega…no sabemos bien a qué vino, pero se sacó una foto en Ajuria Enea. Sebastián y Garmendia comieron pinchos de diseño en Donostia, en la cumbre europea. Y el último en llegar, como el doctor Zhivago en plena nevada, el Ministro Moratinos, ejerciendo el papel de canciller de política exterior de la Unión Europea.
Fue éste, junto al lehendakari López, quien abonó la imagen bealnearia de Euskadi, reprochando al PP que no actuara en España “con sentido de país”, a diferencia de lo que ocurre en Euskadi. Un oasis en el centro de un avispero de reproches, enfrentamientos y batallas de carácter sucesorio. Nada que no hayamos visto ya en el panorama español y que refuerza el carácter estratégico que este territorio tiene para la coalición normalizadora.
Paulo Coelho describe con precisión en su relato “El alquimista” el valor y el significado de un oasis en el desierto. El agua como fuente de riqueza, la vegetación como valor de asentamiento social y la paz interna como fuente de cohesión frente a la adversidad del medio hostil que lo envuelve. De ahí que relate que cuando las caravanas de comerciantes llegaban al oasis, sus moradores les obligaban a desarmarse con el fin de evitar tentaciones violentas que alteraran el equilibrio del campamento. La ley del desierto decía que un oasis jamás sería atacado. Así había sido durante largos años pero la codicia y la condición humana llevaron a unos forajidos a violentar y romper con la tradición y con el sueño de una la isla tranquila. “Maktub” que diría el escritor brasileño. Está escrito. Es el destino, que señalaría la cultura árabe.
El oasis vasco, tiene un valor político de españolidad constitucional evidente. Así lo constatan sus fundadores en la carta puebla de inicio de legislatura. Su pervivencia, su solvencia como espejismo de una nueva realidad, dependerá del grado de eficacia de los símbolos, de la imagen que consigan trasladar al exterior. Estamos, por lo tanto, ante un objetivo mediático, en el que la política de comunicación se convierte en la pieza clave.
Es la prioridad. Lo más importante. La foto. El encuentro. La sobreactuación. Los ministros. Los premios. Las primeras piedras. Y en tan frenética actividad, llegan los desajustes.
Cartas oficiales que llegan antes a la redacción de un periódico que a su destinatario. Planes anticrisis presuntamente consensuados que se presentan sin que se hayan pactado todavía. Consejeros que pretenden imponer su protocolo en un acto privado y que, a modo de desaire, al no ser correspondido, se borran del evento en el último momento como protesta. Anuncios sonoros con música, pero sin letra. Comunicadores convertidos en “velociredactores” –depredadores de centímetros de periódico-. Cabeceras de diarios que emulan al “Adelantado de Segovia” a la hora de recoger –en exclusividad- los frutos, aunque no estén maduros, del oasis gobernante. Comentaristas que se creen Alan Greenspan y actúan como si lo fueran, sentando cátedra y dando doctrina aquí y allá. Informativos en los que la proximidad desaparece hasta en el mapa del tiempo.
Son las consecuencias del cambio. ¿Del cambio climático?. Quizá también.
Otra consecuencia directa y vinculada a lo anterior es que, con el nuevo oasis, el txori de EITB parece haber mudado. Los nuevos gestores han querido dotarle de atributos y fortalecerle con una potente programación. España, perdón, “Euskadi directo”, el humor deportivo de Oscar Terol. El encanto de Urrusolo.
Sin embargo, las vitaminas no funcionan. Y las audiencias se miden solamente en un dígito. El “Uuuuyyyy” del pasado lunes, solo lo vieron el 8,9% de telespectadores. Y el informativo, en sus cuatro emisiones no ha llegado a la decena en audiencia.
Tanto oasis, tanta imagen, tanto atributo está convirtiendo al txori en el pájaro uyuyuy. Sí, ese que prefiere volar a tocar tierra. Porque cada vez que aterriza, uyuyuy!.
Tiene huevos el asunto.
viernes, 15 de enero de 2010
Pukinuki- Pukinuki

Entiendo que en fechas tan señaladas afloren los buenos deseos y todo el mundo quiera reconciliarse con el listín guardado en su aparato telefónico. Es como si, de repente, hiciésemos borrón y cuenta nueva con los avatares vividos hasta el último minuto y las bajas pasiones dieran paso a la arcadia feliz de una sociedad de ángeles y querubines.
En el pasado, en el boom de “hola soy edu , feliz navidad”, quien esto escribe también ha participado en el colapso radioeléctrico. Como un pazguato común he contribuido al gozo y al negocio de las empresas operadoras de telefonía. Pero son ya dos años los que me declarado “objetor del sms” en Navidad.
Quizá yo también tenga “problemas de comunicación”. No lo dudo. Para evitarlo, me di de alta en “facebook” pero cuando vi que era una lata contestar a tanto amiguito de última hora me rilé. Entre otras cosas porque en la red había tanto pelma, con tanto rollo, que terminé con agujetas en las meninges.
“Las redes sociales –me decían mis asesores- son para asociarte con amigos”. Y yo, cada vez que recibía una petición de amistad, la rechazaba. Así, cuando me di cuenta de que era el único usuario de Faceebock sin amigos y sin intención de tenerlos, me borré del sistema. El “rara avis” se esfumó, sin que nadie se enterara (ni falta que hacía).
Mirarse a si mismo es un síntoma de narcisismo (conocí a un personaje que se llamaba Casimiro Amiano al que todos llamaban el “contorsionista”) y entre narciso o globero, perdón, bloguero, opté por esto último.
Volviendo a lo de los mensajes telefónicos, los he visto de todas las clases. De plantilla (los que ya vienen hechos). Los sosos (“Zorionak eta urte berri on”). Los ocurrentes (“Txori onak eta urte gorrión”). Los imaginativos (“házme una perdida…semental”) y los graciosos (“Nik ere lehenkariaren mesua ikusi nuen etb-1ean. Firmado: Ci-Cerón”).
En este campo, como en todos los generados por la actividad humana, la moda o las costumbres tribales condicionan comportamientos. Así, los frikis constituyen un colectivo que sobresale de la media. Lo culto y lo trivial conviven en un único plano. Lo casposo y el glamour, el sintasol y la cristalería de bohemia, el caviar de beluga y el bocadillo de calamares son combinaciones modernas de un paisanaje de vanguardia que cada día gana más adeptos y más espacio público.
Cualquiera puede ser un friki. Agamenón o su porquero. Todo depende del revestimiento de la impostura o del nivel de protección que sobre su condición personal o pública exista.
Vaya por delante que a mí los frikis me parecen respetabilísimos. Y que admiro ese don que con tanta naturalidad expresan, capaz de esbozar sonrisas contagiosas aún en las condiciones más adversas de severidad y crisis.
Digo todo esto porque he leído un mensaje navideño en un teléfono móvil que me ha despertado de la monotonía. Este año será una caja de sorpresas – Forrest Gump hablaba de las sorpresas de las cajas de bombones-. Una caja, como la de Pandora en la que, cuando menos lo esperemos, insospechados protagonistas se prodigarán en intervenciones insólitas capaces de convertir el drama en comedia.
Veremos entonces que sus problemas no se sustentan en la mala comunicación (problemas de comunicación con el 95% de los medios a favor?) ni en el escaso eco que sus palabras y obras.
El sms en cuestión que ha motivado este comentario, enviado por un conocido y reconocido personaje público, pretendía ser un christma navideño tradicional. Pero su parte final es todo un monumento a la innovación comunicativa: “Felicidades. PUKINUKI- PUKINUKI”.
Toma, toma y toma, que diría el Borja de “Que vida más triste”. ¡Qué nivel Maribel!, que diría yo.
Post: El Obispo Munilla, con báculo y mitra, se apunta “primer” si hacemos un “hit parade” de ocurrencias. Sus declaraciones en relación a la tragedia de Haití prometen emociones fuertes. La normalización no nos va a aburrir. Pukinuki-Pukinuki
viernes, 4 de diciembre de 2009
SOY ANORMAL
Y, sensu contrario, resulta de gran valor explotar los las flaquezas de los adversarios para desterrarlos de la competencia.
De ahí la proliferación de gurús de la comunicación, los gabinetes de ideas, las agencias de creatividad.
Todos a la búsqueda de una marca identificativa, de una frase ingeniosa o de un sello corporativo que haga que nuestro subconsciente asimile inmediatamente un producto con el simple chasquido de un impacto visual o sonoro.
Ejemplos e ideas que mi mente asocia:
.-“Sacatunn que pen que summum que tun...”. Respuesta; Alakrana. Caliente, caliente.
.-“La república independiente de mi casa”: ¿el derecho a decidir?. No. ¿Si vivimos juntos decidimos juntos?. Frío, frío. Ya sé, “aquí no hay quien viva”.
.-“La chispa de la vida”: La Cocacola……… con ron.
.-“Piensa en verde”: La Guardia Civil?.
.-“Un país en marcha”: un programa de Labordeta?. Una macrodiscoteca?
.- “Yes, we can”: Algo de un perro que repetía insistentemente un candidato negro que ahora es presidente y premio nobel de la paz.
No sigo porque me he dado cuenta que con tanto “adoctrinamiento” mis neuronas se han terminado por alterar. Y eso, sin que entre en vigor el proyecto de ley de economía sostenible impulsado por – como diría ETB- el “presidente del gobierno”.
Quizá sea por ahorrar. Será por la crisis, pero los nuevos gestores de la tele vasca, cuando se refieren al cargo de Zapatero omiten el gentilicio. Ya no es Gobierno “español” sino gobierno a secas. Como si no hubiera más y lo de aquí fuera una franquicia provinciana. O, por entendernos, que han dejado al “vasco” del Gobierno como si fuera el segundo apellido.
Cito lo de la Ley de la Economía sostenible porque, de lo conocido por la prensa se desprende que va a ser milagrosa. Por ley se va a decidir el cambio del modelo económico. Abracadabra, donde había ladrillo habrá energías renovables. Cambio de un plumazo. Lo dice la ley. Punto redondo y problema solucionado.
Bueno, no sólo va a sustituir en un pis-pas el modelo productivo, sino que gracias a su publicación en ell Boletín Oficial del Estado va a cambiar hasta el clima. Por ley tendremos la temperatura de Canarias. El proyecto viene a decir que hay que regular las temperaturas en los interiores para ahorrar energía a través del consumo responsable de la calefacción y el aire acondicionado. En verano –según he leído- la temperatura mínima deberá ser 26 grados. Y en invierno 21.
Si no cambian el clima, algunos días de verano nos veremos obligados a poner la calefacción para llegar a los 26 grados. La ley, nos dicen, está para cumplirla (menos el Estatuto). Y en invierno, habrá que comprar jerséis, guantes y bufandas. Ahora bien, con el sello de garantía “ñ”, “Gobierno de España”.
Todo es imagen. Humo. Innovación política.
El último eslogan en boga es el de la “normalidad”. “Normalidad política” ante el cambio de gobierno. “Normalidad democrática” en el Día de las Fuerzas Armadas. “Normalidad constitucional” en la instalación de banderas españolas. “Normalidad institucional” en la celebración de la Constitución. “Normalidad cultural” en la minusvaloración del euskera. “Normalidad” en lo excepcional. Todo un puntazo de creatividad y de ingenio. Algo que no casa demasiado bien con la mentalidad de un “neoandertal evolucionado” como la de quien esto escribe. ¿Será que soy anormal?.
Me miro en el espejo del nuevo régimen y no hay duda. Soy anormal.
Eso que es, ¿bueno o malo?. Es, sin duda, la triste realidad. “la realidad sin cambios”.
Anormal, sí , pero como también dice el eslogan de una multinacional alemana, “yo no soy tonto”.