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miércoles, 20 de julio de 2011

CUANDO ABEL MATÓ A CAÍN

Ezker Batua ha iniciado su refundación. Desde hace un tiempo su denominación ha cambiado. Ahora es Ezker Banatua. Sí, Izquierda Desunida.
No me regocijo con ello. Al contrario. Lamento profundamente la trifulca y el escándalo que tienen dentro. Una pugna fratricida en la que los conceptos ideológicos pasan a un segundo plano y todo se dirime a mamporros.

Antes de nada, quiero decir que  respeto profundamente las decisiones y las vicisitudes de una formación política que es muy libre, por ella misma, de agrupar fuerzas o hacerse el harakiri colectivo. Cada cual, de lo suyo gasta.

Pero, ante el desolador espectáculo que estamos asistiendo los observadores ajenos, dos consideraciones:

Primera, que quienes creímos durante un tiempo en la “progresía buenoide” de una formación que siempre se situaba  del lado de la transparencia política, del “lado de los desfavorecidos” y de la paz mundial,  nos hemos sentido profundamente engañados por la praxis materialista y corrosiva de quienes han buscado el beneficio propio  en lugar de la sintonía programática  en la última negociación política producida en Araba. Una práctica absolutamente deleznable y ruin que ha dado como consecuencia inmediata el gobierno del territorio al Partido Popular.

No puedo olvidar las clases magistrales de “pureza democrática” que durante años ha impartido Javier Madrazo desde su atalaya angelical  de catequesis izquierdista.  Durante años hemos tenido que soportar lecciones morales de quien se reivindicaba paradigma de la templanza y de la castidad política. Redentorismo a un lado y látigo al otro a la hora de aplicar su política.

Servicios públicos en la teoría y gestión privada en la otra. Con un departamento sin funcionarios, plagado de asesores, voluntades  inquebrantables que hicieron y deshicieron a su antojo so pretexto del “cauce central”. Discurso y práctica. Progresía y centralismo dedocrático.

Hoy, sin el manto de la púrpura, los mismos que embelesaron a tantos con un relato inmaculado de camino medio y de templanza, se han visto retratados en su desnudez de seres mortales frágiles y también corruptibles. Cuanta miseria destapada en un instante.  
Y en esta versión de realidad, también debemos – y yo el primero- entonar el “mea culpa”  por haber mirado a otro lado cuando quienes hoy airean sus miserias nos acompañaron en el viaje  de un gobierno que no fue uno sino tres y cuyas responsabilidades no se compartían sino que se aplicaba aquella máxima de “laissez faire, laissez passer”, so pretexto, lo reitero, del “cauce central”.
Por lo tanto, me siento engañado, profundamente molesto por la actitud de quienes han demostrado que su interpretación del servicio público comenzaba y terminaba por conjugar “yo, me, mi, conmigo”.

Y una segunda consideración. No siempre Caín mató a Abel. El canibalismo político distorsiona la imagen de los conflictos internos. En el PNV lo sabemos por experiencia. Hemos vivido secuencias dolorosísimas en las que la imagen exterior que ha trascendido nada tenía que ver con los episodios padecidos dentro la propia casa.
Se ha achacado a enfrentamientos ideológicos como causas de las rupturas, cuando, con la perspectiva del tiempo, se demuestra que fueron más las actitudes particulares las que armaron la confrontación que las ideas propiamente dichas. Por eso  digo que no siempre Caín mató a Abel.
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Nuestra historia reciente ha marcado de cicatrices el corpus de una organización centenaria que, a pesar de las calamidades, ha sabido siempre sobreponerse.
Sin duda alguna los conflictos internos son los que más daño generan. No hay peor cuña que la de la propia madera. Hemos padecido  ataques de Caín y también de Abel y todos ellos me han llevado a creer que de la fragmentación jamás surge la unión.

Ezker Batua está en esa fase autodestructiva en la que no habrá ni vencedores ni vencidos. Todos serán derrotados.
Mikel Arana se ha aprestado a pedir perdón a la sociedad vasca por el escándalo por ellos provocado. Acepto, en lo que me corresponde, sus disculpas.

Madrazo no ha dicho ni pío.  Y quizá sea él quien más tenga que decir.

jueves, 7 de julio de 2011

DEPRESIÓN ALAVESA

Las Juntas Generales de Araba designarán hoy, si las previsiones no fallan, al popular Javier de Andrés como nuevo Diputado General del Territorio. Será el candidato de la primera fuerza política alavesa quien sustituya a Xabier Agirre al frente de la Diputación alavesa. De Andrés conseguirá, gracias a los votos de su partido y del PSE, que el Partido Popular retorne al palacio foral tras el corto plazo –cuatro años- en el que los nacionalistas vascos presidieran la institución alavesa tras sustituir en la misma al también conservador Ramón Rabanera.



El acontecimiento de hoy debe interpretarse desde la normalidad democrática. Es decir, el partido más votado gobierna y reemplaza a una opción cuyas posibilidades de reeditar mandato se esfumaron, primero al no ganar las elecciones y, en segundo lugar, al no alcanzar un acuerdo con los dos junteros de Ezkar Batua que posibilitaban el bastón de mando.

Se finaliza de esta manera el puzzle institucional diseñado tras las elecciones del 22-m. Un puzzle que refleja la pluralidad de un país en el que el PNV gobierna en Bizkaia, Bildu lo hace en Gipuzkoa y el PP en Araba (el PSE preside nominalmente el Gobierno de la Comunidad).

Alguien dirá que nos encontramos ante un escenario político ingobernable, y no lo creo. El pasado demuestra que la disparidad de agentes políticos en las instituciones propicia, entre otras cosas, la prudencia y la coordinación administrativo-institucional. Ya en el pasado existieron diputaciones gobernadas simultáneamente por PNV, EA y Partido Socialista y nada se rompió en la estructura de país. Más bien al contrario.

Por lo tanto, soy optimista en relación a la evolución del comportamiento institucional.

Dicho esto, cabe entrar en la casuística del fracaso obtenido por el PNV en su intento por reeditar mandato en la Diputación alavesa.


El PNV tendrá la tentación de mirar hacia Ezker Batua culpándola de la situación creada. No le faltarán razones para hacerlo pues la organización que Madrazo controla en la sombra ha jugado con una deslealtad y unas artimañas poco evocadoras de lo que la política debe ser en las relaciones sociales.

No diré que EB y sus representantes han engañado al PNV alavés, pero sí se puede afirmar que los “madracistas” han jugado sus cartas como auténticos tahúres ventajistas que en público han escenificado las diferencias en el plano programático pero que en privado su comportamiento y propuestas han seguido el guión del más cutre y reprochable instinto del pesebre. Vamos que los “rojos” han abandonado el “materialismo histórico” por el “materialismo práctico”. Sí, el de las cosas de comer o el la cancelación de créditos.

Así les va y les va a ir.

Pero, más allá del reproche a EB, el PNV alavés debiera hacer otra lectura más autocrítica y vinculada a su propia gestión. Debería analizar qué ha hecho mal, no ya en este proceso negociador, sino en el conjunto de su gestión que desembocó en la no obtención del liderazgo político en las elecciones forales.

Más allá de la autocomplacencia – también en Gipuzkoa hay quien se siente reconfortado de haber sumado 9.000 votos más que en los comicios precedentes sin asumir que el nacionalismo sólo gobierna en cuatro municipios-, el PNV debe asumir el amargo trago de haber perdido su influencia institucional, de quedar relegado a una oposición en la que la Izquierda Abertzale le resopla en el cogote.

La falta de nervio y de músculo como organización política en el territorio, la escasa relevancia y liderazgo en la capital (Vitoria-Gasteiz), solamente anulada por crecimiento de un valor emergente (Gorka Urtaran), la desmotivación de la militancia y ahora el ostracismo institucional (Diputación foral) puede llevar al PNV alavés a una depresión de la que debe salir – si cae- rápidamente. Al PNV de Araba no le queda más remedio que regenerarse. Reinventarse y buscar el espacio de notoriedad que otrora ocupara. Con nuevos actores y formas de hacer. Con equipos cohesionados que establezcan objetivos a corto, medio y largo plazo. Y a corto están las próximas elecciones autonómicas. Unos comicios en los que la metrópoli vitoriana elegirá a 21 de los 25 parlamentarios a los que el territorio tiene derecho.

La pérdida de la Diputación de Araba ha sido una dura caída para el PNV. Una más en la historia reciente. Mal haría éste en lamentarse de su suerte y de las circunstancias que le han llevado a esta situación. Hace cuatro años, una carambola inesperada sonrió a Gerenabarrena y Xabier Agirre fue Diputado General. Pero la fortuna no siempre se encuentra a nuestro lado. Vivir a expensas del azar es un riesgo que un partido político no puede asumir, porque el destino, normalmente, se forja trabajándolo durante tiempo y no en instante de lucidez y pericia.

Por eso, al PNV alavés le toca levantarse y empezar a caminar nuevamente.

miércoles, 6 de julio de 2011

LA CAZUELA DE PATATAS DE EZKER BATUA

Mi padre solía contar que, en la época del hambre, no había ni pan duro ni patata caliente que se resistiera. En una casa con ocho estómagos que alimentar –más los cabeza de familia- , todo era bueno para el convento.
Así, recordaba cómo se agudizaban las habilidades y las papilas gustativas se blindaban , por ejemplo ante el calor, frente a un buen bocado.

“Cuando se comía –recordaba- la abuela acercaba a la mesa una cazuela llena de patatas (en ocasiones peladuras). Cada vástago tenía una cuchara y , una vez bendecida la mesa, se pasaba al ataque de la marmita. Las patatas ardían, te quemaban las entrañas pero nadie protestaba, porque mientras discutías dejabas de comer. Había que introducir la patata en la boca, entonces la mascullabas resoplando para enfriarla y que la boca no se escaldara. En cuanto atemperaba, la tragabas, con el riesgo de quemarte todo el aparato digestivo. Ese era el momento de volver a hundir la cuchara y reiniciar la operación. Así hasta que se terminaba rebañando el puchero”. El hambre lo puede todo, y quien hablaba o se entretenía, se quedaba sin alimento.

Mi tío Miguel, un asceta que terminó como fraile Marista, debía ser de amianto. Cuando nadie podía con el ardor del guiso él ya había trapiñado tres cucharadas. Y los demás, a verlas venir. Quizá su voracidad le condujo al seminario. En la España de entonces, la necesidad y la hambruna generó un milagro de vocaciones y llenó de curas y monjas los conventos. El milagro de los panes y los peces.

Hablando de “peces”, la salida de Ezker Batua del último gobierno Ibarretxe sumió a esta coalición en una profunda crisis que le ha terminado llevando casi a la ruptura interna y a la práctica desaparición de la escena política. Las prácticas clientelistas vinculadas al poder , las purgas de los desafectos, las prácticas cainitas, la falta de coherencia programática y el pretender ser, a la vez, gobierno y oposición condujo a Ezker Batua del cielo gubernamental al infierno extra institucional. “En la calle siempre hace frío,” repetía un buen amigo, y , “en la política , hasta en el verano más caluroso, el frío de la calle es helador”.

El declive de la Izquierda Unida Vasca ha sido tal que su situación financiera sólo conoce, desde hace meses, el color rojo en sus cuentas corrientes. Trabajadores despedidos e impagados, Candidatos sin escaño ni puesto. Hambre, mucha hambre.

Dos de sus últimos electos (as) son la llave de la gobernabilidad en las Juntas Generales de Araba. De su voto depende que el próximo Diputado general del territorio sea del Partido Popular o del PNV. La negociación establecida para salvaguardar la gobernabilidad en el territorio parece estancada. Con la dirección de EB al margen de las conversaciones, y so pretexto de diferencias programáticas –se echa la culpa a la falta de acuerdo en el campo de la fiscalidad y la tributación-, nadie se atreve a predecir a quien respaldarán los dos anhelados votos de las apoderadas de ezkerbatua. Y, entre tanto, la negociación parece convertirse en subasta de lonja de pescado.



Basagoiti no se ha cortado ni un pelo. Sabe de las necesidades primarias de los “progresistas” madracianos. Las conoce porque, quizá en la recocina  haya participado del mercadeo en que se ha convertido esta negociación. En público, Basagoiti ha metido presión a la caldera . "No le veo a EB – ha dicho el presidente del PP de Gürtell- apoyando y pactando con un Ejecutivo salpicado por la corrupción” El compañero de Camps, de “el bigotes”, de Jaume Matas y tantos otros imputados en causas turbias, se ha permitido presentar a EB una alternativa; “o apoyar a la la derecha nacionalista del PNV, o pactar con el radicalismo de Bildu” o por el contrario permitir que gobierne el popular Andrés con su abstención. Y para colmo del despropósito, se ha comprometido a hablar de “muchas cosas, incluso de la fiscalidad”.

El mundo al revés. Los neoliberales dispuestos a hablar de fiscalidad, de recuperar el impuesto de patrimonio, de sucesiones…. Ja, ja , ja. Que me da la risa.

Pero el debate de verdad no está ni ha estado nunca ahí, pese a que los "buenoides" de Ezker Batua hayan querido presentar lo contrario. El debate ha estado en la cazuela de patatas, en las cucharadas que tocarán por cabeza y en la rapidez en las que serán engullidas por una organización - o al menos una parte- que tiene hambre, mucha hambre de poder.

Hoy, para trasladar la responsabilidad a las bases -siempre le toca a la "puta base"  vestir las decisiones incomprensibles de sus dirigentes- harán un referéndum. Democracia participativa para poder justificar que el PP será finalmente quien gobierne en Araba.
La culpa la tendrá el PNV, que no se entera de nada. Y quizá también algún crédito en vena que , según parece, en tiempos de crisis alguien ha concedido a los "izquierdosos" para sanear sus cuentas. Un crédito, sí, en plena crisis financiera.

Es cuestión de principios. Mejor dicho, de patatas. Patatas calientes. Cuidado que nadie se queme el gaznate.